Durante su visita a Fulda, Alemania, realizada en Noviembre de 1980, Su Santidad Juan Pablo II concedió una entrevista a los periodistas de la Revista “Stimme des Glaubens”. En el curso de la misma fue interrogado, entre otras cosas, de la siguiente manera:
Periodista: “Santo Padre, ¿cuál es su opinión sobre la COMUNIÓN EN LA MANO?
Juan Pablo II: “Hay una carta Apostólica sobre la existencia de un permiso especial válido para ésto. PERO YO LE DIGO A USTED QUE NO ESTOY A FAVOR DE ESTA PRÁCTICA, NI TAMPOCO LA RECOMIENDO.
El permiso fue otorgado debido a la insistencia de algunos Obispos diocesanos”.

Esta nota trata de contestar más o menos brevemente algunas de las objeciones que se escuchan por la calle – y en algunas Parroquias – al hablar de la COMUNIÓN EN LA MANO, viniendo de personas que no están bien informadas. Habrá quienes a su poca información han añadido opiniones personales poco objetivas, interesadas, que encubren – más o menos inconscientemente – cierta soberbia. Estos y los que radicalmente aceptan por bueno todo lo que hace la mayoría… probablemente no comprendan nada.

Se objeta frecuentemente:

1.- “Jesús dio en el Cenáculo la Comunión en la mano a los Apóstoles”Eso no lo dice el Evangelio. Es sólo una suposición. Las únicas manos que aparecen como protagonistas en el relato evangélico son las “santas y venerables” de Jesús. Pero aún cuando así fuere, lo que no carece de lógica, los Apóstoles estaban siendo ordenados Sacerdotes, o mejor, Obispos, del Nuevo Rito del Nuevo Testamento. Ellos podían; los simples fieles no pueden, pues no tienen el Sacerdocio ministerial ni han recibido ningún grado del Sacramento del Orden. Y como dice Santo Tomás: “A ningún otro, sino al Sacerdote, le es lícito tocarlo”.

2.- “Lo ha aprobado la Iglesia”Eso es media verdad. Para empezar, debemos recordar que la mayoría de los Obispos del mundo estaba en contra de esta práctica. Consultados por orden del Santo Padre acerca de tres cuestiones, estas son las respuestas:
“a.- ¿Se ha de acoger el deseo de que, además del modo tradicional, se permita también el rito de recibir la Sagrada Comunión en la mano?
Respuestas: Placet (Sí) 567 votos, Non placet (No) 1.233 votos
b.- ¿Place que se hagan experimentos de este nuevo rito en pequeñas comunidades, con el consentimiento del Ordinario del lugar?
Respuestas: Placet (Sí) 751 votos, Non placet (No) 1.215 votos
c.- ¿Piensa que los fieles, después de una preparación catequética bien ordenada, han de recibir de buen grado este rito?
Respuestas: Placet (Sí) 835 votos, Non placet (No) 1.185 votos
Por las respuestas dadas se ve que la mayor parte de los Obispos estiman que no se debe cambiar la disciplina vigente; más aún, que el cambio sería dañoso, tanto para el sentimiento como para el culto espiritual de los mismos Obispos y de muchos fieles.”
(Estos datos son TEXTUALES DE LA INSTRUCCIÓN “MEMORIALE DOMINI” del 29 de Mayo de 1969.)
Además, la aprobación eclesiástica se concede sólo a las Conferencias Episcopales que lo solicitan; y, aún así, cada Obispo en su Diócesis tiene Autoridad para aprobar o no este rito. Hay, por tanto, países y Diócesis en las que el rito de Comulgar en la mano está prohibido. Argentina es uno de estos.

3.- “No es más santa la lengua que la mano”Efectivamente, la Santidad no depende de la Anatomía; no está en los miembros del cuerpo sino en el recto uso que hagamos de ellos según la Voluntad de Dios. Nuestros cuerpos no nos pertenecen; son Templos de Dios: “Glorificad a Dios con vuestro cuerpo” (I Cor. 6,13-20), nos dice S. Pablo. Tenemos distintos miembros y sentidos, con distintas funciones. Las manos son los elementos de posesión que más nos relacionan con el medio. De ahí que en múltiples expresiones nos refiramos a ellas: “manos a la obra” “échale una mano”, “daos la mano”, “llegar a las manos”, “todo pasa por sus manos”… Las manos parecen estar al final del camino de los sentidos. A muchos de los que visitan una exposición les gusta ver y… tocar. El tacto encierra un sentido de cierto dominio sobre lo tocado; por eso no está bien tocar lo que a uno no le pertenece, tocarlo todo. El deportista que con su esfuerzo ha logrado vencer en una prueba puede acariciar con sus manos, satisfecho el trofeo que se ha merecido. En la Comunión Cristo viene a nosotros, pero… “no somos dignos”, recitamos antes de Comulgar. No recibimos un trofeo humano, material. No es que yo merezca la Eucaristía, como podría pensar aquel fariseo cumplidor que oraba de pie en el Templo. La Sagrada Eucaristía es un Regalo del Padre que sobrepasa infinitamente mis merecimientos, y que yo debo recibir con humildad y acción de gracias. No es Algo que yo deba estrechar en mis manos pecadoras, sino en mi pecho, en mi corazón contrito, amoroso, confiado. Sto. Tomás, incrédulo y desconfiado, quería ver y tocar las llagas de Cristo resucitado, pero fue reprendido por Jesús. Además está la cuestión de la dignidad; al sacerdote se le ungen las manos; son manos sagradas. El mismo es algo sagrado, segregado de la comunidad para el servicio divino (Heb. 5,1). Las manos del fiel son profanas, mundanas… Seamos humildes: cada uno desde su puesto, procuremos dar la mayor gloria a Dios.

