Nos llego al email del cenáculo el siguiente testimonio, nos parecio interesante compartirlo, por eso, pedimos permiso a su autora para publicarlo en el Blog.

Mis queridos hermanos:

Ayer he vivido una experiencia maravillosa que siento el compromiso de contarles.

Supe por Santiago que la Virgen María aparecía en Lanús; entonces visité la Web y leí que daría un Mensaje el 7 de noviembre a las 19 hs. en la plaza del pulmón ecológico que la Virgen dio en llamar “Lugar de encuentro con Dios”.

Consulté a Sofía y Hugo a quienes vi en la semana, si sabían sobre esta advocación llamada “Esposa del Espíritu Santo” y me dijeron que sí, que habían estado inclusive en el Cenáculo de Marcia que es quien recibe los Mensajes.

Sorprendida porque nunca me había enterado de nada, hablé con Roberto quien me contó los motivos y además, con lujo de detalles su experiencia al presenciar la Aparición del año pasado para la misma fecha, donde la virgen también había sido vista por una niña.

Todo esto motivó aun más mis deseos de estar en ese lugar y cuando parecía imposible que yo fuera un cambio de planes en mi trabajo gracias a Ricardo, hizo que yo pudiera llegar a tiempo para escuchar el Mensaje.

Como yo no podía estar ahí a las 17 hs. para rezar el Rosario como pidíó la Virgen, fui rezando los Misterios Gloriosos y leyendo las meditaciones del Fr. Royo Marín en el colectivo 37 que terminé justo cuando llegué a Lanús.

Recuerdo que cuando pasé por el Sagrado Corazón de la Av. Velez Sarsfield pedí por los que viajaban en el bondi conmigo y que no tenian la suerte de ir al mismo lugar que yo y me alegró mucho ver como muchos de ellos se persignaron…

Luego que cruzé caminando el tunel de la estación que separa el oeste del este de Lanús, sentí una atmósfera distinta y la nube luminosa del cielo que me sorprendió en el colectivo (no entendía porque estaba en el este y no en el oeste) me seguía guiando en el camino a pie, como mi estrella de Belén, hacia el lugar de destino. La verdad que por más que quería apurar el paso, me era imposible porque una masa de aire pesada me lo impedía.

Yo no entendia esa fatiga porque eran pocas cuadras y venía tomando una botella de agua fría que compré para tener monedas para el colectivo.

Al fin vi un tumulto de gente en medio de una plaza que cortaba el camino y supuse que era el lugar. Faltaban solo 5 minutos para el Mensaje anunciado y unas señoras se iban del lugar diciendo que no había nada, que eran todas mentiras…

Decidí no tratar deconvencerlas de lo contrario porque yo llegaría tarde y cuando llegué a la ultima fila de gente, todos se arrodillaron haciendo absoluto silencio.

Yo me arrodillo también y al juntar mis manos en oración, inclino mi cabeza y veo que mi reloj marca las 7 p.m. en punto.
Suena mi celular y le digo a mi madre que no la puedo atender porque estoy presenciando una Aparicion de la Virgen en Lanús. (Supuse que pensó que su hija estaba loca, cosa que puede comprobar después).

Ahi el Sr de mi derecha me dice que Marcia está en extasis y anota el mensaje. Cosa que yo no podía ver porque dademás no la conocía.

Cuando termina, ella misma lo lee por micrófono dos veces y luego dice unas pocas palabras resumiendo lo que la Madre nos quiere decir.

Cuando nos ponemos de pie una leve brisa cae sobre nosotros y pienso que es el Espíritu Santo.

La nube que me acompañaba en el camino estaba sobre nuestras coronillas y se habia abierto formando un redondel celeste y claro bordeado por una corona de nubes blancas.

El resto del cielo se fue encapotando y oscureciendo rapidamente y cuando comenzó a llover, se cerró lo que para mi era: la Puerta del Cielo.

Luego un muchacho puso en alto una Cruz besada por la Virgen que estaba en una cajita de madera con vidrio, para que todos formando fila,la besáramos. Fue cuando comenzó a llover y todos abrimos los paraguas.

La gente estaba muy feliz aplaudiendo y vivando a la Madre que con su Misericordia nos daba nuevas Gracias.
Los miembros del Cenáculo repartían pétalos de flores, estampas artesanales con los mensajes impresos, medallitas y Coronillas del Espiritu Santo, todos bendecidos por la Virgen durante su Aparición.
No había alcancías para limosnas, solo para dejar peticiones.

La gente comentaba que durante la aparición, antes del mensaje, había dulces fragancias y que el sol se movía.

Una señora estaba contenta porque había ido una chica que el mes pasado se quiso suicidar, otro señor me dijo que era importante que por primera vez había ido un sacerdote enviado por el obispado de Avellaneda.

Luego toqué la cruz sangrante donde hice mis peticiones (especialmente por la salud de Patricia) y vi unas hermosas imágenes de Itatí, de Lourdes, estandartes que al gente llevó en procesión. Habia unos micros de La Plata esperando para llevar gente que vivía lejos.

También vi a la derecha y elevada la imagen con la paloma posada en su corazón, tal cual pidió la virgen misma en su mensaje del 7 de noviembre de 2006.
Al pie de esa imagen hay una canilla de donde la gente saca agua bendita. Me persigné con ella y volví caminando hasta la estación con una chica muy humilde de Florencio Varela que fue a agradecer porque a pesar de que ella no había educado en la Fe a su hijo, había logrado con la Oración sacarlo de la droga.
Me contó que había estado internado gravemete en el Hospital Fernández y que el médico le decía que era un milagro que se haya recuperado de un coágulo en el cerebro.

Como me costaba irme de ese lugar y me sentía muy jubilosas, tomé un café en una confitería mientras paraba la lluvia y conversando con el mozo me di cuenta que nadie sabía lo que pasaba a pocas cuadras. era hora pico y Lanús era un hormiguero de gente, sin embargo en la plaza no creo que hubiera 100 personas.
Asique le dije al mozo que ellos eran unos provillegiados de tener a la Virgen tan cerca, que no se lo perdieran, que lo transmietiera y le dejé un mensaje con la palomita.

Para mi es muy difícil decirles exactamente el mensaje concreto de la Virgen en el día de ayer, cosa que podrán leer prontamente en la página web:www.virgendelanus.com.ar, porque se me mezcla con lo explicado por Marcia en ese momento y lamentablemente no había llevado donde anatarlo, ni maquina de fotos como mucha gente sí, pero puedo decirles que es un mensaje de misericordia, que nos llama sus hijitos, que nos pide que nos confesemos al menos una vez por mes, que respetemos a los sacerdotes, que nos agradece el haber respondido a su llamado, que la hace muy feliz que estemos reunidos en ese lugar, que formemos grupos de oración y que más importante es acudir a la Misa Dominical, que su próximo y último mensaje en ese lugar será el 7 de noviembre de 2008 a la misma hora.

Cuando volvía en el 37 de regreso a mi casa me sentí muy relajada, con mucha paz. A tal punto que cerraba mis ojos y se caía mi cabeza sin dormirme. Recuerdo que en un momento levanté la cabeza y abrí los ojos cuando una señora se sentó enfrente mio, traía una bolsita de plástico como de zapatos donde leí algo así: “Si crees en Jesucristo, serás bendecida, tú, tu casa y tu familia.. Hechos de los Apóstoles..” y no recuerdo el capítulo y el versículo que estaban escritos.
La señora se levantó tan rápido para cambiarse de asiento, que no pude leer la propaganda del local, solo que eran dos letras grandes…Nunca había visto un mensaje bíblico en una bolsa de negocio!

Espero no haberlos abrumado con tantas palabras.

Que la Virgen los proteja con su Manto y que el Espíritu Santo los ilumine.
Adriana

Que la Paz del Señor esté con ustedes!

Estimado hermano, como sabrás el pasado miércoles 7 de Noviembre, tal como lo había prometido, nuestra Santísima Madre hizo su aparición a Marcia la vidente, a las 19.00 hs. en esta plaza que Ella misma ha denominado “Lugar de Encuentro con Dios”. La jornada se desarrolló a partir de las 15.00 en un clima de total oración, a la espera de tan agraciada visita, con la concurrencia de numerosos fieles (calculamos una cantidad superior a las 2000 personas, de acuerdo al material entregado) entre ellos algunos sacerdotes y religiosas. Se han dado cita este último dia 7, peregrinos llegados desde distintos lugares del pais tal como de la Ciudad de Mar del Plata, Bragado, Cnel. Brandsen, San Vicente, etc. y de provincias como Santa Fe, Salta y La Rioja. Además de contar con mucha alegría, con una delegación de peregrinos llegados desde Cochabamba, Bolivia para esta ocasión.
Como podemos ver las palabras de nuestra Santísima Virgen se cumplen y se hacen realidad: “Vendrán peregrinos de todas partes”.

A todos aquellos que han concurrido, les decimos gracias por haber puesto el corazón atento a la voz de nuestra Madre que los ha llamado desde este lugar tan especial al que Ella misma ha llamado “Lugar de Encuentro con Dios”.
A continuación transcribimos el mensaje de Santa María del Espíritu Santo, que dictó a la vidente ese mismo dia:

Mensaje de la Virgen el dia 7 de Noviembre del 2007 (8º Aniversario de la Aparición) 19.00 hs.

Hijos mios:

Gracias por estar conmigo hoy aqui. Estoy feliz. Mi hijo me ha enviado a vosotros para que volvais a El. Ese es su deseo.
El mundo esta sangrando. El corazon del hombre se ha vuelto duro. Esta sucio. Mis Hijos no me escuchan. Volved a la Iglesia, comulgad, confesad al menos una vez al mes. No seais necios, la salvacion es solo Dios, El os ama, mirad la Cruz, vedla con amor. Asistid a orar al Sagrario, Jesus esta alli y Yo os espero aqui todos los dias pero mas os espero en la Misa.
Hijitos mios, orad el Rosario y sed felices, quien esta con Jesus es feliz. Dios es fuente de bendiciones, muchas aguardan para ser derramadas.
Dios os quiere santos, pedid a Jesus ser virtuosos.
Queridos hijos, os espero para conduciros a Jesus bajo mi manto.
Orad, orad, orad!
Os espero hijitos, el proximo 7 sera mi despedida definitiva.
Gracias mis tesoros!
Amen, amen, amen.

Danza del Sol

Somos tan poca cosa, nada en realidad.
Y sin embargo, ¡cuantas vanidades envuelven nuestro temperamento!

Ya Santa María del Espíritu Santo nos dice en un mensaje del 27 de Diciembre de 1999: “Arrodillaos y pedid que se cumplan mis intenciones. Sed humildes de corazón para no herir a éste Niño que sufrió por vosotros. Dejad de lado el odio y la soberbia…”.

María se preocupa por nosotros porque sabe muy bien que el camino hacia la vanidad se comienza a transitar por la falta de humildad, y cuando decimos humildad nos referimos a la verdadera, a aquella que se practica “de corazòn”, ya que hasta un acto o apariencia en principio con cierto aire de humildad puede convertirse, si no vigilamos nuestro espíritu en un acto cargado de vanidad.

Ahora ¿que se entiende por vanidad?, la palabra vanidad deriva de vano que a su vez significa aquello que carece de importancia en su fin mismo, el fin de la vanidad será un producto evanescente o sea que se desvanecera y carecerà de sentido alguno. Se puede decir que la vanidad, es la búsqueda de un fin que aparentemente aumenta nuestro estatus y apariencia pero que al final no solo que no cumple con su objetivo sinó que deja secuelas muy dolorosas y espiritualmente nos van marchitando el corazón y ensordeciendo a las llamadas de nuestro Buen Jesús, ya que la vanidad aumenta y enriquece la soberbia.

Las mas comunes son las vanidades de nuestro cuerpo, o de nuestra capacidad de ganar o tener exito bajo las reglas del mundo. ¡Y nos inflamos como sapos!. Sentimos que somos mas que los demas, que nos admiran, que quieren ser como nosotros, estar cerca nuestro. Y luchamos para lograr ese cuarto de hora de fama, de aplauso, de reconocimiento. ¡Cuanto somos capaces de hacer y resignar por ese minuto de podio, de escenario!. Nos gustan las luces de los reflectores sobre nosotros, que nos miren, que nos adulen. Titulos, honores, ropas, uniformes, galardones, diplomas, modos de caminar y de pararse, cortes de pelo, nuestro lenguaje. Nombrar amigos influyentes, creerse lo suficientemente importante como para ser la voz y representación de otros, ¡Son todas vanidades!

Tambien hay vanidades que estan mas ocultas, que son mas dificiles de reconocer: ser el mas inteligente, el mas perfecto, el que sabe todo, para regocijo intimo. Aunque a veces nos vemos como gente callada y poco visible, pero orgullosos de ser, interiormente, mas que los demas aun en ese aspecto. Si, somos tan ridiculamente vanidosos que hasta nos envanecemos de ser mas humildes que los demas. ¡Vanidosos de nuestra humildad!. La actuamos, posamos en una actitud de humildad vacia, no sincera.

¿Y como nos corrige el Señor?. El, que ve nuestro corazon, nos revuelca por el fango, nuestro fango, el que mas nos duela. Y trata de enseñarnos a vernos como nada, a convivir con nuestra miseria y aceptarla, a vivir con ella. La leccion siempre es dura, siempre viene como una purificacion que nos marca el rumbo, nos quema las impurezas de nuestro espiritu.

¡Bienvenida la adversidad!. La escuela de Jesus nos enseña a ser como El, los mas pequeños en todo, aun en nuestras mas marcadas virtudes, que las tenemos. Dios nos invita a ser autenticos, sinceros, justos, sea esto lo que sea, duela lo que tenga que doler. Si nos toca ser los ultimos, es Voluntad de Dios. Y si nos toca subir al podio, es por merito y para beneficio de la obra de Dios. Nada es nuestro, nada.

Niegate a ti mismo, y me encontraras, porque solo Yo Soy.

Cristo, el Cristo, es el que como Verdadero Dios y Verdadero Hombre tiene todo el merito, porque es el Salvador. Dios Santo y Trino, Rey de todo merito y de todo fruto de la Creacion.

Aprendamos a hundirnos en nuestra nada, a vivir sabiendo que nada somos, que nada es producto de nosotros. Todo proviene de la Gracia de Dios, de Su Misericordia infinita que nos da cuando nos conviene espiritualmente, y nos quita cuando es tambien para nuestro bien. Las crisis de la vida son maravillosas oportunidades de crecer, porque nos enseñan a aceptar nuestras miserias, a abandonarnos al Unico que es fuente de toda Virtud. Cuanto los golpes nos arrebatan esa seguridad que nos hace como verdaderos pavos reales, gallardos y arrogantes frente al mundo, sepamos que Dios esta tocando nuestra alma y dandonos un amoroso tiron de orejas, una leccion de vida que debemos aprovechar. Y que sepamos seguir adelante sin vergüenza, sin ningun sentimiento de inferioridad frente a los demas, porque de nada sirve andar por la vida pretendiendo o tratando ser algo, ya que nuestro dia sera un Viernes Santo o un Domingo de Pascua, segun sea la Voluntad del Señor.

