Espiritualidad


Queridos peregrinos:

Aunque no puedo estar en la plaza en estos momentos quiero de algún modo estar presente con algunas palabras. No sin antes pedir al Espiritu Santo, escriba El por mi.
Se que han venido movidos por la Fe en nuestra Santa Madre, a poner bajo la Cruz de Jesús muchas intenciones… dolores, tristezas, y mas… quiero decirles que oro por todos, pidan mucho con fe y confianza en Jesús, y nuestra Madre tan piadosa presentara ante El, todos sus pedidos, confien! es asi! tenemos un Dios muy bueno!… pero, nunca exijan a Dios su necesidad, antes bien pidan como hizo Jesucristo en el Huerto, El al final de su pedido agregó: “pero que no se haga mi voluntad sino la Tuya”, estas son las palabras que es necesario tener siempre presentes en nuestras oraciones y en nuestra vida. La Voluntad de Dios. A veces, por no decir siempre, no comprendemos el por qué de las cosas, por qué aparentemente Dios no nos escucha y esto es porque no pedimos con humildad o no sabemos cómo pedir lo que necesitamos… o pedimos algo y El nos da otra cosa y esto es porque lo pedido no era lo que El consideraba necesario para nosotros y nuestra santificacion, si Dios no da la salud a un enfermo no es porque El no escucho que pediamos la salud, sino porque Dios en su Misericordia y sabiduria infinita considero que no debia darla (quizas nunca, quizas ahora), solo Dios sabe por qué, pero lo amamos y aceptamos Su Voluntad… Hay que entender que Dios es SABIO y JUSTO en la forma de derramar sus Gracias y bendiciones. Dios quiere que nos santifiquemos y conoce el modo en que debe probarnos, sabe lo que necesitamos para ese fin y si somos dociles a Su Voluntad creceremos en virtud. Como dice nuestra Madre: hay que aceptar la Voluntad de Dios aunque parezca injusta. Pedirle al Señor formar con El una sola Voluntad, un solo corazón, solo asi, seremos completamente felices y santos, por que? porque no desearemos nada fuera del mismo Dios, en El hallaremos todos los consuelos, todas las alegrias… decirle: “Jesús, si Vos lo queres, entonces yo lo quiero!”, vivir constantemente en la presencia de Dios, no ofenderlo sino agradarlo en todo…. que mas dicha que vivir en Dios? que el Santo Espiritu habite en nuestra alma?…
Y parte de vivir en la presencia de Dios es no olvidarse de El nunca, todo es menos que ofenderlo, hay tenerlo presente en todo momento, en todo lo que hagamos, pensemos, sintamos, digamos y decidamos durante el dia, no hablando demas y cosas vacias, solo lo justo, que no haya criticas, deseos y pensamientos que ensucien el alma y entristezcan a Jesús, para esto pidamos al Espiritu Santo, solos no somos capaces de nada!… y al irnos a dormir consagrarle el sueño, que en cada latido lo adoremos, nuestro Angel velará nuestro descanso… Pidamos al Espiritu Santo al levantarnos, que nos de sus Dones, que nos infunda la Gracia santificante en el alma para servir a Dios como El es digno, pues es nuestra miseria tan grande, que nada de lo que hagamos por nosotros mismos alcanzaria ni en millones de años para servir a tan Magnifico Dios como El merece, solo con Su Gracia y Su mismo Amor… pero no nos aflijamos, todo parece tan dificil!! pero no lo es! tenemos a una Madre Santa tan Maravillosa!! no nos olvidemos de Maria! Ella es la Maestra de Virtudes por excelencia y la dispensadora de las Gracias de Dios! entonces pidamos a Maria que nos haga santos!
Siendo que tenemos tan Buen Dios en el Cielo, que esperamos para darnos del todo a El?… Nada mas vale la pena. Vivir y morir abrazados a la Cruz de Cristo por Amor a El, el Amor de los amores, debe ser nuestro mayor deseo.
Dios los bendiga, oren por mi y yo orare por ustedes!

Marcia

getsemani

NUESTRA MADRE EN SUS APARICIONES ALREDEDOR DEL MUNDO SIEMPRE HA INSISTIDO EN HACER PENITENCIA Y AYUNO. A CONTINUACION UN TEXTO CON ENSEÑANZAS DE LOS SANTOS PARA AQUELLOS QUE QUIEREN ESCLARECER UN POCO ESTE TEMA.

La enseñanza de Jesús

* Jesucristo nos enseñó una Verdades perennemente actuales: el camino de Cristo es un camino de Cruz; un camino que lleva a sufrir con Él, a corredimir con Él y a resucitar con Él.

El Evangelio nos transmite estas palabras de Jesús:

o El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que la perdiere por mí, la encontrará (Mt. XVI, 25).

o …porque si el grano de trigo que cae en la tierra no muere queda solo; pero si muere, produce mucho fruto(Io. XII, 24).

o Entrad por la puerta estrecha, porque ancha es la puerta y espaciosa la senda que lleva a la perdición, y son muchos los que por ella entran. ¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y qué pocos los que dan con ella! (Matth. VII, 13-14).

* Jesús aceptó libremente la mayor mortificación, la muerte en la Cruz,porque sabía que era su camino para redimir a todos los hombres y cumplir la voluntad de Dios Padre.

Por esa razón le dijo a Simón Pedro, elegido por Cabeza de la Iglesia, cuando intentaba alejarle de los sufrimientos de su Pasión: apártate de mí, Satanás, que me escandalizas, porque no gustas de las cosas de Dios, sino de las cosas de los hombres (Matth. XVI, 23).

* Y Jesús nos enseñó que el Camino de la Cruz es también nuestro camino para cumplir la voluntad de Dios.

— si alguno quiere seguirme, que se niegue a sí mismo, tome su cruz de cada día y me siga (Luc. X, 23).

* Esto explica que la señal del cristiano sea la Santa Cruz.

Las enseñanzas de los Apóstoles

* Los Apóstoles nos recordaron la necesidad de tomar la cruz de Cristo, con su vida—que acabó en el martirio— y su doctrina.

* San Pedro:

— …gozaos al participar de la Pasión de Cristo, para que también exultéis gozosos en la revelación de su gloria (I Petr. IV, 3).

* San Pablo:

— Estoy clavado en la Cruz juntamente con Cristo. Y yo vivo, o más bien, no soy yo quien vive, sino que Cristo vive en mí(Gal. II, 19-20).

— Traemos siempre en nuestro cuerpo por todas partes la mortificación de Jesús, a fin de que la vida de Jesús se manifieste también en nuestros cuerpos (II Cor. IV, 10).

— Si vivís según la carne, moriréis; si con el espíritu mortificáis las obras de la carne, viviréis (Rom. VIII, 13).

— Al presente me gozo de lo que padezco por vosotros, y estoy cumpliendo en mi carne lo que resta que padecer a Cristo, a favor de su Cuerpo, que es la Iglesia (Col. I, 24).

— Los judíos piden señales, y los griegos buscan la sabiduría; pero nosotros predicamos a Cristo crucificado: escándalo para los judíos y necedad para los gentiles (I Cor. I, 22-23).

— Hay muchos que andan, ya os lo decía con frecuencia, y ahora lo digo llorando, como enemigos de la cruz de Cristo: cuyo fin es la perdición, cuyo Dios es el vientre, y la confusión será la gloria de los que gustan de las cosas terrenas (Philip. III, 18-19)

Las enseñanzas de la Iglesia

* La Iglesia ha enseñado siempre la necesidad de vivir la mortificación cristiana.

* La obra de la Redención continúa en la Iglesia, que centra su vida entera en el Santo Sacrificio de la Misa.

* El Concilio Vaticano II enseñó:“

“En los varios géneros de vida y ocupaciones, es una sola la santidad que se cultiva por todos los que obran movidos por el Espíritu de Dios y que, obedeciendo a voz del Padre y adorando a Dios Padre en espíritu y en verdad, siguen a Cristo pobre, humilde y cargado con la cruz, para merecer participar de su gloria”

(Constitución dogmatica Lumen Gentium n. 41).

Las enseñanzas de los santos

* Los santos de ayer y de hoy han enseñado siempre la necesidad de la mortificación para unirse a Cristo.

* Los santos sabían que los pecados de los hombres oprimieron a Humanidad Santísima de Jesucristo, y quisieron expiar por sus propios pecados y por los pecados de los de los demás, uniéndose a su Cruz, por amor, libremente, mediante la mortificación.

La mortificación cristiana puede ser de muchos tipos.

* San Agustín:

“Esa cruz que el Señor nos invita a llevar, para seguirle más deprisa ¿qué significa sino la mortificación?” Epist. 243, 11

* San Gregorio Magno:

“Pasó el tiempo de las persecuciones, pero también nuestra paz tiene un martirio propio: no doblamos ya nuestro cuello bajo el hierro, pero con la espada del espíritu nosotros mismos matamos los deseos carnales de nuestra alma”.

* Santa Brígida:

“Has de saber, hija mía, que mis caudales y tesoros están cercados de espinas, basta determinarse a soportar las primeras punzadas, para que todo se trueque en dulzuras.”

* San Francisco de Borja:

“Para poder sufrir más, Cristo no abrió enseguida su costado. Lo abrió después de morir, para revelar el amor de su corazón, para enseñarnos que el amor no se hace espiritualmente presente antes de la muerte del hombre viejo que vive en nosotros según la carne.”


* Santa Teresa de Jesús:

“El amor de Dios se adquiere resolviéndonos a trabajar y a sufrir por Él”.

* San Juan de la Cruz:

“El amor no consiste en grandes cosas, sino en tener grande desnudez y padecer por el Amado”

El Señor se le apareció con la cruz a cuestas y le dijo: “Juan, pídeme lo que quieras”, El Santo respondió: ” Padecer, Señor, y ser por Vos despreciado”.

* San Francisco de Sales:

“El corazón lleno de amor ama los mandamientos, y cuanto más difíciles son, los encuentra más dulces y agradables, porque complacen más el Amado y le dan más honor.”

“Hay que dejar que rodeen nuestro cerebro las espinas de las dificultades, y dejar traspasar nuestro corazón por la lanza de la contradicción; beber la hiel y tragar el vinagre, ya que eso es lo que Dios quiere”.

“Besad de corazón frecuentemente las cruces que Nuestro Señor mismo pone sobre vuestros hombros; no miréis si son de madera preciosa o perfumada; ellas son más cruz cuanto sean de una madera más vil, abyecta y maloliente”.

* San Luis María Griñón de Monfort:

“En efecto, toda la perfección cristiana consiste:

1. En querer ser santo: “El que quiera venirse conmigo”.

2. En abnegarse: “que reniegue de sí mismo”.

3. En padecer: “que cargue con su cruz”.

4. En obrar: “y me siga” (Amigos de la Cruz)

* Santa Micaela del Santísimo Sacramento:

“Los santos no nacieron santos; llegaron a la santidad después de una larga continuidad de vencimientos propio.”

* Santa Gema Galgani:

“Jesús, Dueño mío… Cuando mi cabeza se acerque a la tuya, hazme sentir el dolor de las espinas que te punzaron. Cuando mi pecho se recline sobre el tuyo, haz que yo sienta la lanzada que te traspasó”.

* San Josemaría Escrivá:

“Si no eres mortificado nunca serás alma de oración”. Camino n. 172.

“Esa palabra acertada, el chiste que no salió de tu boca; la sonrisa amable para quien te molesta; aquel silencio ante la acusación injusta; tu bondadosa conversación con los cargantes y los inoportunos; el pasar por alto cada día, a las personas que conviven contigo, un detalle y otro fastidiosos e impertinentes… Esto, con perseverancia, sí que es sólida mortificación interior”.Camino, n. 173.

“Busca mortificaciones que no mortifiquen a los demás”. Camino, n. 179.

Incomprensiones: la Cruz, “escándalo para los gentiles”

* Desde el siglo I han ido surgiendo ideologías que no comprenden el sentido novedoso de la mortificación cristiana:

o El paganismo. Los cristianos actuales sufren la misma incomprensión que los primeros cristianos, que vivían en un mundo pagano y decadente, donde se daba, igual que ahora, un gran naturalismo libertino. No comprendían el mensaje nuevo y liberador del cristianismo, que ayuda a superar las tendencias del hombre viejo.

o El materialismo marxista del siglo XIX o el ideario consumista del pasado XX.

o Y otras viejas teorías del siglo XVIII y XIX, como el positivismo cientifista.

o Aunque estas doctrinas estén trasnochadas o superadas, siguen vigentes algunos de sus tópicos, asumidos acríticamente por muchos.

Desde los primeros siglos del cristianismo los cristianos han sufrido, de un modo u otro la burla intolerante ante la mortificación cristiana.

— Se conservan inscripciones denigratorias del mundo romano, como el dibujo de un burro crucificado para insultar a los cristianos.

— Esa tradición intolerante y esa falta de respeto ante las creencias religiosas de los demás se perpetúa hoy en algunos medios de comunicación.

El fin de la penitencia no es el sufrimiento, sino el amor y la unión con Cristo.

La mortificación y la penitencia“interior” y “exterior”.