4.- “No es una práctica nueva”Pero sí superada y desechada por la Iglesia, que guiada por el Espíritu Santo camina hacia su perfección. La Comunión en la mano es hoy un anacronismo; con un agravante: cuando se utilizaba esta práctica no se comprendía con tanta profundidad el Misterio Eucarístico.

5.- “Para los antiguos Cristianos, Comulgar en la mano no significaba menos respeto que comulgar en la boca”La comparación no es válida, pues los Cristianos a que se refieren sólo conocían el primer modo. Sin embargo los Santos Padres pedían a los fieles que se acercaran a comulgar “con temor y temblor” (Cfr. S. Juan Crisóstomo, S. Jerónimo, S. Agustín…). Y se respira en ellos un clima de respeto y un sentimiento de indignidad, que están pidiendo a gritos la llegada del rito de la Comunión en la boca.

6.- “En la mano es un gesto más natural” Puede parecerlo. Pero en la Sagrada Eucarística no hay nada natural. Todo es sobrenatural. No es pan y vino lo que tomamos. Es el Cuerpo y la Sangre de Cristo.

7.- “Es más higiénico Comulgar en la mano” Este temor de algunos nos recuerda el de los Apóstoles cuando en la barca agitada por el temporal, despiertan asustados a Cristo, que parece dormido. Él les dice: “¿Por qué teméis, hombres de poca Fe?” (Mt 8,26). Debíamos pensar: ¿Acaso el Cuerpo de Cristo, cuyo manto curó a la hemorroísa, va a ser causa de enfermedades?. Realmente es un argumento que denota poca Fe. San Hipólito decía: “Cada fiel procure tomar la Eucaristía… pues si es fiel en tomarla, aunque se le dé veneno mortal, no tendrá el veneno poder sobre él” ¿Que el Sacerdote mete a veces los dedos en la boca del comulgante? Puede ser; pero hay una solución: que ni el ministro ni el fiel tengan prisa en el acto más grande de nuestra Religión. Y una vez más lo decimos: No es cuestión de higiene sino de dignidad.

8.- “En caso de aglomeración de fieles, cualquiera puede dar la Comunión, para que la Ceremonia no se alargue”Es una tentación. Recordemos de nuevo que Cristo no entregó su Cuerpo a las multitudes del Monte de las Bienaventuranzas. Allí ofreció sólo un símbolo eucarístico, y les alimentó con el Pan de su Palabra. Pero su Cuerpo y su Sangre los reservó para un lugar callado, tranquilo, sin prisas, en la intimidad, con el pequeño grupo de Apóstoles escogidos (sólo Judas tenía prisa por consumar su traición).
Pero si a pesar de todo se desea celebrar la Eucaristía en medio de la muchedumbre, hay que organizar bien la Ceremonia o suspenderla. Se debe conseguir un grupo de sacerdotes proporcional al de fieles. Deben ofrecerse a la multitud, con tiempo suficiente, los servicios del Sacramento de la Penitencia. Hay que preparar dignamente el lugar, y organizar con todo detalle el momento solemne de la Comunión para que se cumpla escrupulosamente toda la Liturgia.

9.- “La Ceremonia es más rápida si se Comulga en la mano”Esto no es cierto. La Liturgia, cuando se autoriza la Comunión en la mano, contiene los siguientes requisitos:
1.- El comulgante hace un acto de Adoración.
2.- El Sacerdote observa si la mano del comulgante está limpia.
3.- El comulgante extiende la mano izquierda sobre la derecha.
4.- El Sacerdote muestra la Sagrada Forma diciendo: “El Cuerpo de Cristo”, y espera a que el comulgante responda: “Amén”.
5.- El Sacerdote deposita la Sagrada Forma en la mano del que comulga.
6.- El fiel toma el Santísimo con su mano derecha y lo lleva a la boca.
7.- Consume la Eucaristía delante del Sacerdote.
8.- Tanto el Sacerdote como el fiel han de comprobar que no quedan Partículas Sagradas en la mano.
Pero no es cuestión de rapidez sino de dignidad. A Dios no se le escatima el tiempo

¿COMUNIÓN EN LA MANO Ó EN LA BOCA?