El Cenáculo te recomienda la siguiente bibliografía: “La Imitación de Cristo” de Santo Tomas de Kempis, allí hallarás entre otras cosas muchos consejos para vencer esa tendencia a ser vanidosos que muchos tenemos.

Que el Señor Jesús te bendiga y María Santísima te cubrabajo Su Manto!

La Redención son los actos, con los que Cristo, lleno de amor, se ofrece y muere por nosotros, para satisfacer la deuda debida a la justicia divina, merecernos de nuevo la gracia y el derecho al cielo, y liberarnos de la esclavitud del pecado y del demonio.

LA REDENCION VINO POR MEDIO DE JESUCRISTO

Noción de Redención

La Redención son los actos, con los que Cristo, lleno de amor, se ofrece y muere por nosotros, para satisfacer la deuda debida a la justicia divina, merecernos de nuevo la gracia y el derecho al cielo, y liberarnos de la esclavitud del pecado y del demonio.

Esta definición incluye la naturaleza de la Redención y sus efectos:

lo. La naturaleza está comprendida en las palabras: murió por nosotros y se ofreció en nuestro lugar.

2o. Los efectos en las siguientes: para satisfacer, merecer y liberarnos del pecado y del demonio.

Mediante estos tres efectos: la satisfacción, el mérito y el rescate destruyó Jesucristo los efectos que el pecado había producido en nuestra alma, y consiguió el fin que se proponía con la Redención

Necesidad de la Redención

Tres caminos podía seguir Dios respecto al hombre, después del pecado de Adán:

a) dejarlo abandonado a su desgracia;
b) perdonarlo sin más, es decir, sin satisfacción adecuada;
c) exigirle satisfacción plena, de acuerdo con la ofensa.

Este último camino le pareció más digno de su Justicia, Sabiduría y Misericordia; así determinó que el Verbo se encarnara y muriera para reparar la ofensa y las demás consecuencias del pecado.

La Redención es para el hombre un misterio, porque no podemos comprender cómo es posible que Dios muera por nosotros. Consta, sin embargo, en todo el Evangelio; y por eso debemos creerla con fe firme, y vivir agradecidos a Dios por tan excelente beneficio.

Por medio de Jesucristo

Cristo se ofreció en nuestro lugar al Eterno Padre, en satisfacción de nuestros pecados. En efecto,

lo. La reparación de una ofensa no se cumple con la sola cesación de la ofensa, sino que requiere una satisfacción.

2o. Esta satisfacción debe procurarla el mismo culpable.

3o. Los culpables éramos los hombres; pero no siendo capaces ni dignos de una adecuada satisfacción, fue preciso que Cristo se pusiera en nuestro lugar.

PASION, MUERTE Y SEPULTURA DE CRISTO

La pasión del Salvador

Está referida en Mt. 6, 26-; Mc. 14, Lc. 22 y Jn. 18
La pasión tuvo lugar en Jerusalén, capital de Judea. En aquel entonces, provincia del Imperio romano, gobernada por Poncio Pilatos.

Empezó por la oración del Huerto. Allí a la vista de los innumerables pecados de los hombres, de los pavorosos tormentos que lo esperaban, y de la inutilidad de sus sufrimientos para muchos, sufrió Cristo congoja y aflicción tan acerba, que le sobrevino un sudor de sangre, y cayó en agonía como un hombre que va a morir.

Luego Judas, traicionándolo, con un beso, lo entregó a sus enemigos. Estos se apoderaron de El y lo llevaron atado como un criminal a casa del gran Sacerdote Caifás.

Cristo compareció a cuatro tribunales: dos religiosos, presididos por Anás y Caifás, donde estaban reunidos los príncipes de los sacerdotes y los escribas (doctores de Israel); y dos civiles: el de Pilatos, gobernador de Judea, y el de Herodes, gobernador de Galilea, a quien lo remitió Pilatos, al saber que Cristo era galileo.

Cristo sufrió toda suerte de oprobios y sufrimientos; fue abofeteado, escupido, tratado como rey de burlas, y paseado por las calles como loco. Por orden de Pilatos fue azotado y coronado de espinas. Luego Pilatos lo condenó a morir, no por creerlo culpable, sino por miedo al pueblo judío que le gritaba: -”Si perdonas a éste, no eres amigo del César” Un. 19, 12).

a) Suplicio de la Cruz

La Crucifixión del Señor se verificó en el calvario. Cristo llevó sobre sus hombros la pesada cruz y varias veces cayó en el camino por su mucha extenuación. Al llegar al Calvario lo desnudaron de sus vestiduras, y tendiéndole sobre la cruz, clavaron sus manos y sus pies con gruesos clavos y lo elevaron en alto.

Tanto entre los romanos como entre los judíos, la cruz era el suplicio más cruel e ignominioso reservado a los criminales vulgares. Cristo quiso padecerlo, para someterse a la mayor afrenta y humillación.

Pero desde que murió Cristo en ella, la Cruz se tornó en objeto de amor, de gloria y de bendición. De amor, porque es el motivo que llevó al Señor a la muerte; de gloria, porque gracias a ella alcanzamos la gloria del cielo; de bendición, porque es fuente de innumerables gracias para el cristiano.

“La cruz sobre el Calvario, por medio de la cual Jesucristo ( … ), deja este mundo, es al mismo tiempo una gran manifestación de la eterna paternidad de Dios, el cual se acerca de nuevo en él, a la humanidad, a todo hombre, dándole al tres veces santo Espíritu de Verdad” (Juan Pablo II, Enc. Redemptor hominis, núm. 9)

b) Sufrimientos de Cristo
Jesucristo padeció múltiples e intensos sufrimientos:

b.1 Todo su cuerpo fue cruelmente herido;

La cabeza, con la corona de espinas, las manos y los pies traspasados con clavos; la cara, por las bofetadas y escupitajos; todo el cuerpo por la flagelación. Sufrió en el sentido del gusto por la hiel y el vinagre que le dieron; el olfato, pues el Gólgota era un lugar de calaveras; el oído, por las blasfemias y las burlas, la vista, al ver a su madre y al discípulo amado, llorando.

Los sufrimientos físicos de su pasión, fueron sumamente intensos y crueles:

-La flagelación; que ordinariamente se realizaba con varas espinosas y garfios de hierro, era dolorosísima; la piel se entumecía al principio, después se desgarraba y por último los azotes caían sobre la carne viva y despedazada;

-La coronación de espinas; eran fuertes y agudas, que penetraron hondamente en su santa cabeza;

-El nuevo desgarramiento de su carne que suponía quitar los vestidos para la crucifixión; como estaban adheridos a la carne, al separarlos se abrían cruelmente todas las llagas; así permaneció a la intemperie de los elementos durante las tres horas de crucifixión;

-El enclavamiento en la cruz; fue suplicio de inconcebible dolor: los clavos al penetrar sus manos y sus pies desgarraron sus nervios y tendones y separaron sus huesos;

-La crucifixión: permaneció varias horas en cruz, posición de suyo muy dolorosa; soportó todo el peso de su cuerpo en sus manos y pies taladrados, sin poderse mover, ni valer en ninguna forma, pues tenía impedidas de movimiento hasta sus manos;

-La sed: causada por todo el desgaste físico y por sus muchas heridas y pérdida de sangre. Para el que tiene heridas el mayor de los tormentos es el de la sed; también lo fue para Cristo.

b.2 Padeció de todo aquello en lo que el hombre puede sufrir:

Además de los acervos dolores físicos, sufrió traición de un discípulo, el abandono de los amigos, la negación de Pedro; padeció por las blasfemias pronunciadas en su contra; en su honor y gloria por las burlas y vilipendios en el proceso y en la misma muerte; en las cosas que poseía, fue de ellos despojado y, por último, en los dolores de su espíritu: la tristeza, el tedio y el temor.

b.3 Padeció de todo tipo de hombres

De gentiles y judíos, de hombres y mujeres, de poderosos y plebeyos, de conocidos y desconocidos.

Santo Tomás de Aquino, apoyándose en el texto de Isaías que dice “Mirad y ved si hay dolor como mi dolor” (Isaías 1, 12) explica por qué el dolor físico y moral de Cristo ha sido el Mayor de todos los dolores:

1) Por las causas de los dolores: el dolor corporal fue acerbísimo, tanto por la generalidad de sus sufrimientos (según dijimos arriba), como por la muerte en la cruz.

El dolor interno fue intensísimo, pues lo causaban todos los pecados de los hombres, el abandono de sus discípulos, la ruina de los que causaban su muerte y, por último, la pérdida de la vida corporal, que naturalmente es horrible para la vida humana natural.

2) Por causa de la sensibilidad del paciente: el cuerpo de Cristo era perfecto, óptimamente sensible, como conviene al cuerpo formado por obra del Espíritu Santo. De ahí que, al tener finísimo sentido del tacto, era mayor el dolor. Lo mismo puede decirse de su alma: al ser perfecta aprendía efícacísimamente todas las causas de la tristeza.

3) Por la pureza misma del dolor: porque otros que sufren pueden mitigar la tristeza interior y también el dolor exterior, con alguna consideración de la mente, Cristo en cambio no quiso hacerlo.

4) Porque el dolor asumido era voluntario.

Y así, por desear liberar de todos los pecados, quiso tomar tanta cantidad de dolor cuanto era proporcionado al fruto que de ahí se había de seguir.

Y de estas cuatro razones, concluye el Santo, se sigue que el dolor de Cristo ha sido el mayor de cuantos dolores ha habido (cfr. S. Th. III; q. 4 6, a. 6)

La meditación de los padecimientos de Cristo, es en extremo útil para el cristiano. En ella se formaron los santos, y tiene la ventaja de ser un libro en que todos, aun los más ignorantes, pueden leer. Allí viendo cuánto nos amó Cristo, nos es fácil encendernos en su amor: “¿Quién no amará al que nos amó de tal manera? (cfr. Adeste laderas).

Los santos -me dices- estallaban en lágrimas de dolor al pensar en la pasión de Nuestro Señor. Yo, en cambio… Quizá es que tú y yo presenciamos las escenas, pero no las “vivimos” (Josemaría Escrivá de Balaguer, Vía Crucis, VIII, I).

c) La muerte de Cristo

Cristo en la Cruz permaneció aproximadamente tres horas, desde el mediodía hasta las tres de la tarde, al cabo de las cuales entregó su espíritu al Padre.

Estando en la cruz, pronunció siete palabras.
La 1a. fue en favor de sus verdugos y de los pecadores: “Padre, perdónalos porque no saben lo que hacen” (Lc. 23, 24).

La 2a., una palabra de salvación para el buen ladrón. Este, arrepentido, le dijo: “Señor, acuérdate de mí cuando estés en tu reino” (Lc. 23, 43) y el Señor le contestó: “En verdad te digo que hoy estarás conmigo en el paraíso”.

La 3a., para dejarnos a Maríacomo nuestra Madre. “Mujer, dijo Jesús a María, señalándole a Juan, y en la persona de Juan a todos nosotros: “Ahí tienes a tu hijo- y luego a San Juan: “Ahí tienes a tu madre” (Jn. 19, 27).

La 4a. fue un hondo clamor hacia su Padre: “Dios mío, Dios mío ¿por qué me has desamparado? (Mt. 27, 46).

La 5a., una manifestación de la sed que lo devoraba: “Tengo sed” (Jn. 19, 28).

La 6a., el anuncio de que la redención estaba consumada: “Todo está consumado” (Jn. 19, 30).

La 7a., para encomendar su espíritu al Padre: “Padre mío en tus manos encomiendo mi espíritu” (Lc. 23, 46).

Estas últimas palabras las dijo con un gran esfuerzo de su voz, y luego inclinando la cabeza, expiró.

Varios prodigios se verificaron a la muerte de Jesús: el velo del templo se rasgó; el sol se eclipsó; tembló la tierra; hendiéronse las rocas; se abrieron varias tumbas y muchos muertos resucitaron y fueron vistos en Jerusalén. Todas estas manifestaciones de la naturaleza eran otras tantas pruebas de la divinidad de Cristo. Así lo comprendió el Centurión, quien bajó dándose golpes de pecho, y diciendo: “¡Verdaderamente Este era el Hijo de Dios!” (Mc. 15, 29).

La palabra INRI, que se coloca sobre el crucifijo está formada por las iniciales de las cuatro voces Jesús Nazareno, Rey de los judíos (en latín, Jesus Nazarenus Rex Iudeorum).

d) Su sepultura

Dos de sus discípulos, José de Arimatea y Nicodemo, con autorización de Pilatos, bajaron el sagrado cuerpo, lo ungieron con perfumes y lo ligaron con lienzos, a usanza de los judíos; y lo depositaron en un sepulcro nuevo, tallado en la roca.

Cristo quiso ser sepultado para que estuviéramos más ciertos de su muerte; y el hecho de su Resurrección fuera más patente y manifiesto.

En el sepulcro el cuerpo de Cristo no experimentó la más mínima corrupción, cumpliéndose la profecía de David: “No permitiréis que tu Santo experimente corrupción (Ps. 15, 10).

EFECTOS DE LA REDENCION

La Redención tuvo como fin reparar el pecado y los desastrosos efectos que el pecado habla traído al hombre.

La Redención es pues, a un mismo tiempo, una satisfacción o reparación para Dios, y una restauración y rescate para el hombre.

El siguiente esquema hace ver el modo como los saludables efectos de la Redención vinieron a reparar los efectos del pecado.

Encontramos:

En el pecado: En la Redención:

1o. La ofensa a Dios que mancha el alma y la hace merecedora de una pena. La satisfacción de Cristo, que, a) reparó la ofensa,

b) borró la culpa,
c) y remitió la pena.

2o. La degradación del hombre. Se ve privado de la gracia y la gloria. El mérito de Cristo, que, Restauró al hombre mereciéndole de nuevo la gracia y la gloria.

3o. La sucesión al demonio. El rescate de Cristo, que, Nos libertó del poder del demonio.

Veamos entonces que:

a) La satisfacción de Cristo, que reparó la ofensa borró la culpa y remitió la pena.

b) El mérito de Cristo, que restauró al hombre, devolviéndole la gracia y el derecho al cielo.

c) El rescate de Cristo, que nos libertó del demonio

La satisfacción de Cristo

“Creemos que nuestro Señor Jesucristo nos redimió por el sacrificio de la Cruz, del pecado original y de todos los pecados personales cometidos por cada uno de nosotros, de modo que mantenga verdadera la afirmación del Apóstol: “Donde abundó el delito sobreabundó la gracia” (Rom. 5, 20). (Pablo VI, El Credo del Pueblo de Dios, núm. 17).

La satisfacción de Cristo abarca tres cosas: Cristo mediante su muerte reparó la ofensa causada a Dios con el pecado, nos borró la culpa y nos remitió la pena.