* Los santos han vivido la mortificación que llamaremos interior —sufrir con paciencia y humildad, por amor a Jesús (que también los sufrió), desprecios y humillaciones— y la mortificación que denominamos exterior (ayunos y prácticas de mortificación corporal), recordando siempre que esta mortificación exterior sin la mortificación interior es falsa.

* La mortificación interior reviste miles de formas: millones de cristianos viven abrazados a la Cruz de Cristo, aceptando y amando, en la normalidad de su vida corriente, la Cruz que Dios ha depositado sobre sus hombros:

o padres que ven con dolor como sus hijos son presa de la droga;

o mujeres que cuidan por amor, durante años, a sus hijos imposibilitados o a padres ancianos con enfermedades degenerativas;

o personas que sufren trastornos mentales o físicos muy dolorosos;

o personas que padecen la injusticia o la pobreza, en sus mil formas; que sufren los estragos de la guerra, o del terrorismo, o la desaparición de seres queridos…

La mortificación interior, según los santos

* La mortificación y penitencia más genuina del cristiano es la interior.

* Es el “martirio a alfilerazos” del que hablaba santa Teresa de Liseux: vencimiento en pequeñas cosas de cada día, sufridas por amor a Dios.

* Los santos sitúan la mortificación interior, aceptada o buscada por amor a Cristo, muy por encima de la mortificación corporal exterior (ayunos, uso de cilicios, disciplinas, etc.).

o San Francisco de Sales

“El grado mas perfecto de humildad es complacerse en los menosprecios y humillaciones. Vale mas delante de Dios un menosprecio sufrido pacientemente por su amor, que mil ayunos y mil disciplinas.”

* San Josemaría: ¿qué es penitencia?

“Pídele al Señor que te ayude a fastidiarte por amor suyo; a poner en todo, con naturalidad, el aroma purificador de la mortificación; a gastarte en su servicio sin espectáculo, silenciosamente, como se consume la lamparilla que parpadea junto al Tabernáculo.

Y por si no se te ocurre ahora cómo responder concretamente a los requerimientos divinos que golpean en tu corazón, óyeme bien.

Penitencia es el cumplimiento exacto del horario que te has fijado, aunque el cuerpo se resista o la mente pretenda evadirse con ensueños quiméricos.

Penitencia es levantarse a la hora.

Y también, no dejar para más tarde, sin un motivo justificado, esa tarea que te resulta más difícil o costosa.

La penitencia está en saber compaginar tus obligaciones con Dios, con los demás y contigo mismo, exigiéndote de modo que logres encontrar al tiempo que cada cosa necesita.

Eres penitente cuando te sujetas amorosamente a tu plan de oración, a pesar de que estés rendido, desganado o frío.

Penitencia es tratar siempre con la máxima caridad a los otros, empezando por los tuyos.

Es atender con la mayor delicadeza a los que sufren, a los enfermos, a los que padecen.

Es contestar con paciencia a los cargantes e inoportunos.

Es interrumpir o modificar nuestros programas, cuando las circunstancias –los intereses buenos y justos de los demás, sobre todo– así lo requieran.

La penitencia consiste en soportar con buen humor las mil pequeñas contrariedades de la jornada;

en no abandonar la ocupación, aunque de momento se te haya pasado la ilusión con que la comenzaste;

en comer con agradecimiento lo que nos sirven, sin importunar con caprichos.

Penitencia, para los padres y, en general, para los que tienen una misión de gobierno o educativa, es corregir cuando hay que hacerlo, de acuerdo con la naturaleza del error y con las condiciones del que necesita esa ayuda, por encima de subjetivismos necios y sentimentales.

El espíritu de penitencia lleva a no apegarse desordenadamente a ese boceto monumental de los proyectos futuros, en el que ya hemos previsto cuáles serán nuestros trazos y pinceladas maestras. ¡Qué alegría damos a Dios cuando sabemos renunciar a nuestros garabatos y brochazos de maestrillo, y permitimos que sea El quien añada los rasgos y colores que más le plazcan! (Amigos de Dios).

Las prácticas de la mortificación exterior, de la penitencia corporal.

* Estas prácticas, tan arraigadas en las tradiciones del pueblo cristiano, buscan la unión con Cristo.

* Cuando son auténticas y siguen las normas de prudencia de la Iglesia no son, en modo alguno, un esfuerzo estoico o masoquista, o un soberbio dominio de sí mismo.

* Los fines de la penitencia corporal exterior son los mismos que los del Calvario y de la Misa: Cristo padeció por nosotros, dándonos ejemplo para que sigamos sus pisadas (I Petr. II, 21).

* Algunas practicas de mortificación y penitencia corporal, “exteriores”: penitentes procesionales, peregrinos, uso del cilicio y de las disciplinas, ayuno, etc.

o El pueblo cristiano vive en la actualidad muchas prácticas de mortificación exterior y de muy diversas maneras:

o Salir en procesión penitente durante la Semana Santa.

Es la más popular. Millares de fieles cristianos viven esta mortificación, que consiste en acompañar durante horas, con el rostro cubierto, descalzos, etc., al Señor en los días de su Pasión.

Esta práctica de penitencia -muy enraizada en el sentir popular- se vive con características propias en países como Italia, España, muchas naciones de América y en Filipinas.

En muchos pueblos de Italia, América y España se escenifica la Pasión de cristo en Semana Santa, con el deseo de asociarse a los dolores del Redentor.

*IR EN PEREGRINACION*

Millones de personas han encontrado a Dios por esta vía: caminando, soportando el frío, el polvo, el viento y las incomodidades del viaje.

Así lo han hecho, desde hace muchos siglos —y en la actualidad, con renovado ímpetu— los verdaderos peregrinos del Camino de Santiago, en Galicia.

*AYUNAR*

La Iglesia enseña que se debe ayunar en determinadas circunstancias (Viernes de Cuaresma, Miércoles de Ceniza, Viernes Santo); pero hay muchos cristianos que ayunan en otras ocasiones -por ejemplo, todos los viernes- por amor a Cristo; o se privan de pequeños gustos (tabaco, distracciones, etc.)

Miles de personas observan dietas estrictas, que ayunan para adelgazar o conseguir una buena forma física: pero ése no es el fin del ayuno cristiano.

¿Qué se entiende por ayuno y abstinencia?

Por ayuno se entiende el hecho de consumir sólo una comida al día, sin que quede prohibido el tomar algún alimento en la mañana y por la noche. (La Santa Virgen en sus apariciones pide ayuno miercoles y viernes de 24 hs a pan y agua y en pequeñas cantidades.)

Por abstinencia se entiende el hecho de privarse de comer carne.

Esto también supone que la comida debe ser austera, sin buscar la exquisitez de la calidad o de la cantidad.

¿Quiénes están llamados al ayuno y a la abstinencia?

La Iglesia establece el ayuno para los que hayan cumplido la mayoría de edad y hasta los 59 años. La abstinencia de carne es para los que tienen 14 años en adelante.

A diferencia de la oración, el ayuno no es un fin en sí , sino tan solo un medio. El valor de las privaciones corporales depende de esa penitencia interior, de la cual son la expresión y que sólo Dios conoce.

La práctica del ayuno se encuentra en la mayoría de las religiones de la antigûedad. Se enlaza con la idea general de sacrificio, por la cual el hombre atestigua que reconoce la soberanía de Dios. Todo lo que posee viene de Él. Y debe darle gracias por ello. Se privará con este fin del fruto de su trabajo y llevará al altar las primicias de sus cosechas, o bien inmolará el cordero más hermoso de su rebaño.

Pero de todos los bienes que Dios le ha colmado, el más preciado es el de su propia vida. Es evidente que el hombre no ha de aniquilarla, pero absteniéndose de los alimentos confiesa que Dios es el único dueño de su vida y que él vuelve a ponerla entre sus manos.

El hombre pecador manifiesta sensiblemente el arrepentimiento de sus culpas.

¿Comer y beber? No se tienen ganas de hacerlo cuando se está con pena. Del mismo modo cuando nos percatamos de que nuestros pecados son negativas de amor, debemos estar sinceramente afligidos de haber respondido tan mal a la bondad del Padre que nos habla.

No parece que ningún ayuno fuera instituido por los Apóstoles. Sin embargo, vemos que recurrieron a él en graves circunstancias, como para volverse más dóciles a la acción del Espíritu Santo.

Molestarse por los demás sin que éstos se den cuenta. No estar del todo bien para que ellos estén un poco mejor. Pero eso en el secreto. Que sólo Dios lo sepa. Y tu Padre, que ve en lo secreto, te recompensará.

¿Cuál es el fundamento de todo esto? Una frase de Nuestro Señor nos iluminará: «Mi Padre es el viñador. Todo sarmiento que en Mí no lleve fruto, lo cortará; y todo el que de fruto, lo podará para que de más fruto.»

La mortificación puede aparecer a una mirada superficial como una medida relativa, como un esfuerzo inútil; pero en realidad contribuye al mejoramiento de nuestra vida espiritual.

Extracto del libro “En lo Secreto” de Chevrot

Dormir en el suelo, uso de el cilicio y de las disciplinas, etc.

Estas prácticas forman parte de una tradición de siglos dentro de la la Iglesia. Muchos sacerdotes, religiosos y laicos las viven en la actualidad.

* Los santos han recordado siempre a los cristianos que las usan que deben vivirse con humildad y siempre moderadas en la dirección espiritual.

San Ignacio de Loyola las denominaba “penitencias externas” en sus famosos Ejercicios, nº 87.

Se viven con diversas formulaciones según los diversos carismas de la Iglesia. Estos objetos de mortificación suelen estar a la venta en monasterios.

* De todos modos, no es lo mismo mortificarse, obviamente, por corredimir por Cristo, que por hacer deporte. Desde hace siglos hay cristianos que duermen sobre superficies duras para unirse con la cruz de Cristo. Esto es mortificación, pero no lo es el simple dormir en el suelo, porque para muchos montañeros del mundo constituye un verdadero gozo dormir en el suelo en el monte.

*CILICIO*

Su uso tiene origen bíblico: «cubrirse de cilicio y de ceniza».
Se llama así porque la materia provenía especialmente de Cilicia: un vestido de piel de cabra o de camello que, al contacto con la piel, era un instrumento de penitencia. Parece que fue santa Catalina de Siena la que difundió y comenzó a usar el cilicio en la versión actual, cuyo uso no produce grandes molestias y es llevadero, como confirma la experiencia de siglos, por todo tipo de personas. Un ejemplo entre muchos es el del Canciller de Inglaterra, santo Tomás Moro.

Se pueden contemplar los cilicios que usaron los santos en diversas ciudades del mundo. Por ejemplo, en Ávila (España) se exponen en un museo los instrumentos de mortificación de Santa Teresa de Jesús.

* Afirma el estudioso Louis Gougaud: “Una mirada a las vidas de los santos modernos lleva a afirmar que no estamos en manera alguna ante una mortificación perimée ”(desfasada, superada).

* Mons. Hervás: Manual de dirigentes para cursillistas (Cursillos de Cristiandad)

Tampoco puede omitirse que, mientras sacerdotes y dirigentes seglares dan un Cursillo, están respaldados por las oraciones y sacrificios de una retaguardia orante.

El Seminario Diocesano, las comunidades religiosas, todos los cursillistas con sus familias están haciendo el más importante de los apostolados: el de la oración. Rosarios, viacrucis, días sin fumar ni beber vino, no tomar postre en las comidas, horas de cilicio, ayunos y disciplinas, ratos de silencio en el taller, de trabajo, son garantías de éxito sobrenatural y apostólico para quienes dirigen el Cursillo.

Os podría contar casos verdaderamente edificantes. Niños que se privan del postre, largos viajes a pie…<<

Robert Morlino, obispo norteamericano, escribe acerca de la visión que da acerca del cilicio y las disciplinas el Código da Vinci Fuente: The Catholic Herald Online.

“las insinuaciones de éste libro acerca de los miembros del Opus Dei implicaría en conspiraciones asesinas, etc; es completamente sin ningún mérito. Lo que más me molestó es que el autor se fija de una forma injusta en el uso de ciertos miembros del Opus Dei la penitencia corporal en referencia al flagelo (o disciplinas) (un azote pequeño de cuerdas con que alguién pueda golpearse la espalda para semejar el dolor del sufrimiento de Cristo).

El otro instrumento de penitencia corporal del libro es el “cilice” (cilicio) que también puede ser llamado la “catena” que en latin significa cadena, que se pone alrededor del estómago o la pierna, para que provoque malestia, de nuevo otra forma de recordarnos y compartir el sufrimiento de Cristo. El uso del flagelo no se creó con la idea de sacar sangre ni tampoco el uso de la cadena (o cilicio).

El uso de estas penitencias como las describe el libro de Brown insinuarían un cierto masoquismo estructurado en la espiritualidad del Opus Dei lo cual es indignante. De hecho el uso del flagelo y la cadena no son únicos del Opus Dei. Tienen una tradición extensa en la práctica de la Iglesia y del Opus Dei como muchas otros movimientos o comunidades religiosas que simplemente los adoptaron.