Esta es la decisión que debe tomar el fiel cuando se acerca a recibir la Sagrada Eucaristía. ¿Cuál forma es la mejor? y sobre todo, cual es la que agrada a Jesús. Generalmente se está mal informado en este tema, y es importante tener en claro cual es la legislación vigente dentro de nuestra Iglesia para saber discernir correctamente entre la verdad y los malintencionados que lamentablemente hoy abundan.

Uno de los mejores libros para recomendar sobre este tema es el denominado “COMUNION EN LA MANO” (año 1997) –utilizaremos la abreviatura CM– cuyo autor es Mons. Juan Rodolfo Laise, Obispo de San Luis, QUE PROHIBIÓ LA COMUNIÓN EN LA MANO EN TODA SU DIÓCESIS DE SAN LUIS, ARGENTINA, quién comenta con respecto a esta forma de comulgar: «Conociendo la historia de este rito REINTRODUCIDO CLANDESTI- NAMENTE, DIFUNDIDO EN BASE A EQUÍVOCOS Y CONFIRMADO POR MEDIO DE DESOBEDIENCIAS INQUEBRANTABLES… imponiendo a lo largo de veintisiete años un uso al que el Papa no quería autorizar por considerarlo peligroso para el bien de la Iglesia, hasta que lograron finalmente que se extendiera por casi todo el mundo.» (CM, p.133). Y «el mismo Pablo VI ha tenido que LAMENTAR PÚBLICAMENTE “ciertas formas de actuación en diferentes partes de la Iglesia, que son motivo de no poca preocupación y dolor”. Y prosigue el Papa: “Nos referimos sobre todo a esa mentalidad según la cual muchos reciben con disgusto cuanto proceda de la autoridad eclesiástica, o sea lo que está preceptuado por la ley. Razón por la cual sucede que en materia litúrgica hasta las mismas Conferencias Episcopales alguna vez proceden por su cuenta más de lo justo. Ocurre también que se hacen experimentos arbitrarios y se introducen ritos que repugnan abiertamente a las normas de la Iglesia” (Discurso al Consilium ad exequendam Constitutionem de Sacra Liturgia, 14 de octubre de 1968, A.A.S., 1968, p.735).» (CM, p.119).
Y sin respetar la legislación universal de la Iglesia de comulgar en la boca, el Papa Pablo VI denuncia –en su Instrucción Memoriale Domini (abreviatura MD)– la introducción de la comunión en la mano sin autorización: «Y aún más, en algunas comunidades y lugares se ha practicado este rito, a pesar de no haberse pedido antes la Aprobación de la Sede Apostólica…» (MD, 1274 –numeración del Enchiridion Vaticanum, tomo 3-) (CM, pp.17 y 19).«la introducción de este uso ha sido ILEGAL y ABUSIVA» (CM, p.55) «En realidad el fin de MD no fue instrumentar la adopción de la comunión en la mano sino mantener su prohibición» (CM, p.136). Sin embargo, primitivamente, en los primeros tiempos de la Iglesia se comulgaba en la mano que es «un evidente anacronismo: los antiguos no conocían otro modo de comulgar» (CM, p.69) «pero la comunión en la boca es el modo que hubieran deseado tener». (CM, p.68). «Sin embargo, las prescripciones de la Iglesia y los documentos de los Padres manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la suma prudencia tenidas para con la Sagrada Eucaristía. Porque “nadie… come aquella carne a no ser que previamente la haya adorado”, y al sumirla cada uno es amonestado: “…recíbela cuidando que nada de ella se pierda”: “Porque es el Cuerpo de Cristo”». (MD, 1275) (CM, p.19).

¿Porqué la Iglesia cambió y prefirió la actual forma tradicional
de comulgar en la boca?

«El cambio del uso primitivo y sus razones

1276 …Andando el tiempo, después de que la verdad del misterio eucarístico, su eficacia y la presencia de Cristo en el mismo fueron escrutadas más profundamente, por urgirlo ya el sentido de la reverencia hacia este Santísimo Sacramento, ya el sentido de la humildad con la que es preciso que éste sea recibido, se introdujo la costumbre de que el ministro pusiese por sí mismo la partícula de pan consagrado en la lengua de los que recibían la comunión.
[Hace referencia Mons. Laise al historiador Jungmanns]: «Esta costumbre de entregar la Eucaristía en la mano traía consigo el peligro de abusos… Con todo, más que el temor a los abusos, influyó, sin duda, la creciente reverencia al sacramento a que se diese más tarde la sagrada forma directamente en la boca. Aunque existen noticias de épocas anteriores, testimonios ciertos de la abolición -la comunión en la mano- se dan sólo en el siglo IX…» (CM, p.58)