Ofensa, culpa y pena son tres cosas diferentes:

a) La ofensa es el agravio que se causa a Dios con el pecado.
b) La culpa es la mancha que el pecado deja en el alma, al despojarla de la gracia.
c) La pena es el castigo que el pecado merece.
Pues bien, la satisfacción de Cristo destruyó este triple efecto:

a) Reparó la ofensa hecha a Dios: “Siendo enemigos de Dios, fuimos reconciliados con El por la muerte de Cristo” (Rom. 5, 10).
b) Borró la culpa: “Nos lavó de nuestros pecados con su sangre” (Apoc. 1, 5).
c) Pagó la pena debida por ellos. “Llevó la pena de todos nuestros pecados sobre su cuerpo en el madero de la Cruz” (I Pe. 2, 24).

Aunque Cristo satisfizo por nuestros pecados en todos los actos de su vida, quiso sin embargo, que tanto sus satisfacciones como sus méritos no produjesen sus efectos sino después de su pasión, refiriéndolo todo a su muerte. Así nos explicamos cómo la Sagrada Escritura aplica al sacrificio de la Cruz todas las satisfacciones y méritos de Cristo.

a) Sus cualidades: voluntaria y completa

La satisfacción de Cristo fue voluntaria, completa, condigna y superabundante.

Fue voluntaria, porque Cristo dio su vida gustosamente, por el amor que nos tenía.

“Fue ofrecido porque él mismo lo quiso”, dice Isaías (53, 7). Y el mismo Jesucristo exclama: “Nadie me arranca la vida, sino que la doy por propia voluntad” (Jn. 10, 18).

Fue completa, porque ella tiene la virtud suficiente para reconciliarnos con Dios y borrar nuestros pecados. “La sangre de Cristo nos purifica de todo pecado” (I Jn. 1, 7).

b) Condigna y superabundante

Una satisfacción es condigna cuando hay proporción entre lo que se debe y lo que se restituye. Es deficiente en el caso contrario.

Por ejemplo, el acreedor que remite una parte de la deuda al deudor, no recibe satisfacción o pago condigno, sino deficiente.
La satisfacción de Cristo fue condigna, porque guardó proporción con la ofensa. Si la ofensa causada a Dios con el pecado es en cierta manera infinita, la satisfacción de Cristo fue de infinito valor.

Hay que tener en cuenta que:

a) La magnitud de una ofensa se mide por la dignidad de la persona ofendida. Así, es mucho más grave la ofensa causada a un superior que la causada a un compañero; y tanto más grave cuanto más alto es el superior. Siendo Dios de majestad infinita, la ofensa hecha a El con el pecado, era en este sentido infinita.

b) La magnitud de una satisfacción a causa del honor ofendido, se mide por la dignidad de la persona que la ofrece. Así cuando se trata de injurias a una nación, no basta la satisfacción que pueda dar uno a título particular sino que se requiere que ella venga del que preside la nación.

La satisfacción de Cristo no sólo fue condigna, sino también superabundante; esto es, pagó más de lo que debíamos.

San Pablo dice que “donde abundó el pecado sobreabundó la gracia” (Rom. 5, 20). En efecto, el pecado no es un acto infinito en sí puesto que procede de una criatura, y la criatura es incapaz de un acto infinito. Sólo puede llamarse ofensa infinita, en cuanto ofende a Dios, Ser infinito.

Por el contrario cualquier acto del Hijo de Dios era infinito en sí, porque procedía de la persona del Verbo.

Jesucristo quiso que su satisfacción fuera superabundante y “copiosa su redención” (Ps. 20, 7) para hacernos comprender la excelencia de tan divina obra, y darnos plena confianza en sus méritos y en nuestro perdón.

Los méritos de Cristo

Cristo no solamente nos perdonó el pecado y la pena por él debida, sino que nos mereció la gracia y el derecho al cielo.

Si la satisfacción de Cristo borra en el hombre la culpa y la pena del pecado, los méritos de Cristo, son una verdadera restauración del hombre, pues le devuelven los dones de orden sobrenatural que el pecado le habla arrebatado.

Veamos, pues, qué méritos alcanzó Cristo, por qué pudo Cristo merecer para nosotros, y cómo mereció.

a) ¿Qué bienes mereció Cristo?

El mérito implica la consecución de un don que no tenemos, pero que nos es debido en alguna manera.

lo. Cristo no pudo merecer para si mismo ni la gracia ni la gloria, porque ya las tenía, y no las podía perder. Para si mismo no mereció sino la glorificación de su Cuerpo, después de haberlo sometido al sufrimiento y al oprobio.

2o. Pero para nosotros sí pudo merecer. El, mediante su pasión y muerte, nos mereció la gracia, la gloria y toda suerte de bienes espirituales.

a) La gracia: “Si por el pecado de uno sólo murieron todos los hombres, mucho más copiosamente la gracia de Dios se derramó sobre todos” (Rom. 5, 10).

b) La gloria: “Tenemos la firme esperanza de entrar en el santuario del cielo por la sangre de Cristo” (Heb. 10, 19).

c) Toda clase de bienes espirituales: “Nos bendijo con toda suerte de bienes espirituales en Jesucristo” (Ef. 1, 3). “El que no perdonó a su propio Hijo, sino que lo entregó, ¿cómo será posible que no nos dé con El todos los bienes?” (Rom. 8, 32).

b) ¿Por qué pudo Cristo merecer por nosotros?
Siendo el mérito un fruto personal, ¿cómo se explica que Cristo mereciera por nosotros? San Pablo lo explica de dos maneras:

1o. Todos los cristianos formamos con Cristo un cuerpo místico, en el cual El es la Cabeza y nosotros los miembros; y es natural que los miembros participen de los bienes de la cabeza. (cfr. Rom. 12, 4; 1 Cor. 12, 12; Ef. 4, 15 y 5, 23).

Santo Tomás se expresa así: “La cabeza y los miembros pertenecen a la misma persona; siendo, pues, Cristo nuestra cabeza, sus méritos no nos son extraños, sino que llegan hasta nosotros en virtud de la unidad del cuerpo místico” (Sent. 3, c. 18, a. 3).

2o. Porque así como toda la naturaleza humana, por estar encerrada en Adán, mereció la privación de la gracia, así toda la naturaleza humana encerrada en Cristo, mereció que la gracia se le devolviera.

Dice San Pablo: “Como todos mueren en Adán, todos en Cristo han de recobrar la vida” (I Cor. 15, 22).

c) ¿Cómo nos mereció Jesucristo estos bienes?
Los méritos de la pasión de Cristo se basan en su amor y en su obediencia.

Por amor y por obediencia a su Padre quiso Cristo someterse al sufrimiento y la muerte; y de ambas virtudes recibió la pasión de Cristo toda la grandeza y eficacia.

Además, convenía sobremanera que la Redención fuera una obra de amor y obediencia. Ya que el pecado del primer hombre fue un pecado de desobediencia fundado en el orgullo. Por amarse el hombre excesivamente a sí mismo, no vaciló en desobedecer a Dios.

La Redención vuelve al hombre a Dios: y debía consistir en un acto de obediencia, por amor.

De esta suerte los infinitos merecimientos de la pasión y muerte de Cristo, se deben principalmente a su amor y a su obediencia.

La Redención nos liberó del poder del demonio

El pecado nos constituyó deudores a la justicia divina; y Dios permitió que, en castigo, el demonio tuviera poder sobre el hombre. Este poder Regó a ser tan grande, que los Padres de la Iglesia, lo comparan a un cautiverio o esclavitud.

Pues bien, Cristo con la Redención pagó la deuda debida a la justicia divina; y en consecuencia cesamos de vernos sometidos al demonio.

Es de advertir que la deuda de justicia que el hombre tenla contraída no era con el demonio, sino con Dios. El demonio por tanto, no tenía ningún derecho de justicia sobre nosotros.

En consecuencia el poder de liberarnos, o de mantenernos cautivos no correspondía al demonio, sino a Dios; así como el poder de dar libertad a un prisionero no corresponde al simple carcelero, sino a aquél por cuya orden estaba preso.

NECESIDAD Y UNIVERSALIDAD DE LA REDENCION

Su necesidad

La Redención, como la Encarnación, no era absolutamente necesaria, pues Dios podía dejar abandonado al hombre, o perdonarlo generosamente.

Pero si era necesaria en el supuesto de que Dios exigiera una reparación condigna. En este caso era preciso que una de las divinas Personas se hiciera hombre y reparara la ofensa causada a Dios, porque sólo un hombre-Dios puede reparar de una manera digna la ofensa cometida contra Dios.

Su universalidad y nuestra cooperación

Es de fe que Cristo murió por todos los hombres, esto es, que se entregó en rescate para que todos se salven.

Aunque de hecho muchos no lo consigan, por no emplear los medios de salvación necesarios.

Calvino enseñó que Cristo no murió por todos los hombres, sino sólo por los elegidos. Lo mismo enseñan los jansenistas, quienes para denotar esta idea no representan a Cristo crucificado con los brazos abiertos, sino casi cerrados.

Esta enseñanza está en contradicción con la Sagrada Escritura. San Juan nos dice: “Cristo es propiciación por nuestros pecados, y no sólo por los nuestros, sino por los del mundo entero (I Jn. 2, 2). Y San Pablo: “Cristo se dio a sí mismo en rescate por todos” (I Tim. 2, 6).

Cuando la Escritura dice que “Cristo murió por muchos”, de acuerdo con el género de la lengua hebrea y los textos ya citados, muchos debe entenderse en el sentido de multitud: Cristo murió por la multitud, esto es, por todos.

Aunque Cristo murió por todos los hombres, no podemos salvarnos sin la cooperación de nuestra parte. Es el mismo Cristo quien nos enseña: “Si quieres entrar en la vida eterna, guarda los mandamientos” (Mt. 19, 17). Y San Agustín dice: “El que te creó sin ti, no te salvará sin ti”. Esto es, sin tu cooperación.

“Este hombre es el camino de la Iglesia, camino que conduce en cierto modo al origen de todos aquellos caminos por los que debe caminar la Iglesia, porque el hombre -todo hombre sin excepción alguna- ha sido redimido por Cristo, porque con el hombre -cada hombre sin excepción alguna- se ha unido Cristo de algún modo, incluso cuando ese hombre no es consciente de ello. Cristo, muerto y resucitado por todos, da siempre al hombre -a todo hombre y a todos los hombres- su luz Y su fuerza para que puedan responder a su máxima vocación” (Juan Pablo II, Enc. Redemptor Hominis, num. 14), cfr. Puebla, núm. 1310.

Los protestantes, en especial Lutero y Calvino niegan la necesidad de cooperar a la gracia, enseñando que sólo la fe justifica; esto es, que ella nos aplica los méritos de Cristo, sin necesidad de cooperación de nuestra parte.

Este es un gravísimo error, que está en evidente contradicción con la enseñanza de la Sagrada Escritura. “La fe sin obras es muerta”, declara Santiago (2, 20). Y San Pablo: “No son justos los que oyen la ley, sino aquéllos que la cumplen” (Rom. 2, 13). Y el mismo Cristo declara que en el juicio final recibirán la recompensa del cielo los que hayan practicado las obras de misericordia para con su prójimo (cfr. Mt. 25, 34).

Aplicación de los méritos

Es necesario, pues, que nos apliquemos los méritos de Cristo mediante los medios instituidos por El con este fin: la fe, los mandamientos, los sacramentos, la oración. Quienes desprecian estos medios no pueden salvarse.

Sería falso afirmar que los méritos de Cristo, por ser de infinito valor, se extienden sin más a todos. Porque aunque sean de infinito valor, son como una medicina, que no aprovecha sino al que se la aplica.

Advirtamos aquí dos circunstancias:

a) Cristo no se contentó con merecernos la salvación, sino que nos dio también la oportunidad de merecerla con nuestros propios méritos. Lo cual es mucho más honroso para nosotros, pues no la recibimos como limosna, sino con cierto derecho a ella.

b) Nuestros méritos no menoscaban los de Cristo, pues de ellos reciben toda su eficacia. Además es indispensable que unamos nuestra satisfacción a la de Cristo, esto es, que expiemos nuestros pecados para poder salvarnos. Y así nos dice: “Si no hacéis penitencia, todos por igual pereceréis” (Lc. 13, 5).

En este sentido debe entenderse la frase de San Pablo: “Completo en mi carne lo que falta por padecer a Cristo” (Col. 1, 24). Esto es, mortifico mi carne para que puedan aplicárseme los méritos y satisfacción que Cristo me alcanzó con sus padecimientos y su muerte.

Conoce en pocas palabras la historia y significado de la Pascua y la importancia de este tiempo en el calendario litúrgico.

La Pascua Judía

Originariamente, sin duda, fiesta semítica del retorno primaveral de la vegetación, común a todas las civilizaciones primitivas, la pascua, por la providencial coincidencia de su celebración con la liberación de Egipto, llegará a ser para Israel el memorial de esta liberación (cf. Éx 12 y 2 Re, 23, 21-23). Se supone generalmente que su nombre viene de pasah, “pasar” en el sentido de dispensar (cf. Éx 12, 23), aludiendo a que el Señor pasa sin herir con sus plagas delante de las cases marcadas con la sangre del cordero inmolado por los hebreos. Más tarde, a la idea de este paso del Señor para rescatar a su pueblo de la esclavitud, se unirá la idea del paso del pueblo mismo que se va llevar tras de si fuera de Egipto hacía el país de la promesa, en el que Israel estará en su casa al estar en la casa de su Dios.

Así, en la reflexión religiosa de Israel, la pascua, con el memorial que pervive en su celebración, evocará la intervención redentora típica por la que Dios ha salvado y reconstruido a su pueblo. Habiéndose hecho inseparables la pascua y el éxodo salvador, el retorno del exilio será descrito como un nuevo éxodo, una nueva pascua (cf. Os 2, 16 ss; Is 63, 7 ss).

Cuando reflexionamos el significado de la celebración pascual judía donde Dios salva y reconstruye a su pueblo, vemos claramente una anticipación de la figura del Salvador, del Mesías que viene a salvar a los hombres y a reconstruir el pueblo, instaurando el Pueblo de Dios.

Pascua Cristiana

En el Nuevo Testamento, san Lucas describirá el anuncio hecho a los discípulos de la muerte de Jesús, en la transfiguración, como su éxodo que debía cumplirse en Jerusalén (9, 31, cf. Jn 13, I al hablar de su paso de este mundo al Padre, en el momento de la pascua). Es probable también que la imagen del cordero inmolado, en Is 53, 7, implicaba desde el principio una referencia pascual. En todo caso, san Pablo describirá la pasión salvadora de Cristo diciendo: “Cristo, nuestra pascua, ha sido inmolado” (I Cor 5, 7).

Así, por una parte, la celebración pascual se convertirá para los cristianos en la celebración de la muerte y de la resurrección del Salvador, y la pascua judía, con todo lo que había significado para los judíos en la primera alianza, será para ellos la fuente principal de su interpretación de la pasión. Ya en la primera epístola de san Pedro vemos superponerse a este tema e1 del bautismo, celebrado de antiguo con preferencia en la noche pascual. Pasado Él mismo de este mundo a su Padre por la cruz, Cristo nos transporta tras Él, no ya simplemente del Egipto material a una tierra prometida que no lo era menos, aunque uno y otra estuvieran ya llenos de evocaciones espirituales, sino “del reino de las tinieblas al reino del Hijo” (Cal 1, 13), que es lo mismo que la entrada en participación de “la heredad de los santos en la luz” (v. 12).