Cuando yo fue novicio Jesuita (1964-1965) nos pidieron que discutierámos el uso del flagelo y la cadena con el Director de los novicios o en forma individual. El no siempre daba permiso para su uso- en la mayoria de los casos sí dio permiso – pero siempre revisando su uso y considerando sus alternativas con cada novicio para que la dinámica de la penitencia se mantuviera de acuerdo a lo establecido y que no hubiera abuso o malentendidos.

Después de los dos años de noviciado yo personalmente usé las disciplinas y el cilicio con alguna frecuencia. La mayoria lo haciamos en esos días”

*DISCIPLINAS*

Los autores espirituales las llaman “disciplinas de devoción”. Como toda mortificación corporal, busca unir el alma con Cristo y dominar la sensualidad, etc.

San Francisco de Sales las recomendó a los laicos como devoción privada en su libro Introducción a la vida devota: “La disciplina encierra eficacia maravillosa para despertar el deseo de la devoción cuando se toma moderadamente”.

San Luis María Grignion de Montfort, escribe en sus Prácticas de perfección cristiana

“Tened mucho cuidado para no admitir en vuestra compañía a estos hombres delicados y sensuales, que se duelen de la menor molestia, que gritan y se quejan por el menor dolor, que jamás han conocido la cadenilla, el cilicio y la disciplina, ni otro instrumento alguno de penitencia, y que unen a sus devociones -aquellas que están de moda- una sensualidad y una inmortificación sumamente encubiertas y refinadas. “

San Marcelino Champagnat. Testimonio de Antonio Thermoz

“Las faltas de gula eran las que menos perdonaba. Consideraba a su cuerpo como a su mayor enemigo, y no dejaba de mortificarlo y de hacerlo sufrir mediante la disciplina y el cilicio.

Toda su vida usó de tales instrumentos de penitencia. (Idem, p. 70, 290-291) “

San Antonio María Claret (Biografía)

Todos los días en la mesa leíamos la vida del Santo;

” y además, con aprobación del Director, tres días a la semana: lunes, miércoles y viernes, tomaba disciplina, y el martes, jueves y sábado me ponía el cilicio. Con estas prácticas de devoción me volvía a enfervorizar, sin aflojar en el estudio, al que me aplicaba cuanto podía, dirigiéndolo siempre con la más pura y recta intención que podía.

El plan de vida que seguía era el siguiente. Todos los años hacia los santos ejercicios espirituales por diez días, cuya práctica he seguido siempre desde que empecé en el Seminario. Cada ocho días me reconciliaba.

Ayunaba los viernes y sábados, y tres días a la semana tomaba disciplina, esto es, el lunes, miércoles y viernes, y otros tres días que eran el martes, el jueves y el sábado me ponía el cilicio.”

Juan Pablo II escribe sobre San Serafín de Montegranaro:

“A las continuas penitencias libremente elegidas, entre las cuales figuraba el uso del cilicio y de la disciplina, unía la práctica diaria de sacrificios y renuncias, mientras que como limosnero recorría senderos polvorientos y soleados, compartiendo las incomodidades de muchos de sus contemporáneos.

Solía frecuentar los estratos menos ricos y más marginados de la población para percibir incluso sus necesidades ocultas, para aliviar sus penas físicas y espirituales. Mostraba la misma disponibilidad hacia cuantos llamaban a la puerta del convento.

Fue gran pacificador de las familias, formulando sabiamente, según las circunstancias, fuertes admoniciones, gestos de solidaridad amorosa y palabras de alentador consuelo.”

El Cura de Ars, siguiendo la tradición de la Iglesia, le recomendaba a un sacerdote que se quejaba de que los feligreses de su pueblo no se acercaban a Dios:

“¿Ha predicado usted? ¿Ha orado? ¿Ha ayunado? ¿Ha tomado disciplinas? ¿Ha dormido sobre duro? Mientras usted no se decida a esto, no tiene derecho a quejarse”.

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Que la Paz del Señor esté contigo!

Querida hermana y hermano en Cristo,
En vísperas de una nueva Semana Santa, no podemos otra cosa que meditar profundamente acerca del misterio que estaremos reviviendo a partir del Jueves Santo. Por ser este un momento tan importante para nuestra alma, ya que por este acto de amor heroico hemos sido salvados, no podemos por lo menos no tomarnos unos minutos en nuestros agitados días y meditar y prepararse si se quiere, para este momento.

En el terrible concierto que se despliega alrededor de nuestro Señor, en ese momento misterioso donde el odio toma formas nunca antes vistas y se manifiesta en las mas terribles ofensas que un ser humano pudiera proferir, en los escarnios sistemáticamente aplicados con la intención de causar el mayor dolor posible, en una violencia desenfrenada como nunca se vio descargada en alguna figura humana.

En medio de ese infernal espectáculo, se da la muestra de suprema valentía, de silencio frente a la ofensa, de inquietante mansedumbre en cada golpe recibido… queridos hermanos “es la Pasión”, es el amor llevado a lo mas alto que pueda llegar, es la locura de Dios por amor a nosotros sus indiferentes hijos que lejos de contemplar y acompañar a este despojo humano, aunque sea movidos por la compasión, nos perdemos en vanidades y problemas mundanos que nada agregan a nuestra vida.

Pobre Señor, su mirada triste y ausente, de a ratos pasea por los rostros enardecidos de la turba, El busca un consuelo, tan solo un llanto de compasión por este ser que ya no parece humano. Sin embargo, rostros de odio por doquier levantan sus manos en puño, ¡muerte! Es lo que gritan, un salivazo y otro mas, empapan su rostro desconocido por los golpes y hematomas… Su mirada vuelve al piso, aturdido por la indiferencia y el desamor.

Sin embargo querido hermano, esa mirada trasciende su momento, escapa de ese terrible instante de tormento y viaja en el tiempo, esa mirada cruza la historia como una daga filosa. Esa mirada llega a nuestros dias, en este tiempo, esa mirada se posa sobre vos. En medio del odio del mundo, en medio de la muerte que ronda como ave de rapiña, en medio de todos esos puños cerrados de un mundo que ha decidido crucificarlo nuevamente, nuestro Buen Jesús, triste y desamparado te mira a los ojos y como en aquel momento busca un poco de compasión en vos. Hermano, nuestro Señor posa su mirada sobre vos y espera una respuesta.
Hemos seleccionado como meditación para comenzar a vivir esta Semana Santa de una forma distinta, un extracto del relato de la Pasión, de acuerdo a las visiones de la mística Luisa Picarreta. Hemos querido compartir ese momento tan particular y poco conocido en el que nuestro Buen Jesús se despide de Su Madre. Tal vez este sea el momento en que comienza el camino al Calvario, ambos saben y sienten lo que se avecina, es un Calvario compartido entre Madre e Hijo.
Esperamos que este texto sea de una gran utilidad a vuestras almas, que los mueva a meditar sobre estos instantes sublimes y nos den luz para responder a esa silenciosa mirada tan inquietante que nuestro Señor sostiene con la nuestra en busca de respuesta.

Que el Señor Jesús los bendiga y María Santísima los guarde bajo Su Manto.

De “Las horas de la Pasión” de Luisa Picarreta.
De las 5 a las 6 de la tarde

Jesús se despide de Su Madre.

PRIMERA HORA
Oh Mamá Celestial, ya se acerca la hora de la separación y yo vengo a ti. Oh Madre, dame tu amor y tus reparaciones, dame tu dolor, pues junto contigo quiero seguir paso a paso al adorado Jesús. Y he aquí que Jesús viene y Tú con el alma rebosante de amor corres a su encuentro, pero al verlo tan pálido y triste, el corazón se te oprime por el dolor, las fuerzas te abandonan y estás a punto de desmayarte a sus pies. Oh dulce Mamá ¿sabes para qué ha venido a ti el adorable Jesús? Ah, ha venido para decirte su último Adiós, para decirte una última palabra y para recibir tu último abrazo…

Oh Mamá, me estrecho a ti con toda la ternura de que es capaz éste mi pobre corazón, para que estrechada y unida a ti pueda yo también recibir los abrazos del adorado Jesús. ¿Me desdeñas acaso Tú? ¿No es más bien un consuelo para tu corazón tener un alma a tu lado y que comparta contigo las penas, los afectos y las reparaciones?

Oh Jesús, en esta Hora tan desgarradora para tu ternísimo corazón qué lección nos das, lección de filial y amorosa obediencia para con tu Madre. ¡Qué dulce armonía la que hay entre María y Tú! ¡Qué suave encanto de amor que sube hasta el Trono del Eterno y se extiende para salvar a todas las criaturas de la tierra!

Oh Celestial Madre mía, ¿sabes lo que quiere de ti el adorado Jesús? No quiere otra cosa sino tu última bendición. Es verdad que de todas las partículas de tu ser no salen sino bendiciones y alabanzas al Creador, pero Jesús al despedirse de ti quiere oír esas dulces palabras: “Te bendigo, oh Hijo”. Y este Te Bendigo apaga en sus oídos todas las blasfemias y desciende dulce y suave a su corazón. Y como para poner una defensa ente todas las ofensas de las criaturas, Jesús quiere de ti tus palabras” Te Bendigo…”. Y yo me uno a ti, oh dulce Mamá, y en las alas de los vientos quiero recorrer el Cielo para pedir al Padre, Al Espíritu Santo y a los ángeles todos un “Te Bendigo” para Jesús, a fin de que, yendo a El, le pueda llevar sus bendiciones. Y aquí en la Tierra quiero ir a todas las criaturas y obtener de cada boca, de cada latido, de cada paso, de cada respiro, de cada mirada, de cada pensamiento, bendiciones y alabanzas a Jesús, y si ninguna me las quiere dar, yo quiero darlas por ellas.
Oh dulce Mamá, después de haber recorrido y girado por todo para pedir a la Sacrosanta Trinidad, a los ángeles, a todas las criaturas, a la luz del sol, al perfume de las flores, a las olas del mar, a cada soplo de viento, a cada llama de fuego, a cada hoja que se mueve, al centellar de las estrellas, a cada movimiento de la naturaleza, un “Te Bendigo” vengo a ti y uno mis bendiciones a las tuyas.

Dulce Mamá, veo que recibes consuelo y alivio y ofreces a Jesús todas mis bendiciones en reparación por todas las blasfemias y maldiciones que recibe de las criaturas. Pero mientras te ofrezco todo, oigo tu voz temblorosa que dice: “Hijo, bendíceme también Tú”. Y yo te digo, oh dulce Jesús mío, bendíceme a mí también al bendecir a tu Madre. Bendice mis pensamientos, mi corazón, mis manos, mis pasos y todas mis obras, y bendiciendo a tu Madre bendice a todas las criaturas.

Oh Madre mía, al ver el rostro del dolorido de Jesús, pálido, acongojado y triste, se despierta en ti el pensamiento de los dolores que dentro de poco habrá de sufrir…

Prevés su rostro cubierto de salivazos y lo bendices; su cabeza traspasada por las espinas, sus ojos vendados, su cuerpo destrozado por los flagelos, sus manos y sus pies atravesados por los clavos, y adonde quiera que El está a pinto de ir Tú lo sigues con tus bendiciones… Y junto contigo yo también lo sigo. Cuando Jesús será golpeado por los flagelos, traspasado por los clavos, golpeado, coronado de espinas, en todo encontrará junto con tu “Te Bendigo”, el mío.

Oh Jesús, oh Madre, os compadezco. Inmenso es vuestro dolor en estos últimos momentos, tan inmenso que parece que el corazón del uno arranque el corazón del otro. Oh Madre, arranca mi corazón de la Tierra y átalo fuerte a Jesús para que estrechado a El pueda tomar parte en tus dolores. Y mientras os estrecháis, os abrazáis, os dirigís las últimas miradas y los últimos besos, estando yo en medio de vuestros dos corazones, pueda yo recibir vuestros últimos besos y vuestros últimos abrazos. ¿No veis que no puedo estar sin Vosotros, a pesar de mis miserias y frialdades? Jesús, Madre mía, tenedme estrechada a Vosotros, dadme vuestro amor, vuestro Querer, saetead mi pobre corazón, estrechadme entre vuestros brazos, y junto contigo, oh dulce Madre, quiero seguir paso a paso al adorado Jesús con la intención de darle consuelo, alivio, amor y reparación por todos.

Oh Jesús, junto con tu Madre te beso el pie izquierdo suplicándote que quieras perdonarme a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos caminado hacia Dios. Beso tu pie derecho pidiéndote me perdones a mí y a todas las criaturas por todas las veces que no hemos seguido la perfección de Tú querías de nosotras. Beso tu mano izquierda pidiéndote nos comuniques tu pureza. Beso tu mano derecha pidiéndote me bendigas todos mis latidos, mis pensamientos, los afectos, para que recibiendo el valor de tu bendición sean todos santificados. Y bendiciéndome a mí bendice también a todas las criaturas y con tu bendición sella la salvación de sus almas.

Oh Jesús, junto con tu Madre te abrazo y besándote el corazón te ruego que pongas en medio de vuestros dos corazones el mío para que se alimente continuamente de vuestros amores, de vuestros dolores, de vuestros mismos afectos y deseos, en suma, de vuestra misma Vida.

Así sea.

Somos tan poca cosa, nada en realidad.
Y sin embargo, ¡cuantas vanidades envuelven nuestro temperamento!