Motivos para conservar la comunión en la boca

1277 Este modo de distribuir la santa Comunión, considerado el estado actual de la Iglesia en su conjunto, DEBE SER CONSERVADO, no solamente porque se apoya en un uso transmitido por una tradición de muchos siglos, sino, principalmente, porque significa la reverencia de los fieles cristianos hacia la Eucaristía. Ahora bien, este uso no quita nada a la dignidad de la persona de los que se acercan a tan gran Sacramento y es propio de la preparación que se requiere para recibir el Cuerpo del Señor del modo más fructuoso posible…
1278 Por lo demás, con esta manera de obrar, que ya debe considerarse tradicional, se asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, el decoro y la dignidad que le son debidas DE MODO QUE SE APARTE TODO PELIGRO DE PROFANAR LAS ESPECIES EUCARÍSTICAS, en las que “de modo singular está presente todo y entero Cristo, Dios y hombre, de manera substancial y permanente”; y finalmente, para que se guarde con diligencia el cuidado que la Iglesia ha recomendado siempre acerca de los fragmentos mismo del pan consagrado: “Pues lo que dejas caer, considéralo, como amputado de tus propios miembros.”». (MD 1276-1278) (CM, pp.21, 23).

Entonces el mismo Papa Pablo VI PROHIBE LA COMUNIÓN EN LA MANO EL CUAL LO CONSIDERA UN CAMBIO OFENSIVO, luego de hacer una encuesta a todos los Obispos del mundo, que: «Sobre 2.136 votantes sólo el 26,6% votó a favor…» (CM, p.72) de comulgar en la mano. Veamos el texto:

«…EL PAPA DECIDE NO PERMITIR LA COMUNIÓN EN LA MANO…

Advertencia sobre los peligros que conlleva el cambio

1279 Pues, UN CAMBIO EN UN ASUNTO DE TANTA IMPORTANCIA que se apoya en una antiquísima y venerable tradición, además de lo que toca a la disciplina, puede traer consigo también peligros, que se teme que quizá surjan del nuevo modo de administrar la Sagrada Comunión, a saber: el que se llegue ya a una menor reverencia hacia el augusto Sacramento del Altar, ya a la profanación del mismo Sacramento, ya a la adulteración de la recta doctrina…
1280… Consiguientemente, a partir de las respuestas dadas, es evidente que la inmensa mayoría de los obispos estima que de ninguna manera se debe cambiar la disciplina actual; más aún, si se cambiara, este cambio sería ofensivo, tanto para la sensibilidad como para la espiritualidad de estos mismos obispos y de la mayoría de los fieles.

Decisión definitiva del Papa

1281 Así, pues, teniendo en cuenta las advertencias y los consejos de aquellos a quienes “el Espíritu Santo ha puesto como obispos para regir” la Iglesias, en razón de la gravedad del asunto y la fuerza de los argumentos aducidos, AL SUMO PONTÍFICE NO LE PARECE OPORTUNO MUDAR EL MODO HACE MUCHO TIEMPO RECIBIDO DE ADMINISTRAR A LOS FIELES LA SAGRADA COMUNION -“Esto es, en síntesis, lo que la Instrucción Memoriale Domini quiere comunicar, es decir, EL FIN DEL DOCUMENTO”» (CM, p.75) comenta Mons. Laise la ratificación y vigencia en todo su vigor como ley universal dentro de la Iglesia de comulgar en la boca-.
«Parte dispositiva

En consecuencia, la Sede Apostólica exhorta vehementemente a los obispos, sacerdotes y fieles a que se sometan diligentemente (el término original “studiose” significa aclara Mons. Laise con respecto a la traducción de MD,: con aplicación, con cuidado, con diligencia, con ardor, con gusto, con empeño, con amor.) a la ley ya vigente y otra vez confirmada, atendiendo tanto al juicio aportado por la mayor parte del Episcopado católico, como a la forma que utiliza el rito actual de la sagrada liturgia como finalmente, al bien común de la misma Iglesia.”» (MD 1279-1281), (CM pp.23, 25, 27).
Pero, el daño ya estaba hecho, la comunión en la mano se había difundido, a pesar de los intentos del Papa por evitarlo, por eso, «la Carta enviada por el Consilium en nombre del Papa a todos los obispos junto con la ficha de votación decía: «”En los países y en las regiones donde la nueva práctica de poner la partícula en la mano se ha introducido parece cada vez más difícil, si no directamente imposible, impedirla”. El mismo Pablo VI, en el apunte autógrafo en el que propuso el esquema de MD, dice: “ha de tenerse presente que el uso o el abuso de la distribución de la sagrada comunión [en la mano] está ya ampliamente difundido en algunos países y que los obispos [por ejemplo el Cardenal Suenens, etc.] no cree posible reprimirlo.