Así el misterio de Cristo, tal como lo explicará san Pablo y como lo celebrará toda la liturgia de la antigua Iglesia, es el misterio pascual, es decir, el que se cumplió en la pascua, que la pascua cristiana conmemora, y que constituye la pascua definitiva de la nueva y eterna alianza.

La parusía de Cristo será finalmente descrita a su vez como el definitivo cumplimiento de esta pascua en la eternidad (cf Lc 22, 16 y Mt 26, 29).

La Pascua en la Iglesia Católica

La Pascua es la fiesta principal, corazón y punto álgido del calendario litúrgico, la llamada “Fiesta de Fiestas” opaca incluso a la Navidad, pues en si en la natividad nació el Salvador y nos llenó de gozo su venida, aún mayor alegría nos causa el cumplimiento de las promesas de Dios al enviarnos a un
Salvador que rescatara a la humanidad entera del pecado.

La fecha de la pascua

La Pascua cambia cada año debido a la relación que tiene con la pascua judía y las diferencias entre el calendario judío y el nuestro.

Los judíos comen el cordero pascual la víspera del 15 de Nisan (el primer mes del calendario judío). Jesús celebró la pascua (la última cena) según la costumbre judía, o sea, el 14 de Nisan, murió en la cruz el 15 de Nisan y resucitó el domingo siguiente, que ese año fue el 17 de Nisan.

El calendario judío es lunar, y el nuestro solar, lo cual complica bastante las cosas. Por ejemplo, el calendario tiene 354 días. Para hacer un ajuste, judíos insertan un mes a su calendario, por orden del Sanedrín (no por algún método definido). Esto dio lugar a numerosas controversias sobre la fecha para la celebración de la pascua.

En los primeros tiempos, los cristianos de origen judío continuaron usando el calendario judío para la pascua: El viernes santo lo celebraban el 15 de Nisan y la pascua de resurrección el 17 de Nisan (fuese o no domingo).
En el resto del imperio romano, sin embargo, se tomó en consideración que Jesús históricamente resucitó el domingo y todos los domingos se celebra a la fiesta de la Resurrección. Por eso se optó por celebrar La Pascua el primer domingo después de la primera luna llena después del equinoccio de primavera. El Primer Concilio de Nicea (325) decretó que la práctica romana debe observarse en toda la Iglesia. Los ortodoxos celebran la pascua otra fecha porque siguen el calendario Juliano (ortodoxo ruso). La fecha de la fiesta de Pascua católica fluctúa entre el 22 de Marzo y el 25 Abril. En referencia a ella se calculan las otras fiestas movibles del calendario litúrgico.

El tiempo de Pascua Explicado

La pascua se celebra por 50 días. Es la fiesta más importante d ela liturgia. Comienza el Domingo de Resurrección y termina en Pentecostés. La cuaresma termina en la tarde del Jueves Santo con la liturgia de la Cena del Señor que da comienzo al Triduo Pascual. El Viernes Santo se hace el “ayuno pascual” que se continúa el sábado santo, preparatorio a la gran celebración pascual. El triduo culmina en la Vigilia Pascual del sábado por la tarde.

Los primeros ocho días de la pascua constituyen la octava y se celebran como solemnidades del Señor.

El agua bendecida en la Vigilia pascual se usa para los bautismos en toda la temporada de pascua.

En el día 40 de la pascua se celebra la ascensión del Señor y los 9 días de la ascensión a Pentecostés (la novena original) son días de intensa preparación para la venida del Espíritu Santo.

En esta semana tan especial estamos llamados a acompañar a nuestro Señor Jesús, por el doloroso camino que tendrá por final Su muerte en la Cruz. Muerte cruel, que no es otra cosa que la expresión del odio y el egoísmo escondido en el corazón del hombre. Pero muerte también necesaria ya que “el grano debe morir para dar vida”, muerte de Cruz tan violenta y necesaria, por todos aquellos inocentes que sufren en el silencio.

No podemos estar ajenos al sufrimiento de Cristo, ya que hoy ese sufrimiento se ve multiplicado por las injusticias de un mundo que cada vez se aleja mas de la verdad y la justicia.

Esta semana para nosotros debe ser de particular silencio y recogimiento, pero de compañía para Jesús y para María quien como Madre verá cara a cara el sufrimiento de su Hijo. Lejos de ser un tiempo de esparcimiento y vacaciones, esta semana debe ser de meditación y oración. Cristo desde el Monte de los Olivos, comienza su camino al Calvario, sufriendo la persecución y el abandono. Es por eso que no podemos dejarlo solo, El espera vernos ahí, sufriendo con El en el silencio y el sacrificio personal, porque también quiere vernos el dia domingo resucitar con El.

Para poder llevar adelante este camino personal al Calvario, acompañando a nuestro Señor Jesús, queremos compartir con Uds. las oraciones dictadas por nuestra Santísima Virgen y así de esa forma demostrarle a Jesús que no esta solo en el camino doloroso que esta Semana transitará por amor a nosotros:

Oración a las 7 Heridas de María.

“Santa María, por las siete heridas abiertas en tu Corazón, que aún siguen sangrando; intercede ante tu Hijo por nosotros, tus humildes servidores, para que no abramos más heridas en tu Corazón Inmaculado Virgen María.
Amén”.

“Y ahora daros la Paz como hijos de un mismo Padre que sois”
(Mensaje N° 80 – 09/03/00)

Oración por la Pasión de Nuestro Señor Jesús.

(Me enseñó una oración para decir mientras me santiguaba:)

+” Por vuestra corona de espinas, Señor, libradnos de todo mal.
+ Por vuestro costado abierto, Señor, libradnos de todo mal.
+ Por la herida de vuestras manos, Señor, libradnos de todo mal
+ Por la herida de vuestros pies, Señor, libradnos de todo mal
+ Por vuestra muerte y resurrección, Señor, libradnos de todo mal”
Amén.

(Mensaje N° 85 – 20/03/00)

Oración a la Pasión del Señor

“Jesús, que con vuestro Cuerpo y vuestra Sangre redimiste al mundo,
Ayudadnos a que vuestra Pasión no sea en vano para los hijos del Padre”
Amén.

(Mensaje N° 87 – 26/03/00)

Oración de Contrición

“Yo confío en Vos ¡Oh Jesús Mío!
Y al ver yo, vuestros ojos dulces,
de manso cordero, os digo arrepentido;
¡Perdón, perdón, perdonadme!
humildemente os lo digo y confío en vos
jOh Redentor Mío!
Amén”.
(Mensaje N° 108 – 29/05/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (I)

“Oh Jesús Bendito de mi alma,
Te adoro en Esta, La Sagrada Hostia,
Presencia Real de Tu Cuerpo y de Tu Sangre.
Blanca Hostia, Inmaculada Hostia,
Te adoro porque por mí, estás aquí.
Me amas, aún sabiendo que mi corazón está sucio de pecados.
Gracias te doy.
Amén”.

(Mensaje N° 154 -17/08/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (II)

“Os adoro mi Jesús,
Vos que siendo Dios
y muriendo por mí
¡Oh, Cruel muerte la vuestra!
Quisisteis quedarte en esta humilde forma.
Bendito Seáis mi Señor!
Hermoso Corazón que me ama
a pesar de mi gran debilidad de hombre pecador.
¡Yo, Oh Jesús, siento en mi alma
arder el fuego de vuestro Amor.
Jesús, ¡Oh mi Amado y dulce Redentor!
Os amo ahora, y por siempre
os amaré igual.
Amén.

(Mensaje N° 155 -17/08/00)

Oración de Adoración al Santísimo Sacramento (III)

“Jesús Sacramentado.
Sacramento de Amor.
Entrad en mí, y no salgáis nunca de allí,
Aún sabiendo mi condición de pecador.
¡Sé Señor , que mucho os ofendo,
sé Señor cuán herido vuestro Corazón esta por mí!.
Pero ¡Oh Dulce Señor, ignoradlo!
Y abrazad mi alma,
que tanto necesita vuestro consuelo.
os amo, os amo y me abandono
En vuestro Amor tierno y Misericordioso.
¡Oh Sagrada e Inmaculada forma,
os doy gracias!.
Amén.

(Mensaje N° 156 – 17/08/00)

Miércoles Santo. ¿Cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida?

Acompañar a Cristo en su pasión tiene que ser para nosotros un enraizarnos profunda y convencidamente en los aspectos más importantes de nuestra vida. El seguimiento de Cristo es para todos nosotros un atrevernos a clavar la cruz en nuestra existencia, conscientes de que no hay redención sin sacrificio, no hay redención si no hay ofrecimiento.

Quisiera proponerles estar con Cristo en el Pretorio antes de salir a ser crucificado, como nos narra San Juan: “Entonces Pilatos se lo entregó para que fuera crucificado”. Cristo, maniatado, coronado de espinas, flagelado, sentado en un calabozo esperando como tantos otros presos, como tantos miles de prisioneros a lo largo del mundo, el momento en el cual se abra la puerta del calabozo para ir hacia el patíbulo, para ir hacia el cadalso.

Atrevámonos a contemplar a Cristo y veamos cómo, sobre su cuerpo, se ha ido escribiendo como una historia trágica todos los recorridos de su pasión. En su cuerpo están escritos, a través de las huellas, a través de las heridas, a través de los escupitajos, a través de los golpes, a través de la sangre, todos los momentos que le han acontecido. Por nuestra mente pueden pasar como un relámpago las situaciones por las que Él ha querido atravesar. Hagamos nuestra la imagen del Señor listo para ir al Calvario. ¡Cuántos dolores pasó desde el momento de su prendimiento a través de los tribunales y a través de las burlas!

Si nos atenemos simplemente a lo que nos narran los evangelios acerca de los golpes, la flagelación, la corona de espinas, y junto con eso todos los golpes físicos, humillantes y dolorosos, sabremos por qué los evangelistas resumen en una frase el tremendo suplicio de la flagelación…, ¡no hacía falta describir más!: “Pilatos tomó entonces a Jesús y lo mandó azotar”. En el contexto en el que son escritos los evangelios, todos conocían perfectamente lo que significaba la flagelación. Y todo los dolores morales, las humillaciones, las vejaciones, Cristo lo tiene escrito en su cuerpo, lo tiene grabado en su carne, por mí.

A veces los dolores morales son mucho más intensos, mucho más agudos que los dolores físicos. A veces podríamos haber perdido el sentido de lo que es la carencia de todo respeto, la carencia de todo límite, de toda decencia.

¡Cuántas obscenidades, cuántas groserías, cuántas vejaciones habrá escuchado Jesús! Él, de cuya boca jamás salió palabra hiriente, tiene que escuchar toda una serie de insultos y vejaciones sobre Él, sobre su Padre, sobre su familia… ¡Y todo, por mí!

¡Cuántos dolores —en lo espiritual— al verse abandonado por los suyos! ¿Dónde está Pedro?, ¿Dónde está Juan? “Prudentemente lo seguían”. ¿Dónde está Tomás, Andrés, Nathanael y Santiago? ¿Dónde están los que querían hacer llover fuego sobre la ciudad de Samaria por el simple hecho de que no recibían al Maestro?, ¿Dónde están, ahora que el Maestro no sólo no es recibido, sino que es condenado a muerte, abandonado, traicionado?

Traicionado por los suyos, mal interpretado, injuriado, calumniado. ¡Qué doloroso es ver que lo abandonan sus amigos, que es objeto de burlas soeces, que sufre golpes, malos tratos, despojos! ¡Qué heridas le causan en el alma la tristeza, el tedio, el miedo y las vejaciones!

Contemplemos la corona de espinas en la cabeza, la cara abofeteada y escupida y el cuerpo lleno de heridas. ¡Y todo, por mí! Vayamos sobre nosotros mismos y preguntémonos: ¿qué voy a hacer yo? Éste es el cuerpo de Cristo, el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, ante el cual toda la Iglesia se arrodilla, y ante el cual todos los hombres han pasado por encima del respeto humano y le han ofrecido sus vidas.

Y ¿qué hay en el alma de Cristo? Antes de salir a la cruz, nos podría asustar ver su cuerpo. ¿Qué sentimiento podría surgir en nosotros al ver su alma? ¿Me atrevo a bajar ahí para ver qué hay en ella? Quizá nos podría asustar el ver la soledad y el desamparo en que se debate su alma. En el alma de Cristo está profundamente arraigada la soledad y el abandono.

Apliquemos esto a nuestra vida. Cristo acaba de sufrir todos los suplicios. Cristo está sufriendo el suplicio interior de la soledad y la incomprensión. ¿Qué capacidad tengo yo de acompañar a Cristo en su soledad y en su abandono? ¿Hasta qué punto he comprendido yo a Cristo en su misión? Me podré espantar quizá de que Pedro, Juan, Andrés, Santiago, no hayan comprendido a Cristo. ¿Y yo? Si Cristo estuviese en el calabozo y viese mi alma ¿se sentiría acompañado, se sentiría comprendido?

De cara a mi alma, ¿cuál es mi fuerza interior ante las incomprensiones que Dios permite en mi vida, por parte, incluso, de los más cercanos?

Debemos ser para los demás testigos de que la soledad del alma es redentora, de que la soledad del alma tiene una capacidad de fecundidad que, quizá muchas veces, nosotros no somos capaces de valorar porque no la hacemos tesoro junto a Cristo. Contemplemos a este Señor nuestro que tanto ha sufrido por nosotros, para aprender también que nosotros podemos sufrir por Él.

Autor: P. Cipriano Sánchez LC | Fuente: Catholic.net

Durante su visita a Fulda, Alemania, realizada en Noviembre de 1980, Su Santidad Juan Pablo II concedió una entrevista a los periodistas de la Revista “Stimme des Glaubens”. En el curso de la misma fue interrogado, entre otras cosas, de la siguiente manera:
Periodista: “Santo Padre, ¿cuál es su opinión sobre la COMUNIÓN EN LA MANO?
Juan Pablo II: “Hay una carta Apostólica sobre la existencia de un permiso especial válido para ésto. PERO YO LE DIGO A USTED QUE NO ESTOY A FAVOR DE ESTA PRÁCTICA, NI TAMPOCO LA RECOMIENDO.
El permiso fue otorgado debido a la insistencia de algunos Obispos diocesanos”.

Esta nota trata de contestar más o menos brevemente algunas de las objeciones que se escuchan por la calle – y en algunas Parroquias – al hablar de la COMUNIÓN EN LA MANO, viniendo de personas que no están bien informadas. Habrá quienes a su poca información han añadido opiniones personales poco objetivas, interesadas, que encubren – más o menos inconscientemente – cierta soberbia. Estos y los que radicalmente aceptan por bueno todo lo que hace la mayoría… probablemente no comprendan nada.