Ya Santa María del Espíritu Santo nos dice en un mensaje del 27 de Diciembre de 1999: “Arrodillaos y pedid que se cumplan mis intenciones. Sed humildes de corazón para no herir a éste Niño que sufrió por vosotros. Dejad de lado el odio y la soberbia…”.

María se preocupa por nosotros porque sabe muy bien que el camino hacia la vanidad se comienza a transitar por la falta de humildad, y cuando decimos humildad nos referimos a la verdadera, a aquella que se practica “de corazòn”, ya que hasta un acto o apariencia en principio con cierto aire de humildad puede convertirse, si no vigilamos nuestro espíritu en un acto cargado de vanidad.

Ahora ¿que se entiende por vanidad?, la palabra vanidad deriva de vano que a su vez significa aquello que carece de importancia en su fin mismo, el fin de la vanidad será un producto evanescente o sea que se desvanecera y carecerà de sentido alguno. Se puede decir que la vanidad, es la búsqueda de un fin que aparentemente aumenta nuestro estatus y apariencia pero que al final no solo que no cumple con su objetivo sinó que deja secuelas muy dolorosas y espiritualmente nos van marchitando el corazón y ensordeciendo a las llamadas de nuestro Buen Jesús, ya que la vanidad aumenta y enriquece la soberbia.

Las mas comunes son las vanidades de nuestro cuerpo, o de nuestra capacidad de ganar o tener exito bajo las reglas del mundo. ¡Y nos inflamos como sapos!. Sentimos que somos mas que los demas, que nos admiran, que quieren ser como nosotros, estar cerca nuestro. Y luchamos para lograr ese cuarto de hora de fama, de aplauso, de reconocimiento. ¡Cuanto somos capaces de hacer y resignar por ese minuto de podio, de escenario!. Nos gustan las luces de los reflectores sobre nosotros, que nos miren, que nos adulen. Titulos, honores, ropas, uniformes, galardones, diplomas, modos de caminar y de pararse, cortes de pelo, nuestro lenguaje. Nombrar amigos influyentes, creerse lo suficientemente importante como para ser la voz y representación de otros, ¡Son todas vanidades!

Tambien hay vanidades que estan mas ocultas, que son mas dificiles de reconocer: ser el mas inteligente, el mas perfecto, el que sabe todo, para regocijo intimo. Aunque a veces nos vemos como gente callada y poco visible, pero orgullosos de ser, interiormente, mas que los demas aun en ese aspecto. Si, somos tan ridiculamente vanidosos que hasta nos envanecemos de ser mas humildes que los demas. ¡Vanidosos de nuestra humildad!. La actuamos, posamos en una actitud de humildad vacia, no sincera.

¿Y como nos corrige el Señor?. El, que ve nuestro corazon, nos revuelca por el fango, nuestro fango, el que mas nos duela. Y trata de enseñarnos a vernos como nada, a convivir con nuestra miseria y aceptarla, a vivir con ella. La leccion siempre es dura, siempre viene como una purificacion que nos marca el rumbo, nos quema las impurezas de nuestro espiritu.

¡Bienvenida la adversidad!. La escuela de Jesus nos enseña a ser como El, los mas pequeños en todo, aun en nuestras mas marcadas virtudes, que las tenemos. Dios nos invita a ser autenticos, sinceros, justos, sea esto lo que sea, duela lo que tenga que doler. Si nos toca ser los ultimos, es Voluntad de Dios. Y si nos toca subir al podio, es por merito y para beneficio de la obra de Dios. Nada es nuestro, nada.

Niegate a ti mismo, y me encontraras, porque solo Yo Soy.

Cristo, el Cristo, es el que como Verdadero Dios y Verdadero Hombre tiene todo el merito, porque es el Salvador. Dios Santo y Trino, Rey de todo merito y de todo fruto de la Creacion.

Aprendamos a hundirnos en nuestra nada, a vivir sabiendo que nada somos, que nada es producto de nosotros. Todo proviene de la Gracia de Dios, de Su Misericordia infinita que nos da cuando nos conviene espiritualmente, y nos quita cuando es tambien para nuestro bien. Las crisis de la vida son maravillosas oportunidades de crecer, porque nos enseñan a aceptar nuestras miserias, a abandonarnos al Unico que es fuente de toda Virtud. Cuanto los golpes nos arrebatan esa seguridad que nos hace como verdaderos pavos reales, gallardos y arrogantes frente al mundo, sepamos que Dios esta tocando nuestra alma y dandonos un amoroso tiron de orejas, una leccion de vida que debemos aprovechar. Y que sepamos seguir adelante sin vergüenza, sin ningun sentimiento de inferioridad frente a los demas, porque de nada sirve andar por la vida pretendiendo o tratando ser algo, ya que nuestro dia sera un Viernes Santo o un Domingo de Pascua, segun sea la Voluntad del Señor.

El Cenáculo te recomienda la siguiente bibliografía: “La Imitación de Cristo” de Santo Tomas de Kempis, allí hallarás entre otras cosas muchos consejos para vencer esa tendencia a ser vanidosos que muchos tenemos.

Que el Señor Jesús te bendiga y María Santísima te cubrabajo Su Manto!

En esta semana tan especial estamos llamados a acompañar a nuestro Señor Jesús, por el doloroso camino que tendrá por final Su muerte en la Cruz. Muerte cruel, que no es otra cosa que la expresión del odio y el egoísmo escondido en el corazón del hombre. Pero muerte también necesaria ya que “el grano debe morir para dar vida”, muerte de Cruz tan violenta y necesaria, por todos aquellos inocentes que sufren en el silencio.

No podemos estar ajenos al sufrimiento de Cristo, ya que hoy ese sufrimiento se ve multiplicado por las injusticias de un mundo que cada vez se aleja mas de la verdad y la justicia.

Esta semana para nosotros debe ser de particular silencio y recogimiento, pero de compañía para Jesús y para María quien como Madre verá cara a cara el sufrimiento de su Hijo. Lejos de ser un tiempo de esparcimiento y vacaciones, esta semana debe ser de meditación y oración. Cristo desde el Monte de los Olivos, comienza su camino al Calvario, sufriendo la persecución y el abandono. Es por eso que no podemos dejarlo solo, El espera vernos ahí, sufriendo con El en el silencio y el sacrificio personal, porque también quiere vernos el dia domingo resucitar con El.

Para poder llevar adelante este camino personal al Calvario, acompañando a nuestro Señor Jesús, queremos compartir con Uds. las oraciones dictadas por nuestra Santísima Virgen y así de esa forma demostrarle a Jesús que no esta solo en el camino doloroso que esta Semana transitará por amor a nosotros:

Oración a las 7 Heridas de María.

“Santa María, por las siete heridas abiertas en tu Corazón, que aún siguen sangrando; intercede ante tu Hijo por nosotros, tus humildes servidores, para que no abramos más heridas en tu Corazón Inmaculado Virgen María.
Amén”.

“Y ahora daros la Paz como hijos de un mismo Padre que sois”
(Mensaje N° 80 – 09/03/00)

Oración por la Pasión de Nuestro Señor Jesús.

(Me enseñó una oración para decir mientras me santiguaba:)

+” Por vuestra corona de espinas, Señor, libradnos de todo mal.
+ Por vuestro costado abierto, Señor, libradnos de todo mal.
+ Por la herida de vuestras manos, Señor, libradnos de todo mal
+ Por la herida de vuestros pies, Señor, libradnos de todo mal
+ Por vuestra muerte y resurrección, Señor, libradnos de todo mal”
Amén.

(Mensaje N° 85 – 20/03/00)

Oración a la Pasión del Señor

“Jesús, que con vuestro Cuerpo y vuestra Sangre redimiste al mundo,
Ayudadnos a que vuestra Pasión no sea en vano para los hijos del Padre”
Amén.

(Mensaje N° 87 – 26/03/00)

Oración de Contrición

“Yo confío en Vos ¡Oh Jesús Mío!
Y al ver yo, vuestros ojos dulces,
de manso cordero, os digo arrepentido;
¡Perdón, perdón, perdonadme!
humildemente os lo digo y confío en vos
jOh Redentor Mío!
Amén”.
(Mensaje N° 108 – 29/05/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (I)

“Oh Jesús Bendito de mi alma,
Te adoro en Esta, La Sagrada Hostia,
Presencia Real de Tu Cuerpo y de Tu Sangre.
Blanca Hostia, Inmaculada Hostia,
Te adoro porque por mí, estás aquí.
Me amas, aún sabiendo que mi corazón está sucio de pecados.
Gracias te doy.
Amén”.

(Mensaje N° 154 -17/08/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (II)

“Os adoro mi Jesús,
Vos que siendo Dios
y muriendo por mí
¡Oh, Cruel muerte la vuestra!
Quisisteis quedarte en esta humilde forma.
Bendito Seáis mi Señor!
Hermoso Corazón que me ama
a pesar de mi gran debilidad de hombre pecador.
¡Yo, Oh Jesús, siento en mi alma
arder el fuego de vuestro Amor.
Jesús, ¡Oh mi Amado y dulce Redentor!
Os amo ahora, y por siempre
os amaré igual.
Amén.

(Mensaje N° 155 -17/08/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (III)

“Jesús Sacramentado.
Sacramento de Amor.
Entrad en mí, y no salgáis nunca de allí,
Aún sabiendo mi condición de pecador.
¡Sé Señor , que mucho os ofendo,
sé Señor cuán herido vuestro Corazón esta por mí!.
Pero ¡Oh Dulce Señor, ignoradlo!
Y abrazad mi alma,
que tanto necesita vuestro consuelo.
os amo, os amo y me abandono
En vuestro Amor tierno y Misericordioso.
¡Oh Sagrada e Inmaculada forma,
os doy gracias!.
Amén.

(Mensaje N° 156 – 17/08/00)

Miércoles Santo. ¿Cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida?

Acompañar a Cristo en su pasión tiene que ser para nosotros un enraizarnos profunda y convencidamente en los aspectos más importantes de nuestra vida. El seguimiento de Cristo es para todos nosotros un atrevernos a clavar la cruz en nuestra existencia, conscientes de que no hay redención sin sacrificio, no hay redención si no hay ofrecimiento.

Quisiera proponerles estar con Cristo en el Pretorio antes de salir a ser crucificado, como nos narra San Juan: “Entonces Pilatos se lo entregó para que fuera crucificado”. Cristo, maniatado, coronado de espinas, flagelado, sentado en un calabozo esperando como tantos otros presos, como tantos miles de prisioneros a lo largo del mundo, el momento en el cual se abra la puerta del calabozo para ir hacia el patíbulo, para ir hacia el cadalso.

Atrevámonos a contemplar a Cristo y veamos cómo, sobre su cuerpo, se ha ido escribiendo como una historia trágica todos los recorridos de su pasión. En su cuerpo están escritos, a través de las huellas, a través de las heridas, a través de los escupitajos, a través de los golpes, a través de la sangre, todos los momentos que le han acontecido. Por nuestra mente pueden pasar como un relámpago las situaciones por las que Él ha querido atravesar. Hagamos nuestra la imagen del Señor listo para ir al Calvario. ¡Cuántos dolores pasó desde el momento de su prendimiento a través de los tribunales y a través de las burlas!

Si nos atenemos simplemente a lo que nos narran los evangelios acerca de los golpes, la flagelación, la corona de espinas, y junto con eso todos los golpes físicos, humillantes y dolorosos, sabremos por qué los evangelistas resumen en una frase el tremendo suplicio de la flagelación…, ¡no hacía falta describir más!: “Pilatos tomó entonces a Jesús y lo mandó azotar”. En el contexto en el que son escritos los evangelios, todos conocían perfectamente lo que significaba la flagelación. Y todo los dolores morales, las humillaciones, las vejaciones, Cristo lo tiene escrito en su cuerpo, lo tiene grabado en su carne, por mí.

A veces los dolores morales son mucho más intensos, mucho más agudos que los dolores físicos. A veces podríamos haber perdido el sentido de lo que es la carencia de todo respeto, la carencia de todo límite, de toda decencia.

¡Cuántas obscenidades, cuántas groserías, cuántas vejaciones habrá escuchado Jesús! Él, de cuya boca jamás salió palabra hiriente, tiene que escuchar toda una serie de insultos y vejaciones sobre Él, sobre su Padre, sobre su familia… ¡Y todo, por mí!

¡Cuántos dolores —en lo espiritual— al verse abandonado por los suyos! ¿Dónde está Pedro?, ¿Dónde está Juan? “Prudentemente lo seguían”. ¿Dónde está Tomás, Andrés, Nathanael y Santiago? ¿Dónde están los que querían hacer llover fuego sobre la ciudad de Samaria por el simple hecho de que no recibían al Maestro?, ¿Dónde están, ahora que el Maestro no sólo no es recibido, sino que es condenado a muerte, abandonado, traicionado?

Traicionado por los suyos, mal interpretado, injuriado, calumniado. ¡Qué doloroso es ver que lo abandonan sus amigos, que es objeto de burlas soeces, que sufre golpes, malos tratos, despojos! ¡Qué heridas le causan en el alma la tristeza, el tedio, el miedo y las vejaciones!