También el Cardenal Gut, el Prefecto de la Congregación del Culto Divino que firmó MD, en una entrevista publicada el 20 de julio de 1969, da testimonio de aquellos tiempos difíciles: “Hasta el presente se había permitido a los obispos autorizar experiencias, pero con frecuencia se han franqueado los límites de esta autorización y muchos sacerdotes han simplemente hecho lo que han querido. En ese caso, lo que ha ocurrido algunas veces es que ellos se han impuesto. Estas iniciativas, tomadas sin autorización, con frecuencia no podían ser detenidas porque se habían expandido demasiado lejos. Con su gran bondad y prudencia, el Santo Padre ha con frecuencia cedido, y muchas veces lo ha hecho contra su voluntad.”» (CM, pp.78-79).

Y es así que el Papa concede la posibilidad del INDULTO para las situaciones irregulares, que obviamente no significa cambiar la comunión en la boca por recibirla en la mano:

«Actitud ante las situaciones irregulares

1282 Pero si en alguna parte el uso contrario, es decir, el de poner la Santa Comunión en las manos, hubiera arraigado ya, la misma Sede Apostólica, con el fin de ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir su oficio pastoral, con frecuencia más difícil que nunca por la situación actual, confía a estas mismas conferencias la carga y el oficio de sopesar las circunstancias peculiares, si las hay, con la condición, sin embargo, tanto de prevenir todo peligro de que penetren en los espíritus la falta de reverencia o falsas opiniones sobre la Santísima Eucaristía, como también que se quiten con todo cuidado otros inconvenientes
Procedimiento para obtener el indulto

1283 En adelante en estos casos determinados, para ordenar rectamente tal uso, las Conferencias Episcopales, previo un prudente examen, tomarán oportunamente deliberaciones que deberán obtener en votación secreta dos tercios de los votos; deliberaciones que luego han de ser presentadas a la Santa Sede, para su necesaria confirmación, remitiendo aneja una exposición precisa de los motivos que han llevado a hacerlas. La Santa Sede ponderará cuidadosamente cada caso en particular, sin olvidar aquella conjunción que se da entre las varias Iglesias locales entre sí o la de cada una con la Iglesia universal, para promover así el bien común y la común edificación, y para el aumento de la fe y de la piedad, que brota del ejemplo mutuo.”» (CM, pp.27, 29).

¿Por qué el Papa concede el indulto si sabe las consecuencias?

Con el indulto no se busca derogar la comunión en la boca. «No se concede un bien sino algo de suyo MUCHO MÁS IMPERFECTO comunión en la mano que la ley general en vigor comunión en la boca. Esta concesión se debe a la decisión prudencial de TOLERAR un uso peligroso para evitar un mal mayor (la desobediencia generalizada)» (CM, p.126). «Es más, la solución deseada hubiera sido cerrar la puerta a toda concesión pero se la adoptó temiendo “una reacción violenta en algunas zonas y una desobediencia más difundida donde el uso ya esté introducido” » (CM, p.134) A pesar que aquella solución hubiera tenido «el apoyo de la mayoría absoluta, evitaría las consecuencias negativas, temidas a causa del uso de la comunión en la mano y tendría el apoyo de amplia parte del clero y de los fieles» (CM, p.114). Considerando todo esto el indulto fue aceptado pero «cuya concesión fue fruto de la política del “hecho consumado”» (CM, p.137). Y el 2 de octubre de 1968 hubo una reunión de los secretarios de los dicasterios involucrados y la situación, con respecto a la comunión en la mano, es que «el uso está ya introducido y es difícil impedirlo, sin embargo parece preferible regularlo; no toca el dogma sino sólo la disciplina. Los peligros: coexistencia de dos modos de distribuir la comunión, debilitamiento del culto hacia la Eucaristía, peligro de profanaciones, ceder a una imposición venida de abajo.» (CM, p.102).

Conclusión: «la comunión en la mano se introdujo sin autorización. Pablo VI se opuso tenazmente a permitirla pero decidió otorgar un indulto sólo donde el uso estaba ya arraigado y esto con el propósito de “ayudar a las Conferencias Episcopales a cumplir su oficio pastoral, con frecuencia más difícil que nunca a causa de la situación actual”» (CM, p.118).