Se objeta frecuentemente:

1.- “Jesús dio en el Cenáculo la Comunión en la mano a los Apóstoles”Eso no lo dice el Evangelio. Es sólo una suposición. Las únicas manos que aparecen como protagonistas en el relato evangélico son las “santas y venerables” de Jesús. Pero aún cuando así fuere, lo que no carece de lógica, los Apóstoles estaban siendo ordenados Sacerdotes, o mejor, Obispos, del Nuevo Rito del Nuevo Testamento. Ellos podían; los simples fieles no pueden, pues no tienen el Sacerdocio ministerial ni han recibido ningún grado del Sacramento del Orden. Y como dice Santo Tomás: “A ningún otro, sino al Sacerdote, le es lícito tocarlo”.

2.- “Lo ha aprobado la Iglesia”Eso es media verdad. Para empezar, debemos recordar que la mayoría de los Obispos del mundo estaba en contra de esta práctica. Consultados por orden del Santo Padre acerca de tres cuestiones, estas son las respuestas:
“a.- ¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo tradicional, se permita también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano?
Respuestas: Placet (Sí) 567 votos, Non placet (No) 1.233 votos
b.- ¿Place que se hagan experimentos de este nuevo rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del Ordinario del lugar?
Respuestas: Placet (Sí) 751 votos, Non placet (No) 1.215 votos
c.- ¿Piensa que los fieles, después de una preparación catequética bien ordenada, han de recibir de buen grado este rito?
Respuestas: Placet (Sí) 835 votos, Non placet (No) 1.185 votos
Por las respuestas dadas se ve que la mayor parte de los Obispos estiman que no se debe cambiar la disciplina vigente; más aún, que el cambio sería dañoso, tanto para el sentimiento como para el culto espiritual de los mismos Obispos y de muchos fieles.”
(Estos datos son TEXTUALES DE LA INSTRUCCIÓN “MEMORIALE DOMINI” del 29 de Mayo de 1969.)
Además, la aprobación eclesiástica se concede sólo a las Conferencias Episcopales que lo solicitan; y, aún así, cada Obispo en su Diócesis tiene Autoridad para aprobar o no este rito. Hay, por tanto, países y Diócesis en las que el rito de Comulgar en la mano está prohibido. Argentina es uno de estos.

3.- “No es más santa la lengua que la mano”Efectivamente, la Santidad no depende de la Anatomía; no está en los miembros del cuerpo sino en el recto uso que hagamos de ellos según la Voluntad de Dios. Nuestros cuerpos no nos pertenecen; son Templos de Dios: “Glorificad a Dios con vuestro cuerpo” (I Cor. 6,13-20), nos dice S. Pablo. Tenemos distintos miembros y sentidos, con distintas funciones. Las manos son los elementos de posesión que más nos relacionan con el medio. De ahí que en múltiples expresiones nos refiramos a ellas: “manos a la obra” “échale una mano”, “daos la mano”, “llegar a las manos”, “todo pasa por sus manos”… Las manos parecen estar al final del camino de los sentidos. A muchos de los que visitan una exposición les gusta ver y… tocar. El tacto encierra un sentido de cierto dominio sobre lo tocado; por eso no está bien tocar lo que a uno no le pertenece, tocarlo todo. El deportista que con su esfuerzo ha logrado vencer en una prueba puede acariciar con sus manos, satisfecho el trofeo que se ha merecido. En la Comunión Cristo viene a nosotros, pero… “no somos dignos”, recitamos antes de Comulgar. No recibimos un trofeo humano, material. No es que yo merezca la Eucaristía, como podría pensar aquel fariseo cumplidor que oraba de pie en el Templo. La Sagrada Eucaristía es un Regalo del Padre que sobrepasa infinitamente mis merecimientos, y que yo debo recibir con humildad y acción de gracias. No es Algo que yo deba estrechar en mis manos pecadoras, sino en mi pecho, en mi corazón contrito, amoroso, confiado. Sto. Tomás, incrédulo y desconfiado, quería ver y tocar las llagas de Cristo resucitado, pero fue reprendido por Jesús. Además está la cuestión de la dignidad; al sacerdote se le ungen las manos; son manos sagradas. El mismo es algo sagrado, segregado de la comunidad para el servicio divino (Heb. 5,1). Las manos del fiel son profanas, mundanas… Seamos humildes: cada uno desde su puesto, procuremos dar la mayor gloria a Dios.

4.- “No es una práctica nueva”Pero sí superada y desechada por la Iglesia, que guiada por el Espíritu Santo camina hacia su perfección. La Comunión en la mano es hoy un anacronismo; con un agravante: cuando se utilizaba esta práctica no se comprendía con tanta profundidad el Misterio Eucarístico.

5.- “Para los antiguos Cristianos, Comulgar en la mano no significaba menos respeto que comulgar en la boca”La comparación no es válida, pues los Cristianos a que se refieren sólo conocían el primer modo. Sin embargo los Santos Padres pedían a los fieles que se acercaran a comulgar “con temor y temblor” (Cfr. S. Juan Crisóstomo, S. Jerónimo, S. Agustín…). Y se respira en ellos un clima de respeto y un sentimiento de indignidad, que están pidiendo a gritos la llegada del rito de la Comunión en la boca.

6.- “En la mano es un gesto más natural” Puede parecerlo. Pero en la Sagrada Eucarística no hay nada natural. Todo es sobrenatural. No es pan y vino lo que tomamos. Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

7.- “Es más higiénico Comulgar en la mano” Este temor de algunos nos recuerda el de los Apóstoles cuando en la barca agitada por el temporal, despiertan asustados a Cristo, que parece dormido. Él les dice: “¿Por qué teméis, hombres de poca Fe?” (Mt 8,26). Debíamos pensar: ¿Acaso el Cuerpo de Cristo, cuyo manto curó a la hemorroísa, va a ser causa de enfermedades?. Realmente es un argumento que denota poca Fe. San Hipólito decía: “Cada fiel procure tomar la Eucaristía… pues si es fiel en tomarla, aunque se le dé veneno mortal, no tendrá el veneno poder sobre él” ¿Que el Sacerdote mete a veces los dedos en la boca del comulgante? Puede ser; pero hay una solución: que ni el ministro ni el fiel tengan prisa en el acto más grande de nuestra Religión. Y una vez más lo decimos: No es cuestión de higiene sino de dignidad.

8.- “En caso de aglomeración de fieles, cualquiera puede dar la Comunión, para que la Ceremonia no se alargue”Es una tentación. Recordemos de nuevo que Cristo no entregó su Cuerpo a las multitudes del Monte de las Bienaventuranzas. Allí ofreció sólo un símbolo eucarístico, y les alimentó con el Pan de su Palabra. Pero su Cuerpo y su Sangre los reservó para un lugar callado, tranquilo, sin prisas, en la intimidad, con el pequeño grupo de Apóstoles escogidos (sólo Judas tenía prisa por consumar su traición).
Pero si a pesar de todo se desea celebrar la Eucaristía en medio de la muchedumbre, hay que organizar bien la Ceremonia o suspenderla. Se debe conseguir un grupo de sacerdotes proporcional al de fieles. Deben ofrecerse a la multitud, con tiempo suficiente, los servicios del Sacramento de la Penitencia. Hay que preparar dignamente el lugar, y organizar con todo detalle el momento solemne de la Comunión para que se cumpla escrupulosamente toda la Liturgia.

9.- “La Ceremonia es más rápida si se Comulga en la mano”Esto no es cierto. La Liturgia, cuando se autoriza la Comunión en la mano, contiene los siguientes requisitos:
1.- El comulgante hace un acto de Adoración.
2.- El Sacerdote observa si la mano del comulgante está limpia.
3.- El comulgante extiende la mano izquierda sobre la derecha.
4.- El Sacerdote muestra la Sagrada Forma diciendo: “El Cuerpo de Cristo”, y espera a que el comulgante responda: “Amén”.
5.- El Sacerdote deposita la Sagrada Forma en la mano del que comulga.
6.- El fiel toma el Santísimo con su mano derecha y lo lleva a la boca.
7.- Consume la Eucaristía delante del Sacerdote.
8.- Tanto el Sacerdote como el fiel han de comprobar que no quedan Partículas Sagradas en la mano.
Pero no es cuestión de rapidez sino de dignidad. A Dios no se le escatima el tiempo

¿COMUNIÓN EN LA MANO Ó EN LA BOCA?

Esta es la decisión que debe tomar el fiel cuando se acerca a recibir la Sagrada Eucaristía. ¿Cuál forma es la mejor? y sobre todo, cual es la que agrada a Jesús. Generalmente se está mal informado en este tema, y es importante tener en claro cual es la legislación vigente dentro de nuestra Iglesia para saber discernir correctamente entre la verdad y los malintencionados que lamentablemente hoy abundan.

Uno de los mejores libros para recomendar sobre este tema es el denominado “COMUNION EN LA MANO” (año 1997) –utilizaremos la abreviatura CM– cuyo autor es Mons. Juan Rodolfo Laise, Obispo de San Luis, QUE PROHIBIÓ LA COMUNIÓN EN LA MANO EN TODA SU DIÓCESIS DE SAN LUIS, ARGENTINA, quién comenta con respecto a esta forma de comulgar: «Conociendo la historia de este rito REINTRODUCIDO CLANDESTI- NAMENTE, DIFUNDIDO EN BASE A EQUÍVOCOS Y CONFIRMADO POR MEDIO DE DESOBEDIENCIAS INQUEBRANTABLES… imponiendo a lo largo de veintisiete años un uso al que el Papa no quería autorizar por considerarlo peligroso para el bien de la Iglesia, hasta que lograron finalmente que se extendiera por casi todo el mundo.» (CM, p.133). Y «el mismo Pablo VI ha tenido que LAMENTAR PÚBLICAMENTE “ciertas formas de actuación en diferentes partes de la Iglesia, que son motivo de no poca preocupación y dolor”. Y prosigue el Papa: “Nos referimos sobre todo a esa mentalidad según la cual muchos reciben con disgusto cuanto proceda de la autoridad eclesiástica, o sea lo que está preceptuado por la ley. Razón por la cual sucede que en materia litúrgica hasta las mismas Conferencias Episcopales alguna vez proceden por su cuenta más de lo justo. Ocurre también que se hacen experimentos arbitrarios y se introducen ritos que repugnan abiertamente a las normas de la Iglesia” (Discurso al Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, 14 de octubre de 1968, A.A.S., 1968, p.735).» (CM, p.119).
Y sin respetar la legislación universal de la Iglesia de comulgar en la boca, el Papa Pablo VI denuncia –en su Instrucción Memoriale Domini (abreviatura MD)– la introducción de la comunión en la mano sin autorización: «Y aún más, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este rito, a pesar de no haberse pedido antes la Aprobación de la Sede Apostólica…» (MD, 1274 –numeración del Enchiridion Vaticanum, tomo 3-) (CM, pp.17 y 19).«la introducción de este uso ha sido ILEGAL y ABUSIVA» (CM, p.55) «En realidad el fin de MD no fue instrumentar la adopción de la comunión en la mano sino mantener su prohibición» (CM, p.136). Sin embargo, primitivamente, en los primeros tiempos de la Iglesia se comulgaba en la mano que es «un evidente anacronismo: los antiguos no conocían otro modo de comulgar» (CM, p.69) «pero la comunión en la boca es el modo que hubieran deseado tener». (CM, p.68). «Sin embargo, las prescripciones de la Iglesia y los documentos de los Padres manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la suma prudencia tenidas para con la Sagrada Eucaristía. Porque “nadie… come aquella carne a no ser que previamente la haya adorado”, y al sumirla cada uno es amonestado: “…recíbela cuidando que nada de ella se pierda”: “Porque es el Cuerpo de Cristo”». (MD, 1275) (CM, p.19).

¿Porqué la Iglesia cambió y prefirió la actual forma tradicional
de comulgar en la boca?

«El cambio del uso primitivo y sus razones

1276 …Andando el tiempo, después de que la verdad del misterio eucarístico, su eficacia y la presencia de Cristo en el mismo fueron escrutadas más profundamente, por urgirlo ya el sentido de la reverencia hacia este Santísimo Sacramento, ya el sentido de la humildad con la que es preciso que éste sea recibido, se introdujo la costumbre de que el ministro pusiese por sí mismo la partícula de pan consagrado en la lengua de los que recibían la comunión.
[Hace referencia Mons. Laise al historiador Jungmanns]: «Esta costumbre de entregar la Eucaristía en la mano traía consigo el peligro de abusos… Con todo, más que el temor a los abusos, influyó, sin duda, la creciente reverencia al sacramento a que se diese más tarde la sagrada forma directamente en la boca. Aunque existen noticias de épocas anteriores, testimonios ciertos de la abolición -la comunión en la mano- se dan sólo en el siglo IX…» (CM, p.58)

Motivos para conservar la comunión en la boca

1277 Este modo de distribuir la santa Comunión, considerado el estado actual de la Iglesia en su conjunto, DEBE SER CONSERVADO, no solamente porque se apoya en un uso transmitido por una tradición de muchos siglos, sino, principalmente, porque significa la reverencia de los fieles cristianos hacia la Eucaristía. Ahora bien, este uso no quita nada a la dignidad de la persona de los que se acercan a tan gran Sacramento y es propio de la preparación que se requiere para recibir el Cuerpo del Señor del modo más fructuoso posible…
1278 Por lo demás, con esta manera de obrar, que ya debe considerarse tradicional, se asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, el decoro y la dignidad que le son debidas DE MODO QUE SE APARTE TODO PELIGRO DE PROFANAR LAS ESPECIES EUCARÍSTICAS, en las que “de modo singular está presente todo y entero Cristo, Dios y hombre, de manera substancial y permanente”; y finalmente, para que se guarde con diligencia el cuidado que la Iglesia ha recomendado siempre acerca de los fragmentos mismo del pan consagrado: “Pues lo que dejas caer, considéralo, como amputado de tus propios miembros.”». (MD 1276-1278) (CM, pp.21, 23).

Entonces el mismo Papa Pablo VI PROHIBE LA COMUNIÓN EN LA MANO EL CUAL LO CONSIDERA UN CAMBIO OFENSIVO, luego de hacer una encuesta a todos los Obispos del mundo, que: «Sobre 2.136 votantes sólo el 26,6% votó a favor…» (CM, p.72) de comulgar en la mano. Veamos el texto:

«…EL PAPA DECIDE NO PERMITIR LA COMUNIÓN EN LA MANO…

Advertencia sobre los peligros que conlleva el cambio

1279 Pues, UN CAMBIO EN UN ASUNTO DE TANTA IMPORTANCIA que se apoya en una antiquísima y venerable tradición, además de lo que toca a la disciplina, puede traer consigo también peligros, que se teme que quizá surjan del nuevo modo de administrar la Sagrada Comunión, a saber: el que se llegue ya a una menor reverencia hacia el augusto Sacramento del Altar, ya a la profanación del mismo Sacramento, ya a la adulteración de la recta doctrina…
1280… Consiguientemente, a partir de las respuestas dadas, es evidente que la inmensa mayoría de los obispos estima que de ninguna manera se debe cambiar la disciplina actual; más aún, si se cambiara, este cambio sería ofensivo, tanto para la sensibilidad como para la espiritualidad de estos mismos obispos y de la mayoría de los fieles.