Contemplemos la corona de espinas en la cabeza, la cara abofeteada y escupida y el cuerpo lleno de heridas. ¡Y todo, por mí! Vayamos sobre nosotros mismos y preguntémonos: ¿qué voy a hacer yo? Éste es el cuerpo de Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, ante el cual toda la Iglesia se arrodilla, y ante el cual todos los hombres han pasado por encima del respeto humano y le han ofrecido sus vidas.

Y ¿qué hay en el alma de Cristo? Antes de salir a la cruz, nos podría asustar ver su cuerpo. ¿Qué sentimiento podría surgir en nosotros al ver su alma? ¿Me atrevo a bajar ahí para ver qué hay en ella? Quizá nos podría asustar el ver la soledad y el desamparo en que se debate su alma. En el alma de Cristo está profundamente arraigada la soledad y el abandono.

Apliquemos esto a nuestra vida. Cristo acaba de sufrir todos los suplicios. Cristo está sufriendo el suplicio interior de la soledad y la incomprensión. ¿Qué capacidad tengo yo de acompañar a Cristo en su soledad y en su abandono? ¿Hasta qué punto he comprendido yo a Cristo en su misión? Me podré espantar quizá de que Pedro, Juan, Andrés, Santiago, no hayan comprendido a Cristo. ¿Y yo? Si Cristo estuviese en el calabozo y viese mi alma ¿se sentiría acompañado, se sentiría comprendido?

De cara a mi alma, ¿cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida, por parte, incluso, de los más cercanos?

Debemos ser para los demás testigos de que la soledad del alma es redentora, de que la soledad del alma tiene una capacidad de fecundidad que, quizá muchas veces, nosotros no somos capaces de valorar porque no la hacemos tesoro junto a Cristo. Contemplemos a este Señor nuestro que tanto ha sufrido por nosotros, para aprender también que nosotros podemos sufrir por Él.

Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Porque nuestro verdadero objetivo de vida debe ser la Santidad, tal nos lo ha marcado nuestra Santísima Madre en sus mensajes, es por ello que debemos educarnos en nuestra Fe y en nuestro ser con miras de agradar a nuestro Señor. No es una tarea fácil, pero tenemos muchos ejemplos de santos que nos dicen que es posible. Se debe comenzar por pedir la Gracia a Dios para poder lograrlo y tener el firme propósito de lo que se busca.

Hoy queremos compartirles algunos textos de alta espiritualidad, a fin de que sea de ayuda en nuestro camino por ser santos y para comenzar un tema que debe ser centro de nuestra búsqueda: El abandono de nuestro ser en manos de la Voluntad Divina.

Del libro EL SANTO ABANDONO de Dom Vital Lehodey

1. LA VOLUNTAD DE DIOS, REGLA SUPREMA

Queremos salvar nuestra alma y tender a la perfección de la vida espiritual, es decir, purificarnos de veras, progresar en todas las virtudes, llegar a la unión de amor con Dios, y por este medio transformarnos cada vez más en El; he aquí la única obra a la que hemos consagrado nuestra vida: obra de una grandeza incomparable y de un trabajo casi sin límites; que nos proporciona la libertad, la paz, el gozo, la unción del Espíritu Santo, y exige a su vez sacrificios sin número, una paciente labor de toda la vida. Esta obra gigantesca no seria tan sólo difícil, sino absolutamente imposible si contásemos sólo con nuestras fuerzas, pues es de orden absolutamente sobrenatural.

«Todo lo puedo en Aquel que me conforta»; sin Dios sólo queda la absoluta impotencia, por nosotros nada podemos hacer: ni pensar en el bien, ni desearlo, ni cumplirlo. Y no hablemos de la enmienda de nuestros vicios, de la perfecta adquisición de las virtudes, de la vida de intimidad con Dios que representan un cúmulo enorme de impotencias humanas y de intervenciones divinas. El hombre es, pues, un organismo maravilloso, por cuanto es capaz con la ayuda de Dios de llevar a cabo las obras más santas; pero es a la vez lo más pobre y necesitado que hay, ya que sin e! auxilio divino no puede concebir siquiera el pensamiento de lo bueno. Por dicha nuestra, Dios ha querido salir fiador de nuestra salvación, por lo que jamás podremos bendecirle como se merece, pero no quiere salvarnos sin nosotros y, por consiguiente, debemos unir nuestra acción a la suya con celo tanto mayor cuanto sin El nada podemos.

Nuestra santificación, nuestra salvación misma es, pues, obra de entrambos: para ella se precisan necesariamente la acción de Dios y nuestra cooperación, el acuerdo incesante de la voluntad divina y de la nuestra. El que trabaja con Dios aprovecha a cada instante; quien prescinde de El cae, o se fatiga en estéril agitación. Es, pues, de importancia suma no obrar sino unidos con Dios y esto todos los días y a cada momento, así en nuestras menores acciones como en cualquier circunstancia. porque sin esta íntima colaboración se pierde trabajo y tiempo. ¡Cuántas obras, llenas en apariencia, quedarán vacías por sólo este motivo! Por no haberlas hecho en unión con Dios, a pesar del trabajo que nos costaron, se desvanecerán ante la luz de la eternidad como sueño que se nos va así que despertamos.
Ahora bien, si Dios trabaja con nosotros en nuestra santificación, justo es que El lleve la dirección de la obra: nada se deberá hacer que no sea conforme a sus planes, bajo sus órdenes y a impulsos de su gracia. El es el primer principio y último fin; nosotros hemos nacido para obedecer a sus determinaciones. Nos llama «a la escuela del servicio divino», para ser El nuestro maestro; nos coloca en «el taller del Monasterio», para dirigir allí nuestro trabajo; «nos alista bajo su bandera» para conducirnos El mismo al combate. Al Soberano Dueño pertenece mandar, a la suma sabiduría combinar todas las cosas; la criatura no puede colaborar sino en segundo término con su Creador.

Esta continua dependencia de Dios nos impondrá innumerables actos de abnegación, y no pocas veces tendremos que sacrificar nuestras miras limitadas y nuestros caprichosos deseos con las consiguientes quejas de la naturaleza; mas guardémonos bien de escucharla. ¿Podrá cabemos mayor fortuna que tener por guía la divina sabiduría de Dios, y por ayuda la divina omnipotencia, y ser los socios de Dios en la obra de nuestra salvación; sobre todo si se tiene en cuenta que la empresa realizada en común sólo tiende a nuestro personal provecho? Dios no reclama para sí sino su gloria y hacernos bien, dejándonos todo el beneficio. El perfecciona la naturaleza, nos eleva a una vida superior, nos procura la verdadera dicha de este mundo y la bienaventuranza en germen. ¡Ah, si comprendiéramos los designios de Dios y nuestros verdaderos intereses! Seguro que no tendríamos otro deseo que obedecerle con todo esmero, ni otro temor que no obedecerle lo bastante; le suplicaríamos e insistiríamos para que hiciera su voluntad y no la nuestra. Porque abandonar su sabia y poderosa mano para seguir nuestras pobres luces y vivir a merced de nuestra fantasía, es verdadera locura y supremo infortunio.

Una consideración más nos mostrará «que en temer a Dios y hacer lo que El quiere consiste todo el hombre»; y es que la voluntad divina, tomada en general, constituye la regla suprema del bien, «la única regla de lo justo y lo perfecto»; y que la medida de su cumplimiento es también la medida de nuestro progreso.

«Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». No basta pues, decir: ¡Señor, Señor!, para ser admitido en el reino de los cielos; es necesario hacer la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos. «El que mantiene unida su voluntad a la de Dios, vive y se salva: el que de ella se aparta muere y se pierde». «Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, ven y sígueme». Es decir, haz mejor la voluntad de Dios, añade a la observancia de los preceptos la de los consejos.

Si quieres subir hasta la cumbre de la perfección, cumple la voluntad de Dios cada día más y mejor. Te irás elevando a medida que tu obediencia venga la ser más universal en su objetivo, más exacta en su ejecución, más sobrenatural en sus motivos, más perfecta en las disposiciones de tu voluntad. Consulta los libros santos, pregunta a la vida y a la doctrina de nuestro Señor y verás que no se pide sino la fe que se afirma con las obras, el amor que guarda fielmente la palabra de Dios. Seremos perfectos en la medida que hagamos la voluntad de Dios.

Este punto es de tal importancia que nos ha parecido conveniente apoyarlo con algunas citas autorizadas.

«Toda la pretensión de quien comienza oración-y no se olvide esto, que importa mucho-, ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias puedan hacer que su voluntad se conforme con la de Dios; y, como diré después, en esto consiste toda la mayor perfección que se puede alcanzar en el camino espiritual. No penséis que hay aquí más algarabías, ni cosas no sabidas y entendidas, que en esto consiste todo nuestro bien». La conformidad ha de entenderse aquí en su más alto sentido.

«Cada cual -explica San Francisco de Sales- se forja la perfección a su modo: unos la ponen en la austeridad de los vestidos: otros, en la de los manjares, en la limosna, en la frecuencia de los Sacramentos, en la oración, en una no sé qué contemplación pasiva y supereminente: otros, en aquéllas gracias que se llaman dones gratuitos: y se engañan tomando los efectos por la causa, lo accesorio por lo principal. y con frecuencia la sombra por el cuerpo… En cuanto a mi yo no se ni conozco otra perfección sino amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a nosotros mismos». Y completa el pensamiento en otra parte, cuando dice que «la devoción (o la perfección) sólo añade al fuego de la caridad la llama que la hace pronta, activa y diligente, no sólo en la guarda de los mandamientos de Dios, sino también en la práctica de los consejos e inspiraciones celestiales» . Así como el amor de Dios es la forma más elevada y más perfecta de la virtud, una sumisión perfecta a la voluntad divina es la expresión más sublime y más pura, la flor más exquisita de este amor… Por otra parte, ¿no es evidente que, no existiendo nada tan bueno y tan perfecto como la voluntad de Dios, se llegará a ser más santo y más virtuoso, cuanto más perfectamente nos conformemos con esta voluntad?

Un discípulo de San Alfonso ha resumido su doctrina diciendo que personas que hacen consistir su santidad en practicar muchas penitencias, comuniones, oraciones vocales, viven evidentemente en la ilusión. Todas estas cosas no son buenas sino en cuanto Dios las quiere, de otra suerte, en vez de aceptarlas las detesta, pues tan sólo sirven de medios para unirnos a la voluntad divina.

Tenemos verdadera satisfacción en repetirlo: toda la perfección, toda la santidad consiste en ejecutar lo que Dios quiere de nosotros; en una palabra, la voluntad divina es regla de toda bondad y de toda virtud; por ser santa lo santifica todo. aun las acciones indiferentes, cuando se ejecutan con el fin de agradar a Dios… Si queremos santificación, debemos aplicarnos únicamente a no seguir jamás nuestra propia voluntad, sino siempre la de Dios porque todos los preceptos y todos los consejos divinos se reducen en sustancia a hacer y a sufrir cuanto Dios quiere y como Dios lo quiere. De ahí que toda la perfección se puede resumir y expresar en estos términos: «Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace».

«Toda nuestra perfección -dice San Alfonso- consiste en el amor de nuestro Dios infinitamente amable; y toda la perfección del amor divino consiste a su vez en la unión de nuestra voluntad con la suya… Si deseamos, pues, agradar y complacer al corazón de Dios, tratemos no sólo de conformarnos en todo a su santa voluntad, sino de unificarnos con ella (si así puedo expresarme), de suerte que de dos voluntades no vengamos a formar sino una sola… Los santos jamás se han propuesto otro objeto sino hacer la voluntad de Dios, persuadidos de que en esto consiste toda la perfección de un alma. El Señor llama a David hombre según su corazón, porque este gran rey estaba siempre dispuesto a seguir la voluntad divina; y Maria, la divina Madre, no ha sido la más perfecta entre todos los santos, sino por haber estado de continuo más perfectamente unida a la voluntad de Dios.» Y el Dios de sus amores, Jesús, el Santo por excelencia, el modelo de toda perfección, ¿ha sido jamás otra cosa que el amor y la obediencia personificados?… Por la abnegación que profesa a su Padre y a las almas, sustituye a los holocaustos estériles y se hace la Víctima universal. La voluntad de su Padre le conducirá por toda suerte de sufrimientos y humillaciones, hasta la muerte y muerte de cruz. Jesús lo sabe; pero precisamente para esto bajó del cielo, para cumplir esa voluntad, que a trueque de crucificarle, se convertiría en fuente de vida. Desde su entrada en el mundo declara al Padre que ha puesto su voluntad en medio de su corazón para amarla, y en sus manos para ejecutarla fielmente. Esta amorosa obediencia será su alimento, resumirá su vida oculta, inspirará su vida pública hasta el punto de poder decir: «Yo hago siempre lo que agrada a mi Padre»; y en el momento de la muerte lanzará bien alto su triunfante «Consummatum est»: Padre mío, os he amado hasta el último límite, he terminado mi obra de la Redención, porque he hecho vuestra voluntad, sin omitir un solo ápice.