Con respecto a la introducción de la comunión en nuestro país por parte la Conferencia Episcopal Argentina, es de comentar su documento Fundamentos presentados en la Asamblea Plenaria de abril de 1996 en San Miguel, AICADOC 373, Suplemento del Boletín Informativo AICA n 2068 del 7 de agosto de 1996, p. 241 y también el denominado “El Pan Vivo”; esta es la reflexión final de Mons. Laise refutando las razones sin razón de aquellos responsables de la introducción de este rito en nuestro país: «Si la introducción de la comunión en la mano es “sin duda un signo de crecimiento de la vida eclesial” -“El Pan Vivo”, p.5-, si “es motivo de alegría retomar esta genuina tradición” Ibid. p.16 o si “no se puede afirmar o priorizar que un modo sea mejor que otro” Ibid. p.18 no se entiende por qué en 1968 a Pablo VI “no le ha parecido oportuno mudar el modo hace mucho tiempo recibido de dar la comunión” y exhortó vehementemente a someterse a esta disposición; y mucho menos se entiende porqué en 1996 Juan Pablo II mantiene como norma dichas disposiciones. Si las afirmaciones de “El Pan Vivo” y los Fundamentos son ciertos, entonces Pablo VI se equivocó gravemente al no “redescubrir” las riquezas de ese rito. Es más, la prohibición estricta del s. X, que se mantuvo casi un milenio, fue un error pues pretendió erradicar para siempre algo valioso que recién ahora podemos “redescubrir”, y esto sólo gracias a un indulto.

La respuesta es que la nueva praxis no ha sido querida por la Santa Sede, ni es parte de la reforma litúrgica posconciliar sino sólo ha sido permitida por la tenaz insistencia de algunas Conferencias Episcopales (sobre todo de países protestantes); y esto sólo después de una introducción totalmente abusiva, a la cual no fue posible resistir, a pesar de la quejas y prohibiciones de Roma.» (CM, p.135).

¿Se pudo haber utilizado la mentira
para introducir la comunión en la mano en Argentina?

«Pero en “El Pan Vivo” la confusión llega a su punto culminante: “A fines de 1968, la Santa Sede hizo una consulta a los obispos de mundo acerca del tema de la comunión en la mano. Más de un tercio veía la posibilidad con buenos ojos. En 1969 la Instrucción Memoriale Domini estableció que, donde lo creyeran conveniente las Conferencias Episcopales, por más de dos tercios de votos de sus Obispos, se podía dejar a los fieles la libertad de recibir la comunión en la mano” (p.16). Decir que “más de un tercio veía la posibilidad con buenos ojos”, cuando MD dice “a partir de las respuestas dadas, es evidente que la inmensa mayoría de los obispos estima que de ninguna manera se debe cambiar la disciplina actual”, ES DESVIRTUAR la realidad histórica y el pensamiento de Pablo VI; pero afirmar que “la Instrucción Memoriale Domini estableció que, donde lo creyeran conveniente las Conferencias Episcopales, por más de dos tercios de votos de sus Obispos, se podía dejar a los fieles la libertad de recibir la comunión en la mano”, ES FALTAR A LA VERDAD; lo que la MD estableció es que la ley que determinaba que la comunión debía darse solamente en la boca del fiel continuaba vigente y sin cambios. Concedió, es cierto, un indulto, pero no “donde lo creyeran conveniente la Conferencias Episcopales” sino donde el uso “hubiera arraigado ya”, poniendo serias condiciones. (MD 1282-1283).» (CM, pp.7374), o sea, además pidieron el indulto para nuestro país, donde la comunión en la mano NO HABÍA ARRAIGADO, y así lograron introducirla con estos “manejos”, faltando a la verdad y fuera de la legislación vigente. A ésto hay que agregarle otra mentira más pues hay varios malos eclesiásticos que dicen que comulgar de rodillas y en la boca está prohibido, cuando S.S. Juan Pablo II legisló al respecto en la Instrucción Inaestimabile Donum, punto 11, “Por lo que se refiere al modo de acercarse a la comunión, ésta puede recibirse por los fieles, BIEN SEA DE RODILLAS, BIEN DE PIE…”
PARA TENER EN CUENTA

«”Se asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con… la dignidad», etc. Aquí también hay que recordar las palabras del [MD 1273]: “mucho le importa que la Eucaristía sea celebrada… del modo más digno posible”; este modo más digno posible es, según lo que se dice aquí, la comunión en la boca.
“para que se guarde con diligencia…”. Notemos que la MD presenta aquí el tan citado texto de San Cirilo sólo para ilustrar el extremo cuidado que tenía la Iglesia primitiva aún con los más pequeños fragmentos del pan consagrado (“…recíbela cuidando que nada de ella se pierda”) y las cita entre otros testimonios que “manifiestan con abundancia la máxima reverencia y la suma prudencia tenidas para con la Sagrada Eucaristía”. Esto es más evidente aún en las palabras que siguen en el texto de San Cirilo: “Porque dime: si alguno te diese unas limaduras de oro ¿no las guardarías con toda diligencia procurando no perder nada de ellas? ¿No procurarás, pues, con mucha más diligencia que no se te caiga ninguna migaja de lo que es más precioso que el oro y las piedras preciosas?”). Más aún, la instrucción lo cita afirmando claramente que este cuidado deseado por San Cirilo, se ve mucho más eficazmente garantizado por la comunión en la boca, pues ésta “asegura más eficazmente que la Sagrada Comunión sea distribuida con la reverencia, el decoro y la dignidad que le son debidas de modo QUE SE APARTE TODO PELIGRO DE PROFANAR LAS ESPECIES EUCARÍSTICAS… y para que se guarde con diligencia el cuidado que la Iglesia ha recomendado siempre acerca de los fragmentos mismos del pan consagrado”.