Decisión definitiva del Papa

1281 Así, pues, teniendo en cuenta las advertencias y los consejos de aquellos a quienes “el Espíritu Santo ha puesto como obispos para regir” la Iglesias, en razón de la gravedad del asunto y la fuerza de los argumentos aducidos, AL SUMO PONTÍFICE NO LE PARECE OPORTUNO MUDAR EL MODO HACE MUCHO TIEMPO RECIBIDO DE ADMINISTRAR A LOS FIELES LA SAGRADA COMUNION -”Esto es, en síntesis, lo que la Instrucción Memoriale Domini quiere comunicar, es decir, EL FIN DEL DOCUMENTO”» (CM, p.75) comenta Mons. Laise la ratificación y vigencia en todo su vigor como ley universal dentro de la Iglesia de comulgar en la boca-.
«Parte dispositiva

En consecuencia, la Sede Apostólica exhorta vehementemente a los obispos, sacerdotes y fieles a que se sometan diligentemente (el término original “studiose” significa aclara Mons. Laise con respecto a la traducción de MD,: con aplicación, con cuidado, con diligencia, con ardor, con gusto, con empeño, con amor.) a la ley ya vigente y otra vez confirmada, atendiendo tanto al juicio aportado por la mayor parte del Episcopado católico, como a la forma que utiliza el rito actual de la sagrada liturgia como finalmente, al bien común de la misma Iglesia.”» (MD 1279-1281), (CM pp.23, 25, 27).
Pero, el daño ya estaba hecho, la comunión en la mano se había difundido, a pesar de los intentos del Papa por evitarlo, por eso, «la Carta enviada por el Consilium en nombre del Papa a todos los obispos junto con la ficha de votación decía: «”En los países y en las regiones donde la nueva práctica de poner la partícula en la mano se ha introducido parece cada vez más difícil, si no directamente imposible, impedirla”. El mismo Pablo VI, en el apunte autógrafo en el que propuso el esquema de MD, dice: “ha de tenerse presente que el uso o el abuso de la distribución de la sagrada comunión [en la mano] está ya ampliamente difundido en algunos países y que los obispos [por ejemplo el Cardenal Suenens, etc.] no cree posible reprimirlo.

También el Cardenal Gut, el Prefecto de la Congregación del Culto Divino que firmó MD, en una entrevista publicada el 20 de julio de 1969, da testimonio de aquellos tiempos difíciles: “Hasta el presente se había permitido a los obispos autorizar experiencias, pero con frecuencia se han franqueado los límites de esta autorización y muchos sacerdotes han simplemente hecho lo que han querido. En ese caso, lo que ha ocurrido algunas veces es que ellos se han impuesto. Estas iniciativas, tomadas sin autorización, con frecuencia no podían ser detenidas porque se habían expandido demasiado lejos. Con su gran bondad y prudencia, el Santo Padre ha con frecuencia cedido, y muchas veces lo ha hecho contra su voluntad.”» (CM, pp.78-79).

Y es así que el Papa concede la posibilidad del INDULTO para las situaciones irregulares, que obviamente no significa cambiar la comunión en la boca por recibirla en la mano:

«Actitud ante las situaciones irregulares

1282 Pero si en alguna parte el uso contrario, es decir, el de poner la Santa Comunión en las manos, hubiera arraigado ya, la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir su oficio pastoral, con frecuencia más difícil que nunca por la situación actual, confía a estas mismas conferencias la carga y el oficio de sopesar las circunstancias peculiares, si las hay, con la condición, sin embargo, tanto de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía, como también que se quiten con todo cuidado otros inconvenientes
Procedimiento para obtener el indulto

1283 En adelante en estos casos determinados, para ordenar rectamente tal uso, las Conferencias Episcopales, previo un prudente examen, tomarán oportunamente deliberaciones que deberán obtener en votación secreta dos tercios de los votos; deliberaciones que luego han de ser presentadas a la Santa Sede, para su necesaria confirmación, remitiendo aneja una exposición precisa de los motivos que han llevado a hacerlas. La Santa Sede ponderará cuidadosamente cada caso en particular, sin olvidar aquella conjunción que se da entre las varias Iglesias locales entre sí o la de cada una con la Iglesia universal, para promover así el bien común y la común edificación, y para el aumento de la fe y de la piedad, que brota del ejemplo mutuo.”» (CM, pp.27, 29).

¿Por qué el Papa concede el indulto si sabe las consecuencias?

Con el indulto no se busca derogar la comunión en la boca. «No se concede un bien sino algo de suyo MUCHO MÁS IMPERFECTO comunión en la mano que la ley general en vigor comunión en la boca. Esta concesión se debe a la decisión prudencial de TOLERAR un uso peligroso para evitar un mal mayor (la desobediencia generalizada)» (CM, p.126). «Es más, la solución deseada hubiera sido cerrar la puerta a toda concesión pero se la adoptó temiendo “una reacción violenta en algunas zonas y una desobediencia más difundida donde el uso ya esté introducido” » (CM, p.134) A pesar que aquella solución hubiera tenido «el apoyo de la mayoría absoluta, evitaría las consecuencias negativas, temidas a causa del uso de la comunión en la mano y tendría el apoyo de amplia parte del clero y de los fieles» (CM, p.114). Considerando todo esto el indulto fue aceptado pero «cuya concesión fue fruto de la política del “hecho consumado”» (CM, p.137). Y el 2 de octubre de 1968 hubo una reunión de los secretarios de los dicasterios involucrados y la situación, con respecto a la comunión en la mano, es que «el uso está ya introducido y es difícil impedirlo, sin embargo parece preferible regularlo; no toca el dogma sino sólo la disciplina. Los peligros: coexistencia de dos modos de distribuir la comunión, debilitamiento del culto hacia la Eucaristía, peligro de profanaciones, ceder a una imposición venida de abajo.» (CM, p.102).

Conclusión: «la comunión en la mano se introdujo sin autorización. Pablo VI se opuso tenazmente a permitirla pero decidió otorgar un indulto sólo donde el uso estaba ya arraigado y esto con el propósito de “ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir su oficio pastoral, con frecuencia más difícil que nunca a causa de la situación actual”» (CM, p.118).

Con respecto a la introducción de la comunión en nuestro país por parte la Conferencia Episcopal Argentina, es de comentar su documento Fundamentos presentados en la Asamblea Plenaria de abril de 1996 en San Miguel, AICADOC 373, Suplemento del Boletín Informativo AICA n 2068 del 7 de agosto de 1996, p. 241 y también el denominado “El Pan Vivo”; esta es la reflexión final de Mons. Laise refutando las razones sin razón de aquellos responsables de la introducción de este rito en nuestro país: «Si la introducción de la comunión en la mano es “sin duda un signo de crecimiento de la vida eclesial” -”El Pan Vivo”, p.5-, si “es motivo de alegría retomar esta genuina tradición” Ibid. p.16 o si “no se puede afirmar o priorizar que un modo sea mejor que otro” Ibid. p.18 no se entiende por qué en 1968 a Pablo VI “no le ha parecido oportuno mudar el modo hace mucho tiempo recibido de dar la comunión” y exhortó vehementemente a someterse a esta disposición; y mucho menos se entiende porqué en 1996 Juan Pablo II mantiene como norma dichas disposiciones. Si las afirmaciones de “El Pan Vivo” y los Fundamentos son ciertos, entonces Pablo VI se equivocó gravemente al no “redescubrir” las riquezas de ese rito. Es más, la prohibición estricta del s. X, que se mantuvo casi un milenio, fue un error pues pretendió erradicar para siempre algo valioso que recién ahora podemos “redescubrir”, y esto sólo gracias a un indulto.

La respuesta es que la nueva praxis no ha sido querida por la Santa Sede, ni es parte de la reforma litúrgica posconciliar sino sólo ha sido permitida por la tenaz insistencia de algunas Conferencias Episcopales (sobre todo de países protestantes); y esto sólo después de una introducción totalmente abusiva, a la cual no fue posible resistir, a pesar de la quejas y prohibiciones de Roma.» (CM, p.135).

¿Se pudo haber utilizado la mentira
para introducir la comunión en la mano en Argentina?

«Pero en “El Pan Vivo” la confusión llega a su punto culminante: “A fines de 1968, la Santa Sede hizo una consulta a los obispos de mundo acerca del tema de la comunión en la mano. Más de un tercio veía la posibilidad con buenos ojos. En 1969 la Instrucción Memoriale Domini estableció que, donde lo creyeran conveniente las Conferencias Episcopales, por más de dos tercios de votos de sus Obispos, se podía dejar a los fieles la libertad de recibir la comunión en la mano” (p.16). Decir que “más de un tercio veía la posibilidad con buenos ojos”, cuando MD dice “a partir de las respuestas dadas, es evidente que la inmensa mayoría de los obispos estima que de ninguna manera se debe cambiar la disciplina actual”, ES DESVIRTUAR la realidad histórica y el pensamiento de Pablo VI; pero afirmar que “la Instrucción Memoriale Domini estableció que, donde lo creyeran conveniente las Conferencias Episcopales, por más de dos tercios de votos de sus Obispos, se podía dejar a los fieles la libertad de recibir la comunión en la mano”, ES FALTAR A LA VERDAD; lo que la MD estableció es que la ley que determinaba que la comunión debía darse solamente en la boca del fiel continuaba vigente y sin cambios. Concedió, es cierto, un indulto, pero no “donde lo creyeran conveniente la Conferencias Episcopales” sino donde el uso “hubiera arraigado ya”, poniendo serias condiciones. (MD 1282-1283).» (CM, pp.7374), o sea, además pidieron el indulto para nuestro país, donde la comunión en la mano NO HABÍA ARRAIGADO, y así lograron introducirla con estos “manejos”, faltando a la verdad y fuera de la legislación vigente. A ésto hay que agregarle otra mentira más pues hay varios malos eclesiásticos que dicen que comulgar de rodillas y en la boca está prohibido, cuando S.S. Juan Pablo II legisló al respecto en la Instrucción Inaestimabile Donum, punto 11, “Por lo que se refiere al modo de acercarse a la comunión, ésta puede recibirse por los fieles, BIEN SEA DE RODILLAS, BIEN DE PIE…”
PARA TENER EN CUENTA

«”Se asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con… la dignidad», etc. Aquí también hay que recordar las palabras del [MD 1273]: “mucho le importa que la Eucaristía sea celebrada… del modo más digno posible”; este modo más digno posible es, según lo que se dice aquí, la comunión en la boca.
“para que se guarde con diligencia…”. Notemos que la MD presenta aquí el tan citado texto de San Cirilo sólo para ilustrar el extremo cuidado que tenía la Iglesia primitiva aún con los más pequeños fragmentos del pan consagrado (“…recíbela cuidando que nada de ella se pierda”) y las cita entre otros testimonios que “manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la suma prudencia tenidas para con la Sagrada Eucaristía”. Esto es más evidente aún en las palabras que siguen en el texto de San Cirilo: “Porque dime: si alguno te diese unas limaduras de oro ¿no las guardarías con toda diligencia procurando no perder nada de ellas? ¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?”). Más aún, la instrucción lo cita afirmando claramente que este cuidado deseado por San Cirilo, se ve mucho más eficazmente garantizado por la comunión en la boca, pues ésta “asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, el decoro y la dignidad que le son debidas de modo QUE SE APARTE TODO PELIGRO DE PROFANAR LAS ESPECIES EUCARÍSTICAS… y para que se guarde con diligencia el cuidado que la Iglesia ha recomendado siempre acerca de los fragmentos mismos del pan consagrado”.

AL DECIR “TODO PELIGRO DE PROFANAR” SE REFIERE TAMBIÉN A LOS SACRILEGIOS MATERIALES QUE SE PRODUCIRÍAN CON LA CAÍDA DE LAS FORMAS O DE LOS FRAGMENTOS. Los testimonios antiguos en este sentido son múltiples. Tertuliano, por ejemplo, dice: “cuidamos escrupulosamente que algo del cáliz o del pan pueda caer a tierra” (De corona, 3 PL 2, 99); San Hipólito recomienda “cada uno esté atento… que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo que debe ser comido por los fieles y no despreciado” (Trad. Ap. 32.); San Efrén: “comed este pan y no piséis sus migas… una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen” (Serm. in hebd. s., 4, 4); y Orígenes: “Con qué precaución y veneración, cuando recibís el Cuerpo del Señor lo conserváis, de manera que no caiga nada o se pierda algo del don consagrado. Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra” (In Exod. Hom., hom. XIII, 3, Migne, PG 12, 391.); el mismo Pablo VI comenta así este último texto: «”Consta que los fieles creían y con razón, QUE PECABAN, como recuerda Orígenes, si, habiendo recibido el cuerpo del Señor, y conservándolo con todo cuidado y veneración, algún fragmento caía por negligencia” (Mysterium Fidei, 32).

Alguno podría, con todo, preguntarse qué debe entenderse aquí por “fragmentos”; ante dudas planteadas en este sentido, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha respondido con claridad: “Después de la sagrada comunión, no sólo las hostias que quedan y las partículas de hostia que se han desprendido de ellas y que conservan el aspecto exterior del pan deben ser conservadas o consumidas respetuosamente, a causa del respeto debido a la presencia eucarística de Cristo, sino que también para los otros fragmentos de hostia se debe observar lo prescrito sobre la purificación de la patena y el cáliz en la Normas Generales del Misal Romano…” (Declaración De Particulis et fragmentis hostiarum reverenter conservandis vel sumendis, 2 de mayo de 1972).» (CM, pp.66-68).

«LA COMUNION EN LA MANO NO NOS ACERCA A LAS FUENTES DE LA IGLESIA PRIMITIVA SINO AL PROTESTANTISMO Y A MUCHAS DESVIACIONES DOCTRINALES ACTUALES» (CM, p.128) Veamos un ejemplo “Debe tenerse en cuenta además que el uso de la comunión en la mano NO SÓLO HA SIDO ABANDONADO, SINO QUE FUE PROHIBIDO EXPRESAMENTE (“No se debe entregar la Eucaristía en manos de ningún laico, hombre o mujer, sino solamente en la boca”, Sínodo de Ruán (878); testimonios similares se hallan en Reginon de Prüm. De eccless. disciplinis, I 199, VII, y el Ordo Romanus (s. X-XI).). “Este modo de distribuir la Santa Comunión… debe ser conservado”. (MD 1277)… sobre todo porque este gesto litúrgico “significa la reverencia de los fieles cristianos hacia la Eucaristía. Nótese la fuerza de esta expresión usada después de decir que la Iglesia “atestigua a través del rito mismo la fe y la adoración dirigidas a Cristo” (MD 1273). Este significado de reverencia era tan notorio que reformadores protestantes como Martín Bucero, asesor de la reforma anglicana, se esforzaron en cambiar el uso e introdujeron la comunión en la mano para que sus fieles no pensaran que Cristo estaba presente bajo la forma de pan: “No hay dudas de que el uso de no poner estos sacramentos en la mano de los fieles se debe a dos supersticiones: en primer lugar, el honor falso que pretenden tributar a este sacramento y en segundo lugar, la perversa arrogancia de los sacerdotes que presumen tener mayor santidad que el Pueblo de Cristo, a causa del crisma de la consagración.