«Uniformar nuestra voluntad con la de Dios, he ahí la cumbre de la perfección -dice San Alfonso-, a eso debemos aspirar de continuo, ése debe ser el fin de nuestras obras, de todos nuestros deseos, de todas nuestras meditaciones, de nuestros ruegos.» A ejemplo de nuestro amado Jesús, no veamos sino la voluntad de su Padre en todas las cosas; que nuestra única ocupación sea cumplirla con fidelidad siempre creciente e infatigable generosidad y por motivos totalmente sobrenaturales. Este es el medio de seguir a Nuestro Señor a grandes pasos y subir junto a El en la gloria. «Un día fue conducida al cielo en visión la Beata Estefanía Soncino, dominica, donde vio cómo muchos que ella había conocido en vida estaban levantados a la misma jerarquía de los Serafines; y tuvo revelación de que habían sido sublimados a tan alto grado de gloria por la perfecta unión de voluntad con que anduvieron unidos a la de Dios acá en la tierra.»

Mensaje de nuestra Madre,
Santa María del Espiritu Santo

2 de febrero de 2000, a las 17,45 hs. mensaje Nro. 64
CAPILLA DE SAN FRANCISCO

(La Virgen no vino vestida como siempre. Esta vez apareció vestida con un pequeño velo blanco sobre su cabeza que le llegaba hasta debajo de los hombros, su túnica era blanca y llevaba un cinturón dorado, y sobre los hombros llevaba un manto muy largo que era como de oro. Estaba parada sobre una nube y, por encima de su cabeza la aureola la formaba un arco iris muy luminoso que destellaba, largaba unas chispitas blancas y brillantes, y lo mismo hacia desde su corazón ; estaba tan luminosa y radiante que su luz lo cubría todo, y por detrás de Ella salían rayos dorados como si fueran rayos
de sol. Estaba muy hermosa y feliz. Sonreía mucho y dijo :

” Bendigo a todos y os amo . Jamás dejéis de orar el Rosario y de alabar a Nuestro Señor Jesucristo” .

Dios mio!!! ¡qué mensaje tan profundo y bello y que fácil de ponerlo en práctica!

Nos bendice y ama a todos por igual, sin excluir a nadie, no dice a este si y a este no, dice a todos.

Luego, continúa: “Jamás dejéis de orar el Rosario…”

Porque será que insiste con el Rosario? ¿Qué es el Rosario?
y claro, según los pensamientos de San Juan Bosco, Santo Domingo y tantísimos Santos, como así también nuestro muy amado Juan Pablo II ó el P. Luis Rivera, en su librito bellísimo de “Rezad el Rosario” nos dan la pista de lo significa el Rosario y así comprender porque Santa María nos aconseja la devoción a esta oración tan completa.

El Rosario no es un invento del hombre, sino que nos ha venido del cielo para el bien de las almas y a través de Santo Domingo allá por el siglo XIII.

Es el arma más poderosa que vencerá a todos los enemigos de nuestra Santa Fé.

En el ROSARIO puede leer un ciego, cuyos ojos están cerrados a la luz del día, pero abiertos a los misterios de la Fé.

En el ROSARIO puede leer el ignorante que no aprendió las letras humanas, pero que bien puede penetrar los misterios divinos.

En el ROSARIO puede leer el enfermo, a quien la enfermedad tiene clavado en su lecho, imposibilitado de trabajar, pero a quien no impide que pueda elevar a la Reina de los Cielos sus fervientes plegarias.

El ROSARIO es un libro que se puede leer de día y de noche, en plena luz o a oscuras, de rodillas o de pie, sentado o caminando……

El ROSARIO es el libro que debéis consultar en vuestras dudas, es el recetario al cual debéis acudir en vuestras enfermedades espirituales, es una carta que debéis estudiar a menudo, para que en las peligrosas travesías de la vida no deis contra algún escollo.

El ROSARIO es un álbum precioso cuyas hojas están impregnadas de perfumes celestiales, como los pétalos de la rosa…..

El ROSARIO es un volúmen de Cánticos Sagrados en cuyas páginas se entonan las glorias de María.

El ROSARIO es una biblioteca en cuyos tomos se lee, se estudia, se medita, se ilustra uno para estar instruído y versado en las ciencias celestiales.

Si queréis que la paz reine en vuestros hogares, en vuestros corazones, y en vuestra patria, rezad en familia el SANTO ROSARIO.

Es la oración más bella, más rica en gracias, y la más agradable a la Santísima Virgen.

Cada cadena del ROSARIO es como un golpe de la obra bendita y milagrosa que hace brotar el agua de la gracia de la piedra viva que es Cristo.

En el ROSARIO se encuentran los atractivos mas dulces, más eficaces para poder unirse con Dios.

El ROSARIO tiene una eficacia irresistible: las deficiencias de la oración vocal, la suple la meditación de los misterios y viceversa.

El valor insuperable del ROSARIO tiene el siguiente secreto: quien medita sus misterios es imposible que no se mejore y no se enmiende de sus faltas.

El ROSARIO es la cadena de oro que nos ata indisolublemente a la Santísima Virgen.

El ROSARIO es el árbol de la vida que resucita a los muertos, sana a los enfermos y conserva a los sanos.

Así como la respiración es señal de vida, así también rezar frecuentemente el SANTO ROSARIO es señal o de que se vive en gracia de Dios o que pronto se recobrará, porque este poderoso nombre e invocación de Maria, tiene la virtud de alcanzar el favor de Dios.

Alabanzas del Rosario

El Rosario es la salvación de los fieles. – Clemente VIII

El Rosario aplaca la justa indignacóon de Dios. – Gregorio XIV

Entre las devociones aprobadas por la Iglesia ninguna más dulce ni más eficaz que el Santísimo Rosario. – San Antonio María Claret.

Con el Rosario, los enfermos recobrarán la salud o no morirán sin los sacramentos. – San Francisco Javier.

El Rosario, es la reina de las devociones. – Beato Alano

El Rosario es el modo de orar que cede en mayor honra de Dios. – Sixto V

Por el Rosario, los fieles empezaron a enfervorizarse en la oración. – San Pío V

El Rosario es una parte y forma de oración, bellísima acomodada a nuestros tiempos, fácil de practicar y muy fructuosa . – León XIII.

¡Cuántos por el Rosario han salido del pecado!
¡Cuántos han llegado a la santidad!
¡Cuantos han conseguido con una muerte dichosa, la salvación eterna! – San Alfonso de Ligorio.

Los Romanos Pontífices nunca han omitido una ocasión para ensalzar con grandes alabanzas el Rosario, – Benedicto XVI

Juan XXIII, escribió una Encíclica sobre el Rosario, recomendando su rezo. Aseguró que el mismo rezaba las tres partes cada día.

Pablo VI afirma que esta hermosa devoción aviva la Fé cristiana con el recuerdo de los sacrosantos misterios de Cristo y de su Madre.

Leyendo sobre el Rosario encontré este texto del P. Luis Ribera que me pareció importante darlo a conocer y dice así:

“La Carta del Rosario”

El Rosario es como una carta que dirigimos a nuestra Patria del Cielo desde el destierro de esta miserable tierra.

El Padre Nuestro que rezamos contiene lo que pedimos en la carta. En ella pedimos que Dios sea alabado y bendecido que nos dé su gracia en este mundo y después la vida eterna; que sepamos hacer lo que Dios quiere de nosotros tal como se hace en el Cielo.

Pedimos también el alimento de cada día, vestidos con que cubrirnos, vivienda donde habitar, trabajo con que ganarnos honradamente la vida.

Además pedimos que Dios perdone nuestros pecados; que no nos deje caer en las tentaciones, con que nos asaltan el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones; que nos libre de todos los males, del hambre, guerra y demás.

En el Ave María acudimos a una recomendación o aval, para que Dios escuche nuestras plegarias.

A este fin acudimos a la Virgen Santísima, que es la Madre del mismo Dios y al mismo tiempo Madre nuestra. Ella intercede, ruega por nosotros.

¡Que confianza tan grande hemos de tener de ser escuchados!

El Gloria Patri es como el sobrecito, en el cual ponemos la dirección. La carta va dirigida a Dios, a la Santísima Trinidad de la cual hemos de recibir todos los bienes y sobre todo, el mayor de todos los bienes, que es la eterna salvación de nuestras almas.

Dios no se cansa de leer nuestras cartas; escribamos con frecuencia al Cielo y no nos cansemos nosotros de enviar allá la carta del santo Rosario

Hagamos buena letra, o sea, recemos con atención y fervor, y seremos escuchados.

Evitemos las prisas y distracciones voluntarias.

Don de Sabiduría

O sea un gusto especial por todo lo que es espiritual, por todo lo que se refiere a Dios o al bien de las almas.
Este don que nos fue regalado desde el día del bautismo y se va aumentando si lo pedimos rezando, nos hace saborear con simpatía las verdades divinas. Nos hace apreciar los atributos divinos por ejemplo: que Dios es Creador, Redentor, Santificador.
No es un sentimentalismo, sino una convicción.
Nos hace llamar desgracia al pecado, al no cumplir con el deber, a la infidelidad a Dios y no a otras cosas.
Da una experiencia sabrosa de lo sobrenatural. Quita los motivos humanos al obrar. Hace que ya no obremos por ser admirados o porque nos agradezcan o estimen, sino solamente para que Dios quede contento.
Jerarquiza las aficiones: ya no se le da el primer puesto a las aficiones terrenas ni a los gustos del cuerpo sino a lo sobrenatural, a las cualidades del alma.
Esta sabiduría es aquella de la cual dice la Santa Biblia: La Sabiduría vale más que todos los objetos preciosos y nada hay que se la pueda comparar. (Proverbios 8, 11).
El don de sabiduría hace que sea muy agradable rezar. Hace que la persona goce en la oración, y encuentre verdadero gusto en la lectura de buenos libros especialmente en la sagrada Biblia.
Da disgusto por todo lo que sea pecado y egoísmo. Quita la simpatía por lo prohibido por Dios y da una gran antipatía por lo pecaminoso. Por este don los santos preferían mil veces la muerte que cometer un pecado.
Por este don los santos tenían simpatía por Dios, por hacer obras buenas, por humillarse y sacrificarse. Después de saborear con este don lo que es divino y sobrenatural, ya todo lo que es pecado y egoísmo material causa disgusto y asco.

Don de Fortaleza

Es una fuerza especial para realizar lo que Dios quiere de nosotros y para resistir con paciencia y valor las contrariedades de la vida. Seréis revestidos de la fuerza de lo alto -prometió Jesús-. La gente se admira del valor de los mártires, de la paciencia de tantas personas santas, de la constancia de tantos héroes católicos, porque se imaginan que esas fuerzas las sacan de ellos mismos, cuando en realidad toda su fortaleza la reciben del Espíritu Santo.
¿Quién hubiera creído que el cobarde Pedro que negó tres veces a Jesús lo iba después a predicar delante de los tribunales y en las plazas hasta dar su vida por El? Es que recibió el don de fortaleza.
La vida es a ratos tan dura que sin el don de fortaleza no seríamos capaces de aguantarla sin desesperación
Cuántos respetos humanos ayuda a vencer el don de fortaleza! Y cuántos actos de generosidad inspira!
Hay tentaciones tan violentas e inesperadas que si no fuera por una intervención del Espíritu Santo con su don de fortaleza, no podríamos resistir.
Para los enfermos, para los pobres, para los que sufren tentaciones fuertes y para quienes tienen que hacer oficios difíciles, es utilísimo este don para que no se desanimen y cumplan bien su oficio aunque cueste mucho.
Cuántas personas se desanimaron y fracasaron porque no pidieron este don del Espíritu Santo, y las dificultades de la vida los vencieron.

Don de consejo

Hace que al momento de escoger, escojamos lo que más nos conviene: Inspira lo que se debe hacer y lo que se debe decir y como se debe decir. Lo que se debe evitar y lo que se debe callar
Inspira remedios para no pecar: rezar, hacer sacrificios, estar ocupado, leer, etc.
Nos llena de inspiraciones. A veces por medio de una buena lectura el don de consejo nos ilumina que es lo que Dios está esperando de nosotros.
El Santo Cura de Ars era el menos inteligente de los de su curso y sus consejos hacían mayor bien que los sermones de los más doctos predicadores porque había obtenido del Espíritu Santo el don de consejo.
Con este don se cumple lo que Jesús prometió a sus discípulos: El Espíritu Santo os enseñará todo.
Las personas que reciben este don tienen la rara cualidad de encontrar soluciones rápidas para casos urgentes, y guiar a otros para que eviten lo que no les conviene.
Mucha gente de fe pide al Espíritu Santo este don, aún para cosas materiales por ejemplo: si les conviene o no hacer un negocio. Y para cosas de gran importancia por ejemplo: ¿que profesión escoger? que persona será la que le conviene en matrimonio, etc. y el Divino Espíritu viene en su ayuda con iluminaciones que les hacen gran bien.
Oh Espíritu Santo: Amor del Padre y del Hijo: Inspíranos siempre lo que debemos hacer y lo que debemos evitar. Lo que debemos decir y lo que debemos pensar, para procurar tu gloria y el bien de las almas. Amén

Don de Piedad

Es una especie de afecto filial hacia Dios.
Es lo que nos hace sentir un cariño especial por todo lo que tenga relación al culto, a la Palabra de Dios, a los sacramentos, etc.
Las personas que reciben este don sienten un aprecio especial por todo lo que sea oración y meditación.
Tienen hacia Dios un cariño como hacia un Padre amorosísimo, y todo lo que sea por su Reino les llama la atención y lo hacen con gusto.
Este don fue el que concedió a San Francisco Javier, a San Pablo, a San Francisco de Asís y de Sales, tan gran deseo de hacer conocer a Dios por muchas gentes y hacerlo amar por el mayor número posible de personas.
A quien tiene el don de piedad ningún sacrificio le parece demasiado con tal de obtener que otras personas conozcan y amen a Dios.