AL DECIR “TODO PELIGRO DE PROFANAR” SE REFIERE TAMBIÉN A LOS SACRILEGIOS MATERIALES QUE SE PRODUCIRÍAN CON LA CAÍDA DE LAS FORMAS O DE LOS FRAGMENTOS. Los testimonios antiguos en este sentido son múltiples. Tertuliano, por ejemplo, dice: “cuidamos escrupulosamente que algo del cáliz o del pan pueda caer a tierra” (De corona, 3 PL 2, 99); San Hipólito recomienda “cada uno esté atento… que ningún fragmento caiga y se pierda, porque es el Cuerpo de Cristo que debe ser comido por los fieles y no despreciado” (Trad. Ap. 32.); San Efrén: “comed este pan y no piséis sus migas… una partícula de sus migas puede santificar a miles de miles y es suficiente para dar vida a todos los que la comen” (Serm. in hebd. s., 4, 4); y Orígenes: “Con qué precaución y veneración, cuando recibís el Cuerpo del Señor lo conserváis, de manera que no caiga nada o se pierda algo del don consagrado. Os consideraríais justamente culpables si cayese algo en tierra por negligencia vuestra” (In Exod. Hom., hom. XIII, 3, Migne, PG 12, 391.); el mismo Pablo VI comenta así este último texto: «”Consta que los fieles creían y con razón, QUE PECABAN, como recuerda Orígenes, si, habiendo recibido el cuerpo del Señor, y conservándolo con todo cuidado y veneración, algún fragmento caía por negligencia” (Mysterium Fidei, 32).

Alguno podría, con todo, preguntarse qué debe entenderse aquí por “fragmentos”; ante dudas planteadas en este sentido, la Congregación para la Doctrina de la Fe ha respondido con claridad: “Después de la sagrada comunión, no sólo las hostias que quedan y las partículas de hostia que se han desprendido de ellas y que conservan el aspecto exterior del pan deben ser conservadas o consumidas respetuosamente, a causa del respeto debido a la presencia eucarística de Cristo, sino que también para los otros fragmentos de hostia se debe observar lo prescrito sobre la purificación de la patena y el cáliz en la Normas Generales del Misal Romano…” (Declaración De Particulis et fragmentis hostiarum reverenter conservandis vel sumendis, 2 de mayo de 1972).» (CM, pp.66-68).

«LA COMUNION EN LA MANO NO NOS ACERCA A LAS FUENTES DE LA IGLESIA PRIMITIVA SINO AL PROTESTANTISMO Y A MUCHAS DESVIACIONES DOCTRINALES ACTUALES» (CM, p.128) Veamos un ejemplo “Debe tenerse en cuenta además que el uso de la comunión en la mano NO SÓLO HA SIDO ABANDONADO, SINO QUE FUE PROHIBIDO EXPRESAMENTE (“No se debe entregar la Eucaristía en manos de ningún laico, hombre o mujer, sino solamente en la boca”, Sínodo de Ruán (878); testimonios similares se hallan en Reginon de Prüm. De eccless. disciplinis, I 199, VII, y el Ordo Romanus (s. X-XI).). “Este modo de distribuir la Santa Comunión… debe ser conservado”. (MD 1277)… sobre todo porque este gesto litúrgico “significa la reverencia de los fieles cristianos hacia la Eucaristía. Nótese la fuerza de esta expresión usada después de decir que la Iglesia “atestigua a través del rito mismo la fe y la adoración dirigidas a Cristo” (MD 1273). Este significado de reverencia era tan notorio que reformadores protestantes como Martín Bucero, asesor de la reforma anglicana, se esforzaron en cambiar el uso e introdujeron la comunión en la mano para que sus fieles no pensaran que Cristo estaba presente bajo la forma de pan: “No hay dudas de que el uso de no poner estos sacramentos en la mano de los fieles se debe a dos supersticiones: en primer lugar, el honor falso que pretenden tributar a este sacramento y en segundo lugar, la perversa arrogancia de los sacerdotes que presumen tener mayor santidad que el Pueblo de Cristo, a causa del crisma de la consagración.