Indudablemente el Señor dio sus símbolos sagrados obsérvese como no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía… llaman a la Hostia consagrada, símbolo a los apóstoles en la mano y nadie que haya leído los escritos de los antiguos puede dudar de que éste era el uso de las iglesias hasta el advenimiento de la tiranía del Anticristo Romano para los protestantes el Anticristo es el Papa.

Y dado que debe detestarse toda superstición del Anticristo Romano y retomarse la simplicidad de Cristo, de los apóstoles y de las antiguas iglesias, quiero que se mande a los pastores y maestros del pueblo que cada uno enseñe que es supersticioso y malicioso pensar que las manos de los que realmente creen en Cristo son menos puras que sus bocas, o que las manos de los ministros son más santas que las manos de los laicos, de tal manera que sería malo, o menos correcto -como en otro tiempo creía erradamente el pueblo sencillo- que los laicos recibieran esos sacramentos en la mano. Por lo tanto, quisiera que sean eliminadas las manifestaciones de esta creencia perversa es decir: que los ministros puedan tocar los sacramentos pero no permitan a los laicos hacerlo, poniendo en cambio los sacramentos en su boca -esto no solamente es extraño a lo que fue instituido por el Señor sino también ofensivo a la razón humana-. (justamente afirma lo contrario de Pablo VI, donde dice con respecto a la comunión en la mano que: “ESTE CAMBIO SERÍA OFENSIVO” (MD 1280)).

De este modo las buenas gentes serán fácilmente conducidas a recibir los símbolos sagrados en la mano, se mantendrá la uniformidad y se tomarán precauciones contra toda forma de profanación de los sacramentos.

Y si bien por un tiempo puede hacerse una concesión a aquellos cuya fe es débil dándoles la libertad de recibir los sacramentos en la boca cuando lo deseen, si son cuidadosamente instruidos pronto se pondrán en consonancia con el resto de la Iglesia y tomarán el Sacramento en la mano”: citado por D. Harrison, The First and Second PrayerBooks of Edward VI. London, 1968, p.392. Cf. E.C. Whitaker, Martin Bucer and the book of Common Prayer, London, 1974.”» (CM, pp.61 y 62).

Mons. Laise en su diócesis de San Luis, decidió no acogerse al indulto, por lo tanto, en su territorio diocesano ESTA PROHIBIDO COMULGAR EN LA MANO, pues «la Carta pastoral por la cual se concede el indulto no se da la facultad de aplicarlo a la Conferencia Episcopal para todo su territorio sino a cada obispo para su diócesis. Además, si éste no lo hace, queda vigente la ley universal que prohibe la comunión en la mano. Por lo tanto, cuando en una diócesis no se adopta el indulto, no es el obispo quien prohibe la comunión, sino el Papa.”». (CM, pp.97-98).

EJEMPLOS DE TERRIBLES PROFANACIONES
A CAUSA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

Extractamos a continuación unos testimonios publicados por el Padre Enrico Zoffoli en su libro: «La Comunión en la mano, El verdadero pensamiento de la Iglesia según la verdadera historia del nuevo rito». Allí analiza a la luz de los hechos acaecidos en Italia después de la aprobación de esta forma de comulgar, mostrando los dolorosos errores en los que se cae con esta práctica, que a pesar de ser opcional, intenta imponerse, según su punto de vista, a todos por la presión ejercida a través de ciertos sacerdotes y movimientos, especialmente el Camino Neocatecumenal.
Las profanaciones de la Eucaristía llevada a los hogares durante las persecusiones en España, pasada la tempestad, sugirieron a la Jerarquía prescribir a los fieles que consumieran el Santísimo en seguida de haberlo recibido: quien osare violar la norma, sería considerado como sacrílego. Esta es una de las razones principales por las cuales la costumbre de la Comunión en la mano fue desapareciendo en todas partes hasta la abolición definitiva. Y es lo que deben reconocer hasta los más celosos sostenedores de la nueva práctica litúrgica, con la advertencia de Paulo VI en la Instrucción Memoriale Domini, gran importancia por ser la norma actualmente vigente en esta tema; ,: “… con esta forma de actuar –se refiere a dar la Comunión en la boca se evita con mayor eficacia el peligro de la profanación de las especies eucarísticas…”. Por desgracia las mejores intenciones del Papa y el firme propósito de impedir un retorno al pasado no valieron de nada. Las Conferencias Episcopales del Norte de Europa fueron las primeras en pedir y obtener ese funesto retorno, obligando a la Iglesia a repetir las humillantes experiencias de los primeros tiempos. Todo fue precedido por graves abusos, a su vez introducidos por la lenta y tenaz infiltración de la teología y práctica (la Comunión en la mano es una práctica protestante). Es demasiado fácil comprobar que todo, paso a paso, se ha desarrollado en la dirección de una crisis del dogma, en una disminución de la devoción eucarística. No sabemos si la “crisis de la Eucaristía” ha llegado a la fase más aguda; pero no puede negarse que el haber concedido la Comunión en la mano, de hecho responde a una mira preestablecida por los enemigos declarados de la Fe. En 1970 el periódico francés Vers Demain, revelaba el plan masónico, informando que al final era preciso dar el “Pan” en la mano a los comulgantes para llegar a extinguir la Fe, o sea, inducir a los creyentes a pensar que la Eucaristía no es sino un símbolo de la cena y, en definitiva, un símbolo de la común fraternidad mundial.

Pero hay algo igualmente grave a consecuencia de la concesión de Pablo VI. “Se espera toda suerte de abusos”, escribía en ese entonces el Arzobispo A. Bugnini. Desde muchas partes del mundo objetaron los Obispos: “Habría grave peligro de profanaciones”: Los del Continente africano podían informar que “ciertos hechiceros tienen empeño en poseer cosas sagradas”; por lo cual la Comunión en la mano habría favorecido sus manejos supersticiosos. Y precisamente desde el otoño de 1969 los sacrilegios comenzaron:

“En un restaurante, un joven desmenuzó una Hostia con una tijera, para comprobar si sangraba, y desilusionado la arrojó al retrete. El hecho es relatado por el mismo dueño del comercio, de religión protestante y sucedió en Noviembre de 1969, Toggenburg, S. Gallo.”.

“En un Hospital de Alemania del sur, se encontraron, en un baño, tres Hostias, casi en descomposición, robo de un muchacho asignado a la cocina, que las había tomado con la mano. Se hallaron el 22 de diciembre de 1969″.

“En un lavadero público, se encontró una Hostia consagrada en los pantalones de un chico. El mismo niño declaró que la tomó al comulgar en la mano, sucedió el 10 de enero de 1970″. Testimonio dicho por el dueño de la lavandería.

“Cierto grupo de jóvenes estudiantes, tenían un floreciente comercio de venta de Hostias consagradas, que se procuraban fácilmente, desde la introducción de la Comunión en la mano. Las Hostias fueron reunidas y clavadas en la pared, como mariposas de colección, estado en el que se hallaron alrededor de (doscientas)!”. Testimonio: el Deán de la Iglesia.

“Una señora que asistía diariamente a dos Misas, observó a un hombre que asistía también en las dos iglesias a la Santa Misa que ella frecuentaba y comulgaba en la mano, por lo tanto ¡dos veces al día! La señora informó de esto al Vicario General, a quien conocía muy bien. El hombre fue observado por varios días por la policía. Se descubrió su dirección. Un día fue detenido a la salida de su casa. Se le quitó el paquete que llevaba. Contenía un estuche con hostias! Cuando se le preguntó la razón, dio el nombre del destinatario que le garantizaba (cincuenta) francos por cada Hostia!”. Testimonio del un Padre Dominico.

“Como sacerdote, fui obligado a distribuir la Comunión en la mano y ahí observé que de las hostias, hechas de pan común, cayeron a tierra fragmentos del tamaño de una uña del meñique y, que naturalmente, fueron llevados a la calle por los zapatos sucios de los comulgantes… Durante la distribución de la Sagrada Comunión a los muchachos, un alumno arrojó de las manos de otro el Cuerpo del Señor y el sacerdote que distribuía la comunión la pisó encima, hasta que logré rescatar la Hostia Santa de debajo de los zapatos de este señor”. “Durante otra suplencia, cayó a tierra un fragmento considerable de la Hostia Consagrada y se la buscó inútilmente entre las baldosas del piso. Ciertamente se lo habrá llevado el agua, al limpiar el piso”. Testimonio: el Párroco consejero espiritual.

“Me encontraba al lado derecho del altar de S. José. Delante de mí había un señor, cuyo aspecto era notorio. Por eso le observé bien. Cuando el sacerdote había puesto la Hostia en su mano, se marchó. Yo me di vuelta y vi que levantó la Hostia en alto, mirándola por todas partes; luego mordiscó un pedacito y, de improviso, metió la mano en el bolsillo, sacó algo pienso que sería un portamonedas y puso en él la Hostia. También mi hijo, estudiante de medicina en Tubingen, observó el hecho”.

“El 11 de Enero de 1971, pasó frente a mí una señora, después de comulgar en la mano, se sacudió las mismas una con la otra como se hace para dejar caer migas al comer, las personas que venían detrás pisaron esas “migas”. No puedo resignarme al pensamiento de que Dios tenga que estar en el piso de su casa, pisoteado por tanta gente descuidada; pues como lo enseña la Iglesia, en cada fragmento, aún en los más pequeños, se halla Cristo presente, como hombre y como Dios”.

“Un párroco, abrumado por los horrores de la comunión en la mano, cuenta como máxima prueba de el peligro de esta práctica, que un niño habiendo recibido la Hostia Santa la llevó a su casa y… ¡se la dio de comer a su perro!”.


QUERIDOS HERMANOS… ESTO QUE HAN LEIDO RESUME DE ALGUN MODO EL POR QUÈ MARIA SANTISIMA Y EL SEÑOR JESUS PIDEN QUE SE COMULGUE EN LA BOCA…

Porque nuestro verdadero objetivo de vida debe ser la Santidad, tal nos lo ha marcado nuestra Santísima Madre en sus mensajes, es por ello que debemos educarnos en nuestra Fe y en nuestro ser con miras de agradar a nuestro Señor. No es una tarea fácil, pero tenemos muchos ejemplos de santos que nos dicen que es posible. Se debe comenzar por pedir la Gracia a Dios para poder lograrlo y tener el firme propósito de lo que se busca.

Hoy queremos compartirles algunos textos de alta espiritualidad, a fin de que sea de ayuda en nuestro camino por ser santos y para comenzar un tema que debe ser centro de nuestra búsqueda: El abandono de nuestro ser en manos de la Voluntad Divina.

Del libro EL SANTO ABANDONO de Dom Vital Lehodey

1. LA VOLUNTAD DE DIOS, REGLA SUPREMA

Queremos salvar nuestra alma y tender a la perfección de la vida espiritual, es decir, purificarnos de veras, progresar en todas las virtudes, llegar a la unión de amor con Dios, y por este medio transformarnos cada vez más en El; he aquí la única obra a la que hemos consagrado nuestra vida: obra de una grandeza incomparable y de un trabajo casi sin límites; que nos proporciona la libertad, la paz, el gozo, la unción del Espíritu Santo, y exige a su vez sacrificios sin número, una paciente labor de toda la vida. Esta obra gigantesca no seria tan sólo difícil, sino absolutamente imposible si contásemos sólo con nuestras fuerzas, pues es de orden absolutamente sobrenatural.

«Todo lo puedo en Aquel que me conforta»; sin Dios sólo queda la absoluta impotencia, por nosotros nada podemos hacer: ni pensar en el bien, ni desearlo, ni cumplirlo. Y no hablemos de la enmienda de nuestros vicios, de la perfecta adquisición de las virtudes, de la vida de intimidad con Dios que representan un cúmulo enorme de impotencias humanas y de intervenciones divinas. El hombre es, pues, un organismo maravilloso, por cuanto es capaz con la ayuda de Dios de llevar a cabo las obras más santas; pero es a la vez lo más pobre y necesitado que hay, ya que sin e! auxilio divino no puede concebir siquiera el pensamiento de lo bueno. Por dicha nuestra, Dios ha querido salir fiador de nuestra salvación, por lo que jamás podremos bendecirle como se merece, pero no quiere salvarnos sin nosotros y, por consiguiente, debemos unir nuestra acción a la suya con celo tanto mayor cuanto sin El nada podemos.

Nuestra santificación, nuestra salvación misma es, pues, obra de entrambos: para ella se precisan necesariamente la acción de Dios y nuestra cooperación, el acuerdo incesante de la voluntad divina y de la nuestra. El que trabaja con Dios aprovecha a cada instante; quien prescinde de El cae, o se fatiga en estéril agitación. Es, pues, de importancia suma no obrar sino unidos con Dios y esto todos los días y a cada momento, así en nuestras menores acciones como en cualquier circunstancia. porque sin esta íntima colaboración se pierde trabajo y tiempo. ¡Cuántas obras, llenas en apariencia, quedarán vacías por sólo este motivo! Por no haberlas hecho en unión con Dios, a pesar del trabajo que nos costaron, se desvanecerán ante la luz de la eternidad como sueño que se nos va así que despertamos.
Ahora bien, si Dios trabaja con nosotros en nuestra santificación, justo es que El lleve la dirección de la obra: nada se deberá hacer que no sea conforme a sus planes, bajo sus órdenes y a impulsos de su gracia. El es el primer principio y último fin; nosotros hemos nacido para obedecer a sus determinaciones. Nos llama «a la escuela del servicio divino», para ser El nuestro maestro; nos coloca en «el taller del Monasterio», para dirigir allí nuestro trabajo; «nos alista bajo su bandera» para conducirnos El mismo al combate. Al Soberano Dueño pertenece mandar, a la suma sabiduría combinar todas las cosas; la criatura no puede colaborar sino en segundo término con su Creador.

Esta continua dependencia de Dios nos impondrá innumerables actos de abnegación, y no pocas veces tendremos que sacrificar nuestras miras limitadas y nuestros caprichosos deseos con las consiguientes quejas de la naturaleza; mas guardémonos bien de escucharla. ¿Podrá cabemos mayor fortuna que tener por guía la divina sabiduría de Dios, y por ayuda la divina omnipotencia, y ser los socios de Dios en la obra de nuestra salvación; sobre todo si se tiene en cuenta que la empresa realizada en común sólo tiende a nuestro personal provecho? Dios no reclama para sí sino su gloria y hacernos bien, dejándonos todo el beneficio. El perfecciona la naturaleza, nos eleva a una vida superior, nos procura la verdadera dicha de este mundo y la bienaventuranza en germen. ¡Ah, si comprendiéramos los designios de Dios y nuestros verdaderos intereses! Seguro que no tendríamos otro deseo que obedecerle con todo esmero, ni otro temor que no obedecerle lo bastante; le suplicaríamos e insistiríamos para que hiciera su voluntad y no la nuestra. Porque abandonar su sabia y poderosa mano para seguir nuestras pobres luces y vivir a merced de nuestra fantasía, es verdadera locura y supremo infortunio.