Don de entendimiento

Es una facilidad para comprender lo que Dios nos dice por medio de su Palabra en la sagrada Biblia o por otros medios.
Podemos pasar años leyendo un pasaje de la sagrada Biblia y no entenderlo. Pero viene el Espíritu Santo con su don y en un momento comprendemos lo que antes nunca habíamos entendido.
Eso les pasó a los apóstoles después de la Resurrección de Jesús. el Espíritu Santo les hizo entender todo lo que Jesús les había enseñado y que antes no comprendían.
Por medio de este don logró San Agustín descubrir tantas maravillosas enseñanzas en la Santa Biblia (que antes no había descubierto aunque leía y leía). Por este don a San Antonio se le hacían cortas las noches que pasaba leyendo la Santa Biblia, porque descubría allí bellezas no imaginadas.

Don de ciencia

Es una facilidad para distinguir entre lo verdadero y lo falso. Muchas personas creen como verdadero lo que es falso y en cambio no aceptan lo que es verdad. Sólo cuando el Espíritu Santo les dé el don de ciencia sabrán distinguir bien la verdad de la mentira y quedarse sólo con la verdad. Esto es importante porque en la actualidad hay gente que enseña muchas falsedades y muchas personas les creen y se dejan engañar.
Este don hace ver el verdadero valor de las riquezas y de los honores, que se acaban tan fácilmente.
Este don ha llenado de religiosos los conventos porque los convence de que lo que más vale no es lo material sino lo espiritual.

Don de temor de Dios

Es un temor cariñoso que nos inspira miedo a ofender a Dios, por ser El un Padre tan generoso y lleno de bondad hacia nosotros, y también porque sabemos que Dios no dejará ni un sólo pecado sin castigo.
Es una repugnancia por alejarse de Dios, es un temor a disgustar al Ser que más amamos. Es un horror a contrariar a nuestro Dios.
Todo, menos que apartarnos de nuestro Dios. Es pues un temor que nace del amor.
Este don era el que hacía estallar en lágrimas a los santos cuando cometían alguna falta. Este don fue el que hizo que el Rey David odiara tanto la falta que había cometido. Este fue el don que obtuvo que Magdalena se apartara para siempre del pecado…

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¿Qué condiciones se necesitan para obtener los dones y gracias del Espíritu Santo?

La Oración: Jesús dijo: El Padre Celestial dará el Espíritu Santo a quienes se lo pidan (San Lucas 15, 13).
Millones de personas en todos los tiempos han experimentado el prodigioso valor de la oración cuando necesitan una iluminación de lo alto, o una fuerza para su voluntad, o una buena dosis de amor espiritual para su corazón desanimado, etc.
Aquí se cumple la promesa del Señor: Todo el que pide, recibe.

Lectura de la Santa Biblia: Muchísimas veces el Espíritu Santo habla al alma por medio de la Santa Biblia. Esta ha sido el medio ordinario que ha usado por siglos y siglos. Es casi imposible leer una página de la Biblia con fe y atención, y no recibir en el alma un importante mensaje del Espíritu Divino.
Por eso que el rato más benéfico del día, después del que se dedica a la oración, es el que dedicamos con paz y humildad a leer una página del Libro Sagrado. Dejar un día sin leer algo de la Santa Biblia es dejar pasar esas 24 horas sin sintonizar lo que el Espíritu Santo nos quiere comunicar.

Evitar el pecado y tratar de vivir en gracia de Dios: San Pablo decía: No contristéis al Espíritu Santo ¿No sabéis que sois templos del Espíritu Santo? ¿Vais a profanar con el pecado el Templo del Gran Dios?
Cada vez que cometemos un pecado echamos el Espíritu Divino de nuestra alma. ¿Y como pretendemos que El obre maravillas en nosotros si le negamos hospedaje en nuestra alma?
Por eso el más grande enemigo de los dones del Espíritu Santo es el pecado aceptado y no odiado.
Hay pecados inesperados, por sorpresa, por momentos de especial debilidad, pero que luego se lloran, se odian, se confiesan, y se hace el propósito serio de no cometerlos más.
Estos no impiden por largo tiempo la intervención del Espíritu Santo. Pero esos pecados, aceptados tranquilamente, que el alma quiere excusar, que no se odian, y cuya ocasión de cometerlos no se evita, esos sí, ponen un obstáculo casi irremediable para que el Santo Espíritu de Dios pueda llegar al alma y santificarla.

Agradecerle sus beneficios: Muchos piensan demasiado en la obra del hombre y muy poco en la obra de Dios. Por ejemplo: reconocer los éxitos que nosotros u otras personas hemos obtenido en virtud, en apostolado, en promover obras en favor de los demás, es algo muy justo. Pero olvidar que es el Espíritu Santo quien nos ha concedido el poder hacer buenas obras, que es el Espíritu Santo quien nos ha inspirado y aconsejado lo bueno que debíamos hacer y quien nos ha hecho posible los éxitos que hemos obtenido: eso sí es ingratitud. Porque ni nosotros ni nadie somos virtuosos o tenemos éxito por nuestro esfuerzo. Lo que obtiene éxitos es la bendición de Dios.

Tener una gran devoción a la Virgen María: San Luis Monfort enseñaba que el gran secreto para que el Espíritu Santo venga a un alma es tener una verdadera devoción a la Santísima Virgen.
Cuenta el Evangelio que apenas María visitó a Isabel, ésta se sintió llena del Espíritu Santo. Y es que María era en verdad un Templo donde moraba el Santo Espíritu de Dios.
Por obra del Espíritu Santo concibió la Santísima Virgen al Redentor del mundo y estando ella reunida con los apóstoles el día de Pentecostés, descendió el Espíritu Santo en forma de lenguas de fuego sobre su cabeza para traer todos los tesoros de sabiduría, fortaleza y amor de Dios.
El Concilio Vaticano II le dió a la Santísima Virgen el bello nombre de SAGRARIO DEL ESPIRITU SANTO. Sagrario es lo que guarda algo precioso para repartirlo a los fieles. La Virgen guarda al Espíritu Santo en su alma para repartirlo a sus devotos.
La historia cuenta cómo todos los grandes santos que eran devotísimos de la Madre de Dios, estaban también plenos de los dones del Espíritu Santo.
Y nosotros experimentaremos también esto mismo: una vez que seamos verdaderos devotos de la Virgen María, sentiremos llenarse nuestra alma de las luces y gracias del Divino Espíritu. Amén.

¿Qué obras hace el Espíritu Santo en las personas?

1. Imparte Luz:
Ilumina. El Espíritu Santo abre el entendimiento del discípulo. Este es un papel esencial en el plan divino de la redención. Los que son del Señor necesitan luz para entender las verdades espirituales. La persona humana no tiene la capacidad del buen entendimiento espiritual sin la iluminación del Espíritu Santo. El día de la Resurrección iba con dos hombres por el camino de Emaús. Los dos no reconocieron a Jesús sino hasta que les “fueron abiertos los ojos”. Y lograron entender la palabra de Dios “cuando les abrió el entendimiento para que comprendieran las Escrituras”. Esto mismo sigue haciendo hoy el Espíritu Santo: sigue abriendo e iluminando nuestro entendimiento para que comprendamos la Palabra del Señor.

2. Da valor para dar testimonio:
Dijo Jesús: Recibiréis el poder del Espíritu Santo que vendrá sobre vosotros y seréis mis testigos hasta el extremo de la tierra. San Pedro decía: Los hombres santos que hablaron de parte de Dios, no hablaron por voluntad humana, sino inspirados por el Espíritu Santo.

3. El Espíritu Santo convence del pecado y da ánimo para combatirlo:
Una de las obras más admirables del Espíritu Santo es el convencernos del pecado y darnos una gran fuerza para combatirlo y evitarlo. La persona puede ser informada, puede ser objeto de prédicas, y puede aceptar mentalmente, pero mientras que este conocimiento no se vuelva algo personal e interno a través de la obra del Espíritu Santo no habrá antipatía ni fuerza suficiente para cambiar la vida. La obra del Espíritu Santo es preparar el corazón del hombre para que reciba la redención que le trajo Jesucristo. Y la primera preparación tiene que ser el arrepentimiento de los pecados. El Espíritu Santo llama la atención de las personas acerca de lo dañino y digno de repudio que es el pecado, sobre todo el pecado de incredulidad, de falta de amor y el egoísmo. El Espíritu Santo no deja en paz el corazón del discípulo que peca. Le inspira la convicción de que es absolutamente necesario liberarse del pecado que lo separa de Dios. Así el Espíritu Santo va guiando a la persona hacia la madurez espiritual. No es que el que recibe el Espíritu Santo ya no peque más. Pero sí buscará siempre esta armonía con Dios, hacer la voluntad de Dios. Y cuando, por debilidad, cae en el pecado, el Espíritu Santo lo ayuda a salir de ese pecado. Ya antes de caer le da fuerza para vencer la tentación. Pero si cae, le anima luego a que busque prontamente la amistad con Dios. No lo dejará tranquilo en su pecado. Lo temible no es una persona que peca, lo temible es una persona que peca y sigue tan tranquila en su pecado.

4. Instruye en la Verdad:
Como maestro y consejero en la vida espiritual, el Espíritu Santo da instrucciones al corazón de quien está atento a su enseñanza. El conocimiento o sabiduría que no puede encontrar en libros o en clases o conferencias, no se puede comparar con las maravillosas verdades que el Espíritu Santo lleva a la mente de quien tiene fe. En un mundo donde hay tantos profetas falsos que proponen como verdades lo que son meros engaños y falsedades ¿dónde podremos encontrar la verdad sin peligro de equivocaciones? Al leer la Santa Biblia, la persona instruída por el Espíritu Santo empieza a tener la capacidad de distinguir entre lo verdadero y lo falso. Es lo que hizo con los primeros Apóstoles: tomar la verdad del Padre Celestial y pasarla a sus discípulos. Cuando el Espíritu Santo vino a los apóstoles les hizo entender todas las verdades que Jesús les había enseñado.

5. Consuela:
Cuando los apóstoles podían estar tristes por la desaparición del Redentor, el Espíritu Santo vino a consolarlos. Y esto hace con nosotros. Hay momentos muy difíciles cuando el hombre piensa que no puede soportar más un dolor, una pena, una desgracia. Es entonces, cuando llega a nuestro lado el “Consolador” y nos ayuda a comprender y aceptar el sufrimiento como parte del plan de Dios. Nos recuerda que todo redunda en bien de los que aman a Dios y que Dios puede sacar bien del mal.

6. Revela secretos:
Del futuro: Cuando Jesús reveló a los discípulos las persecusiones que en el futuro iban a sufrir, esto los preparó a seguir adelante a pesar de todas las dificultades que encontraban. De la misma manera el Espíritu Santo ilumina a las personas las “grandes cosas que Dios tiene preparadas para los que lo aman”". Y esto anima a seguir trabajando por el bien aun cuando en el presente no se vean los resultados. Al anciano Simeón el Espíritu Santo le había revelado que no moriría sin ver al Hijo de Dios, y esto lo animaba a ir todos los días al templo hasta que logró su gran esperanza. A muchas personas les recuerda de manera tan viva y atrayente la gloria que en la eternidad espera a los que aman a Dios y observan sus mandamientos, que este solo recuerdo les lleva a abandonar el pecado y dedicarse por completo a hacer obras buenas.

7. Nos llena de amor de Dios y del prójimo:
El Espíritu Santo, especialmente por medio de la lectura de la Santa Biblia, nos entusiasma de tal manera por Dios, que nos lleva a enamorarnos totalmente de El. Y nos recuerda frecuentemente que el prójimo representa a Cristo, y que todo lo que hacemos a los demás, aunque sea a los más humildes lo hacemos a Jesucristo. Este pensamiento hace que amemos a los demás y los llenemos de favores, aunque no tengan cualidades que nos atraigan.

8. Reparte dones:
La Santa Biblia trae una descripción de los dones que reparte el Espíritu Santo. Estos no son producto de la iniciativa o merecimiento del hombre, sino, dones inmerecidos, dados por el amor de Dios al hombre. Son dados con el propósito de que hagan provecho a todos. Cuando el creyente recibe un don del Espíritu Santo tiene la responsabilidad de usarlo bien. Lo mejor es olvidarse de sí mismo y poner los dones al servicio de los demás. “Hay diversidad de dones pero uno mismo es el Espíritu Santo que los regala. A cada uno se le otorga la manifestación del Espíritu para común utilidad: a unos les es dada por el Espíritu la capacidad de hablar con sabiduría, a otros la capacidad de hablar con ciencia, a otros una gran fe, a otros el don de curar por el mismo Espíritu, a otros el de saber distinguir entre los espíritus verdaderos y los espíritus falsos y a otros el poder de hacer milagros, el don de profetizar mensajes divinos, el don de hablar en diferentes lenguas… todas estas cosas las obra el único y mismo Espíritu que distribuye a cada uno según quiere (lCorintios 12).