Una consideración más nos mostrará «que en temer a Dios y hacer lo que El quiere consiste todo el hombre»; y es que la voluntad divina, tomada en general, constituye la regla suprema del bien, «la única regla de lo justo y lo perfecto»; y que la medida de su cumplimiento es también la medida de nuestro progreso.

«Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos». No basta pues, decir: ¡Señor, Señor!, para ser admitido en el reino de los cielos; es necesario hacer la voluntad de nuestro Padre que está en los cielos. «El que mantiene unida su voluntad a la de Dios, vive y se salva: el que de ella se aparta muere y se pierde». «Si quieres ser perfecto, ve, vende cuanto tienes, ven y sígueme». Es decir, haz mejor la voluntad de Dios, añade a la observancia de los preceptos la de los consejos.

Si quieres subir hasta la cumbre de la perfección, cumple la voluntad de Dios cada día más y mejor. Te irás elevando a medida que tu obediencia venga la ser más universal en su objetivo, más exacta en su ejecución, más sobrenatural en sus motivos, más perfecta en las disposiciones de tu voluntad. Consulta los libros santos, pregunta a la vida y a la doctrina de nuestro Señor y verás que no se pide sino la fe que se afirma con las obras, el amor que guarda fielmente la palabra de Dios. Seremos perfectos en la medida que hagamos la voluntad de Dios.

Este punto es de tal importancia que nos ha parecido conveniente apoyarlo con algunas citas autorizadas.

«Toda la pretensión de quien comienza oración-y no se olvide esto, que importa mucho-, ha de ser trabajar y determinarse y disponerse con cuantas diligencias puedan hacer que su voluntad se conforme con la de Dios; y, como diré después, en esto consiste toda la mayor perfección que se puede alcanzar en el camino espiritual. No penséis que hay aquí más algarabías, ni cosas no sabidas y entendidas, que en esto consiste todo nuestro bien». La conformidad ha de entenderse aquí en su más alto sentido.

«Cada cual -explica San Francisco de Sales- se forja la perfección a su modo: unos la ponen en la austeridad de los vestidos: otros, en la de los manjares, en la limosna, en la frecuencia de los Sacramentos, en la oración, en una no sé qué contemplación pasiva y supereminente: otros, en aquéllas gracias que se llaman dones gratuitos: y se engañan tomando los efectos por la causa, lo accesorio por lo principal. y con frecuencia la sombra por el cuerpo… En cuanto a mi yo no se ni conozco otra perfección sino amar a Dios de todo corazón y al prójimo como a nosotros mismos». Y completa el pensamiento en otra parte, cuando dice que «la devoción (o la perfección) sólo añade al fuego de la caridad la llama que la hace pronta, activa y diligente, no sólo en la guarda de los mandamientos de Dios, sino también en la práctica de los consejos e inspiraciones celestiales» . Así como el amor de Dios es la forma más elevada y más perfecta de la virtud, una sumisión perfecta a la voluntad divina es la expresión más sublime y más pura, la flor más exquisita de este amor… Por otra parte, ¿no es evidente que, no existiendo nada tan bueno y tan perfecto como la voluntad de Dios, se llegará a ser más santo y más virtuoso, cuanto más perfectamente nos conformemos con esta voluntad?

Un discípulo de San Alfonso ha resumido su doctrina diciendo que personas que hacen consistir su santidad en practicar muchas penitencias, comuniones, oraciones vocales, viven evidentemente en la ilusión. Todas estas cosas no son buenas sino en cuanto Dios las quiere, de otra suerte, en vez de aceptarlas las detesta, pues tan sólo sirven de medios para unirnos a la voluntad divina.

Tenemos verdadera satisfacción en repetirlo: toda la perfección, toda la santidad consiste en ejecutar lo que Dios quiere de nosotros; en una palabra, la voluntad divina es regla de toda bondad y de toda virtud; por ser santa lo santifica todo. aun las acciones indiferentes, cuando se ejecutan con el fin de agradar a Dios… Si queremos santificación, debemos aplicarnos únicamente a no seguir jamás nuestra propia voluntad, sino siempre la de Dios porque todos los preceptos y todos los consejos divinos se reducen en sustancia a hacer y a sufrir cuanto Dios quiere y como Dios lo quiere. De ahí que toda la perfección se puede resumir y expresar en estos términos: «Hacer lo que Dios quiere, querer lo que Dios hace».

«Toda nuestra perfección -dice San Alfonso- consiste en el amor de nuestro Dios infinitamente amable; y toda la perfección del amor divino consiste a su vez en la unión de nuestra voluntad con la suya… Si deseamos, pues, agradar y complacer al corazón de Dios, tratemos no sólo de conformarnos en todo a su santa voluntad, sino de unificarnos con ella (si así puedo expresarme), de suerte que de dos voluntades no vengamos a formar sino una sola… Los santos jamás se han propuesto otro objeto sino hacer la voluntad de Dios, persuadidos de que en esto consiste toda la perfección de un alma. El Señor llama a David hombre según su corazón, porque este gran rey estaba siempre dispuesto a seguir la voluntad divina; y Maria, la divina Madre, no ha sido la más perfecta entre todos los santos, sino por haber estado de continuo más perfectamente unida a la voluntad de Dios.» Y el Dios de sus amores, Jesús, el Santo por excelencia, el modelo de toda perfección, ¿ha sido jamás otra cosa que el amor y la obediencia personificados?… Por la abnegación que profesa a su Padre y a las almas, sustituye a los holocaustos estériles y se hace la Víctima universal. La voluntad de su Padre le conducirá por toda suerte de sufrimientos y humillaciones, hasta la muerte y muerte de cruz. Jesús lo sabe; pero precisamente para esto bajó del cielo, para cumplir esa voluntad, que a trueque de crucificarle, se convertiría en fuente de vida. Desde su entrada en el mundo declara al Padre que ha puesto su voluntad en medio de su corazón para amarla, y en sus manos para ejecutarla fielmente. Esta amorosa obediencia será su alimento, resumirá su vida oculta, inspirará su vida pública hasta el punto de poder decir: «Yo hago siempre lo que agrada a mi Padre»; y en el momento de la muerte lanzará bien alto su triunfante «Consummatum est»: Padre mío, os he amado hasta el último límite, he terminado mi obra de la Redención, porque he hecho vuestra voluntad, sin omitir un solo ápice.

«Uniformar nuestra voluntad con la de Dios, he ahí la cumbre de la perfección -dice San Alfonso-, a eso debemos aspirar de continuo, ése debe ser el fin de nuestras obras, de todos nuestros deseos, de todas nuestras meditaciones, de nuestros ruegos.» A ejemplo de nuestro amado Jesús, no veamos sino la voluntad de su Padre en todas las cosas; que nuestra única ocupación sea cumplirla con fidelidad siempre creciente e infatigable generosidad y por motivos totalmente sobrenaturales. Este es el medio de seguir a Nuestro Señor a grandes pasos y subir junto a El en la gloria. «Un día fue conducida al cielo en visión la Beata Estefanía Soncino, dominica, donde vio cómo muchos que ella había conocido en vida estaban levantados a la misma jerarquía de los Serafines; y tuvo revelación de que habían sido sublimados a tan alto grado de gloria por la perfecta unión de voluntad con que anduvieron unidos a la de Dios acá en la tierra.»

Mensaje de nuestra Madre,
Santa María del Espiritu Santo

2 de febrero de 2000, a las 17,45 hs. mensaje Nro. 64
CAPILLA DE SAN FRANCISCO

(La Virgen no vino vestida como siempre. Esta vez apareció vestida con un pequeño velo blanco sobre su cabeza que le llegaba hasta debajo de los hombros, su túnica era blanca y llevaba un cinturón dorado, y sobre los hombros llevaba un manto muy largo que era como de oro. Estaba parada sobre una nube y, por encima de su cabeza la aureola la formaba un arco iris muy luminoso que destellaba, largaba unas chispitas blancas y brillantes, y lo mismo hacia desde su corazón ; estaba tan luminosa y radiante que su luz lo cubría todo, y por detrás de Ella salían rayos dorados como si fueran rayos
de sol. Estaba muy hermosa y feliz. Sonreía mucho y dijo :

” Bendigo a todos y os amo . Jamás dejéis de orar el Rosario y de alabar a Nuestro Señor Jesucristo” .

Dios mio!!! ¡qué mensaje tan profundo y bello y que fácil de ponerlo en práctica!

Nos bendice y ama a todos por igual, sin excluir a nadie, no dice a este si y a este no, dice a todos.

Luego, continúa: “Jamás dejéis de orar el Rosario…”

Porque será que insiste con el Rosario? ¿Qué es el Rosario?
y claro, según los pensamientos de San Juan Bosco, Santo Domingo y tantísimos Santos, como así también nuestro muy amado Juan Pablo II ó el P. Luis Rivera, en su librito bellísimo de “Rezad el Rosario” nos dan la pista de lo significa el Rosario y así comprender porque Santa María nos aconseja la devoción a esta oración tan completa.

El Rosario no es un invento del hombre, sino que nos ha venido del cielo para el bien de las almas y a través de Santo Domingo allá por el siglo XIII.

Es el arma más poderosa que vencerá a todos los enemigos de nuestra Santa Fé.

En el ROSARIO puede leer un ciego, cuyos ojos están cerrados a la luz del día, pero abiertos a los misterios de la Fé.

En el ROSARIO puede leer el ignorante que no aprendió las letras humanas, pero que bien puede penetrar los misterios divinos.

En el ROSARIO puede leer el enfermo, a quien la enfermedad tiene clavado en su lecho, imposibilitado de trabajar, pero a quien no impide que pueda elevar a la Reina de los Cielos sus fervientes plegarias.

El ROSARIO es un libro que se puede leer de día y de noche, en plena luz o a oscuras, de rodillas o de pie, sentado o caminando……

El ROSARIO es el libro que debéis consultar en vuestras dudas, es el recetario al cual debéis acudir en vuestras enfermedades espirituales, es una carta que debéis estudiar a menudo, para que en las peligrosas travesías de la vida no deis contra algún escollo.

El ROSARIO es un álbum precioso cuyas hojas están impregnadas de perfumes celestiales, como los pétalos de la rosa…..

El ROSARIO es un volúmen de Cánticos Sagrados en cuyas páginas se entonan las glorias de María.

El ROSARIO es una biblioteca en cuyos tomos se lee, se estudia, se medita, se ilustra uno para estar instruído y versado en las ciencias celestiales.

Si queréis que la paz reine en vuestros hogares, en vuestros corazones, y en vuestra patria, rezad en familia el SANTO ROSARIO.

Es la oración más bella, más rica en gracias, y la más agradable a la Santísima Virgen.

Cada cadena del ROSARIO es como un golpe de la obra bendita y milagrosa que hace brotar el agua de la gracia de la piedra viva que es Cristo.

En el ROSARIO se encuentran los atractivos mas dulces, más eficaces para poder unirse con Dios.

El ROSARIO tiene una eficacia irresistible: las deficiencias de la oración vocal, la suple la meditación de los misterios y viceversa.

El valor insuperable del ROSARIO tiene el siguiente secreto: quien medita sus misterios es imposible que no se mejore y no se enmiende de sus faltas.

El ROSARIO es la cadena de oro que nos ata indisolublemente a la Santísima Virgen.

El ROSARIO es el árbol de la vida que resucita a los muertos, sana a los enfermos y conserva a los sanos.

Así como la respiración es señal de vida, así también rezar frecuentemente el SANTO ROSARIO es señal o de que se vive en gracia de Dios o que pronto se recobrará, porque este poderoso nombre e invocación de Maria, tiene la virtud de alcanzar el favor de Dios.

Alabanzas del Rosario

El Rosario es la salvación de los fieles. – Clemente VIII

El Rosario aplaca la justa indignacóon de Dios. – Gregorio XIV

Entre las devociones aprobadas por la Iglesia ninguna más dulce ni más eficaz que el Santísimo Rosario. – San Antonio María Claret.

Con el Rosario, los enfermos recobrarán la salud o no morirán sin los sacramentos. – San Francisco Javier.

El Rosario, es la reina de las devociones. – Beato Alano

El Rosario es el modo de orar que cede en mayor honra de Dios. – Sixto V

Por el Rosario, los fieles empezaron a enfervorizarse en la oración. – San Pío V

El Rosario es una parte y forma de oración, bellísima acomodada a nuestros tiempos, fácil de practicar y muy fructuosa . – León XIII.

¡Cuántos por el Rosario han salido del pecado!
¡Cuántos han llegado a la santidad!
¡Cuantos han conseguido con una muerte dichosa, la salvación eterna! – San Alfonso de Ligorio.

Los Romanos Pontífices nunca han omitido una ocasión para ensalzar con grandes alabanzas el Rosario, – Benedicto XVI

Juan XXIII, escribió una Encíclica sobre el Rosario, recomendando su rezo. Aseguró que el mismo rezaba las tres partes cada día.

Pablo VI afirma que esta hermosa devoción aviva la Fé cristiana con el recuerdo de los sacrosantos misterios de Cristo y de su Madre.

Leyendo sobre el Rosario encontré este texto del P. Luis Ribera que me pareció importante darlo a conocer y dice así:

“La Carta del Rosario”

El Rosario es como una carta que dirigimos a nuestra Patria del Cielo desde el destierro de esta miserable tierra.

El Padre Nuestro que rezamos contiene lo que pedimos en la carta. En ella pedimos que Dios sea alabado y bendecido que nos dé su gracia en este mundo y después la vida eterna; que sepamos hacer lo que Dios quiere de nosotros tal como se hace en el Cielo.

Pedimos también el alimento de cada día, vestidos con que cubrirnos, vivienda donde habitar, trabajo con que ganarnos honradamente la vida.

Además pedimos que Dios perdone nuestros pecados; que no nos deje caer en las tentaciones, con que nos asaltan el mundo, el demonio y nuestras propias pasiones; que nos libre de todos los males, del hambre, guerra y demás.

En el Ave María acudimos a una recomendación o aval, para que Dios escuche nuestras plegarias.

A este fin acudimos a la Virgen Santísima, que es la Madre del mismo Dios y al mismo tiempo Madre nuestra. Ella intercede, ruega por nosotros.

¡Que confianza tan grande hemos de tener de ser escuchados!

El Gloria Patri es como el sobrecito, en el cual ponemos la dirección. La carta va dirigida a Dios, a la Santísima Trinidad de la cual hemos de recibir todos los bienes y sobre todo, el mayor de todos los bienes, que es la eterna salvación de nuestras almas.

Dios no se cansa de leer nuestras cartas; escribamos con frecuencia al Cielo y no nos cansemos nosotros de enviar allá la carta del santo Rosario

Hagamos buena letra, o sea, recemos con atención y fervor, y seremos escuchados.

Evitemos las prisas y distracciones voluntarias.

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