9. ¿Cómo se conoce que el Espíritu Santo mora en una persona?
Hay tres características que demuestran que el Espíritu Santo mora en una persona: l. La señal más sobresaliente de que el Espíritu Santo vive en una persona es que ama mucho a Dios y al prójimo. Dice la Santa Biblia: Dios ha llenado nuestro corazón con su amor, por medio del Espíritu Santo que nos ha dado. El que ama es de Dios. El que no ama no es de Dios. Dios es amor y el que vive en el amor vive en Dios y Dios vive en él. El que tiene al Espíritu Santo en su alma imita a Jesús que ama a su Padre Celestial sobre todas las cosas y nos ama a nosotros como se ama a sí mismo. La segunda señal son ciertos frutos que se manifiestan en su personalidad. Dice el Libro Santo: “Los frutos del Espíritu Santo son: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fe, mansedumbre, templanza. En la vida de la persona que está poseída por el Espíritu Santo, se notan pronto todas estas cualidades. La tercera cualidad es un cambio total de vida: Una Conversión. La persona que posee al Espíritu Santo es una persona totalmente cambiada, transformada. Se conoce que su vida tiene un rumbo: Dios, la eternidad. En sus palabras y en su modo de ser se trasluce que su meta es algo superior a los deseos materiales, que sus deseos y anhelos no son poseer riquezas, honres o placeres, sino ser amigo de Dios y hacer el bien a los demás. Las cosas materiales y pasajeras que antes de convertirse le atraían tanto, ahora ya no le interesan ni la mitad, pero por lo eterno, lo espiritual, sí le emociona y le agrada. Se deleita en llevar a cabo las tareas diarias, aunque sean rutinarias y cansinas, porque sabe que ellas son el camino para llegar a la posesión de las realidades eternas. Su amor a Dios y al prójimo y su dinamismo que le hace trabajar y desgastarse por su religión y sus hermanos se transmite a otros y contagia de fervor y entusiasmo a los que lo rodean. Así por su intermedio otros encuentran verdadero significado a sus vidas. Quiera Dios que así sea.

10. Como narra la Santa Biblia la venida del Espíritu Santo?
“Cuando llegó el día de Pentecostés, estaban todos reunidos en el mismo sitio y de repente vino del cielo un gran ruido semejante a un viento fuerte, que llenó toda la casa donde se encontraban. Y vieron aparecer lenguas como de fuego, que se dividían y se posaban sobre cada uno de ellos. Todos fueron colmados del Espíritu Santo y comenzaron a hablar en otros idiomas, según el Espíritu les concedía expresarse. Había entonces en Jerusalén israelitas piadosos, procedentes de todos los pueblos de la tierra. Al oír aquel ruido, se congregó la multitud y quedó asombrada, pues cada uno les oía hablar en su propio idioma. Atónitos y maravillados se preguntaban: Pero, ¿no son galileos estos que están hablando? ¿cómo pues, cada uno de nosotros los oímos hablar en nuestra lengua nativa? ¿qué podrá ser todo esto? Pero otros se burlaban diciendo: Han bebido demasiado vino. Entonces Pedro se puso de pie con los once y habló en voz alta: Hombre de Judea y habitantes todos de Jerusalén, comprended bien esto: prestad atención a mis palabras. Estos hombres no están embriagados como suponéis, pues apenas son las nueve de la mañana. Esto es lo que anunció el Profeta Joel: En los últimos tiempos, dice Dios, derramaré mi Espíritu en los hombres, profetizarán vuestros hijos e hijas.”

11. ¿cuáles son los tres prodigios que el Espíritu Santo obra en las personas?
El Papa San Gregorio, en nombre de la Iglesia Católica, enseña que el Espíritu Santo obra en las almas de sus devotos tres grandes prodigios: l. En el entendimiento. 2. En el corazón y 3. en la voluntad. Llega al cerebro y lo convierte en luz. O sea, ilumina el entendimiento, nos llena de inteligencia para comprender las cosas espirituales. Los Apóstoles eran gente ignorante y cuando recibieron el Espíritu Santo se volvieron tan instruidos que la gente se admiraba de oírlos hablar. Ellos no apreciaban el valor de lo que Jesús enseñaba, pero cuando vino el Espíritu Santo, apreciaron los tesoros que había en la enseñanza del Señor. Tenemos un criterio tan pequeño… y necesitamos una luz del cielo que nos ilumine para conocer lo que conviene y lo que debemos hacer. Miles de personas se quedan admiradas de las ideas preciosas que el Espíritu Santo les regala. Y cada día habrá miles y miles de inteligencias iluminadas con luces maravillosas de este Santo Espíritu, que no se cansa jamás de ilustrar la inteligencia de los que lo invocan.
Llega al corazón y lo llena de amor verdadero. Los apóstoles eran duros de corazón. Pedro orgulloso. Santiago y Juan buscaban los primeros puestos y pedían fuego del cielo para los que no los trataban bien… pero después de recibir al Espíritu Santo ya no piensan en su propio egoísmo sino en hacer el bien a los demás. La característica de los que son asistidos por el Espíritu Santo es un gran amor de Dios y de su prójimo en su corazón.
Llega a la voluntad y la vuelve muy fuerte. Los apóstoles eran cobardes, todos huyeron la noche del Jueves Santo y uno lo negó tres veces. Pero después de recibir el Espíritu Santo en Pentecostés, ya no tienen miedo a ninguna persecución, y cuando los llevan ante el Senado para azotarlos van muy contentos por tener el honor de sufrir por el nombre de Jesús.
Cuantos cristianos experimentan hoy día este admirable favor. Antes no eran capaces de resistir a una tentación, ni podían abandonar un vicio o soportar sin quejarse una pena o un fracaso. E hicieron la experiencia de llamar en su apoyo al Espíritu Santo y su victoria no se hizo esperar; ahora miran su nueva vida y exclaman: que grandes victorias obtiene el que cree en el poder de Dios! No habrá época de la vida sin combate, pero si el Espíritu Santo está con nosotros, nada podrá hacernos echar pie atrás en la lucha por conservarnos amigos de Dios y buenos para con todos, sufriéndolo todo con paciencia pero tratando de no hacer sufrir a los demás. A veces el Espíritu Santo hace una una “lucecita” suya lo que nosotros no habíamos logrado con diez años de lucha (Santa Teresa).

12. Lo importante para San Pablo:

Lo primero que San Pablo pregunta a los de Efeso es, ¿Habéis recibido el Espíritu Santo? Le parecía esto tan supremamente importante. Desafortunadamente ellos, tuvieron que responderle: “Ni siquiera sabíamos que había Espíritu Santo”.

13. Un mandato para predicadores y catequistas:
El Papa León XIII decía: Los cristianos aunque a veces invocan al Espíritu Santo, tienen un conocimiento muy pobre de El. Por eso los predicadores y catequistas deben hablar más frecuentemente acerca del Divino Espíritu, con palabras sencillas, pero tratando de entusiasmar a los fieles por esta gran devoción.

14. Para los que desean comprender la Sagrada Escritura:
Lees una página de la Biblia y de pronto una luz te hace comprender aquello que allí se dice y sacar de ahí principios de vida y conversión. ¿de dónde proviene eso? ¿de tu inteligencia? No. Es el don de Entendimiento que el Espíritu Santo te regala. Cuando nosotros le hacemos a Dios esta petición: Señor ¿qué quieres que haga? El Espíritu Santo nos responde con el Don de Consejo que nos libra de obrar con precipitación y con presunción. Cuando consultamos a Dios en oración, el Divino Espíritu nos guía para que se cumpla en nuestra vida lo que Jesús afirmaba de sí mismo: “Hago siempre lo que agrada a mi Padre”. En esto consiste la verdadera prudencia.

15. Un Don que emociona:
El Espíritu Santo reparte a manos llenas el Don Piedad a todos los que se lo piden con fe. Este Don era el que hacía que Santa Teresa llorara de emoción al rezar el Padrenuestro y que San Francisco se quedara extasiado mirando al cielo y exclamando: “El amor no es amado”.
Oh Espíritu Santo danos el don de Piedad que nos lleve a amar a nuestro Dios y a nuestro prójimo como a verdaderos cristianos.

16. Un párrafo famoso:

Hay una frase famosa del Papa San Gregorio: “Prodigioso el poder del Espíritu Santo: El hace de un pastor un profeta (David), de un buscador de asnos un líder (Saúl), de un jovencito un juez de ancianos (Daniel), de un pescador un predicador y Jefe de la Iglesia, de un publicano, un evangelista y de un perseguidor, el más grande apóstol de los gentiles”.

17. Lo que decía un gran Orador:
San Juan Crisóstomo, el más célebre predicador de la antigüedad, tiene este bello párrafo del Divino Paráclito: “Muchos dones nos ha enviado Jesucristo desde el cielo, pero ninguno semejante al que nos envió el día de Pentecostés” Y lo más consolador es que este don sigue siendo enviado cada día a la tierra. Nosotros enviamos al cielo nuestra oración y nuestra fe y Jesucristo nos responde enviándonos al Espíritu Santo y sus dones.

18. Si El no lo hace nadie lo logra:

San Gregorio Papa, afirmó lo siguiente: “La sola palabra humana no convence. Por eso tienes que llamar en tu ayuda al Divino Paráclito siempre que te dediques a hablar de religión. Y tú cristiano, recuerda con que cuidados purificas y arreglas tu casa cuando va a venir un gran personaje. Y ya que recibes al Espíritu Santo ¿por qué no purificas mejor tu alma? ¿por qué no la adornas mejor con virtudes? ¿crees que a El le satisface morar en una habitación oscura y sin arte alguno? “Vendremos a él y haremos en él nuestra morada” es una frase que se ha hecho para tí. Pero no logrará tener morada permanente en tu alma si apenas llega la tentación vuelves a caer y te deleitas más en lo material que en lo espiritual”.

19. Regalos que se pierden por no agradecerlos:

Es necesario agradecer frecuentemente al Espíritu Santo los dones que nos regala. Muchos dones se pierden por no haberlos agradecido. Recordemos que entre los regalos más preciosos del Divino Espíritu están la caridad, la bondad, la amabilidad y la benignidad. “Cuánto adelantaríamos en santidad y en simpatía si lo pidiéramos más al Espíritu Santo y si fuéramos más agradecidos con El cuando nos lo proporciona. (Pablo VI,1976).

20. Las maravillosas respuestas de un Santo:

San Juan Bosco cuando tenía que dar una respuesta importante, se recogía un momento y rezaba al Espíritu Santo, porque recordaba aquella frase de la Biblia;: “Si alguno desea sabiduría pídala a Dios, que la da muy generosamente a quienes la piden sin dudar” Y las respuestas que Don Bosco daba eran admirables.

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LOS FRUTOS DEL ESPÍRITU SANTO

1. Caridad.

2. Gozo.

3. Paz.

4. Paciencia.

5. Longanimidad.

6. Bondad.

7. Benignidad.

8. Mansedumbre.

9. Fe.

10. Modestia.

11. Continencia.

12. Castidad.

FALTAS CONTRA EL ESPÍRITU SANTO

1. Desesperar de la misericordia de Dios.

2. Presunción de salvarse sin ningún mérito.

3. La impugnación de la verdad conocida.

4. La envidia de los bienes espirituales del prójimo.

5. La obstinación en el pecado.

6. La impenitencia final.

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Oración corta al Espíritu Santo

Sopla sobre mí, Espíritu Santo,
para que todos mis pensamientos sean santos.

Actúa en mi, Espíritu Santo,
para que también mi trabajo sea santo.

Induce mi corazón, Espíritu Santo,
para que ame solamente a aquello que es santo.

Fortaléceme, Espíritu Santo,
para defender todo lo que es santo.

Guárdame, Espíritu Santo,
para que yo siempre sea santo.

Aquí una hermosa oración para esos momentos de perturbación interior.

¡Oh María, tierna Madre y Pastora mía!, en las perturbaciones interiores, en las angustias, dudas y perplejidades, que desgarran mi corazón y ofuscan mi mente, merced a las sombras que proyecta en mí la presencia del lobo infernal que me acecha, socórreme, prodígame tu luz y protección y tus gracias de predilección, divina Pastora mía; fortalece mi fe y alienta mi esperanza, comprometidas a causa de la dolorosa influencia que padezco. Ahora que me encuentro rodeada de espinos, envuelta en nubes y sombras, y arrollada por la furiosa tempestad que la Justicia eterna suscita en mi alma, sé tú mi luz, mi brújula, y condúceme a mi Dios, como piloto que rige la nave por las olas tempestuosas del agitado mar de mi vida. No me dejes, Madre mía, no me desampares, que pereceré sin remedio, si me falta tu protección.
A la sombra de la Cruz estoy segura. María por mí combate; el infierno está vencido.

R. M. Angeles Sorazu