Indudablemente el Señor dio sus símbolos sagrados obsérvese como no creen en la presencia real de Cristo en la Eucaristía… llaman a la Hostia consagrada, símbolo a los apóstoles en la mano y nadie que haya leído los escritos de los antiguos puede dudar de que éste era el uso de las iglesias hasta el advenimiento de la tiranía del Anticristo Romano para los protestantes el Anticristo es el Papa.

Y dado que debe detestarse toda superstición del Anticristo Romano y retomarse la simplicidad de Cristo, de los apóstoles y de las antiguas iglesias, quiero que se mande a los pastores y maestros del pueblo que cada uno enseñe que es supersticioso y malicioso pensar que las manos de los que realmente creen en Cristo son menos puras que sus bocas, o que las manos de los ministros son más santas que las manos de los laicos, de tal manera que sería malo, o menos correcto -como en otro tiempo creía erradamente el pueblo sencillo- que los laicos recibieran esos sacramentos en la mano. Por lo tanto, quisiera que sean eliminadas las manifestaciones de esta creencia perversa es decir: que los ministros puedan tocar los sacramentos pero no permitan a los laicos hacerlo, poniendo en cambio los sacramentos en su boca -esto no solamente es extraño a lo que fue instituido por el Señor sino también ofensivo a la razón humana-. (justamente afirma lo contrario de Pablo VI, donde dice con respecto a la comunión en la mano que: “ESTE CAMBIO SERÍA OFENSIVO” (MD 1280)).

De este modo las buenas gentes serán fácilmente conducidas a recibir los símbolos sagrados en la mano, se mantendrá la uniformidad y se tomarán precauciones contra toda forma de profanación de los sacramentos.

Y si bien por un tiempo puede hacerse una concesión a aquellos cuya fe es débil dándoles la libertad de recibir los sacramentos en la boca cuando lo deseen, si son cuidadosamente instruidos pronto se pondrán en consonancia con el resto de la Iglesia y tomarán el Sacramento en la mano”: citado por D. Harrison, The First and Second PrayerBooks of Edward VI. London, 1968, p.392. Cf. E.C. Whitaker, Martin Bucer and the book of Common Prayer, London, 1974.”» (CM, pp.61 y 62).

Mons. Laise en su diócesis de San Luis, decidió no acogerse al indulto, por lo tanto, en su territorio diocesano ESTA PROHIBIDO COMULGAR EN LA MANO, pues «la Carta pastoral por la cual se concede el indulto no se da la facultad de aplicarlo a la Conferencia Episcopal para todo su territorio sino a cada obispo para su diócesis. Además, si éste no lo hace, queda vigente la ley universal que prohibe la comunión en la mano. Por lo tanto, cuando en una diócesis no se adopta el indulto, no es el obispo quien prohibe la comunión, sino el Papa.”». (CM, pp.97-98).

EJEMPLOS DE TERRIBLES PROFANACIONES
A CAUSA DE LA COMUNIÓN EN LA MANO

Extractamos a continuación unos testimonios publicados por el Padre Enrico Zoffoli en su libro: «La Comunión en la mano, El verdadero pensamiento de la Iglesia según la verdadera historia del nuevo rito». Allí analiza a la luz de los hechos acaecidos en Italia después de la aprobación de esta forma de comulgar, mostrando los dolorosos errores en los que se cae con esta práctica, que a pesar de ser opcional, intenta imponerse, según su punto de vista, a todos por la presión ejercida a través de ciertos sacerdotes y movimientos, especialmente el Camino Neocatecumenal.
Las profanaciones de la Eucaristía llevada a los hogares durante las persecusiones en España, pasada la tempestad, sugirieron a la Jerarquía prescribir a los fieles que consumieran el Santísimo en seguida de haberlo recibido: quien osare violar la norma, sería considerado como sacrílego. Esta es una de las razones principales por las cuales la costumbre de la Comunión en la mano fue desapareciendo en todas partes hasta la abolición definitiva. Y es lo que deben reconocer hasta los más celosos sostenedores de la nueva práctica litúrgica, con la advertencia de Paulo VI en la Instrucción Memoriale Domini, gran importancia por ser la norma actualmente vigente en esta tema; ,: “… con esta forma de actuar –se refiere a dar la Comunión en la boca se evita con mayor eficacia el peligro de la profanación de las especies eucarísticas…”. Por desgracia las mejores intenciones del Papa y el firme propósito de impedir un retorno al pasado no valieron de nada. Las Conferencias Episcopales del Norte de Europa fueron las primeras en pedir y obtener ese funesto retorno, obligando a la Iglesia a repetir las humillantes experiencias de los primeros tiempos. Todo fue precedido por graves abusos, a su vez introducidos por la lenta y tenaz infiltración de la teología y práctica (la Comunión en la mano es una práctica protestante). Es demasiado fácil comprobar que todo, paso a paso, se ha desarrollado en la dirección de una crisis del dogma, en una disminución de la devoción eucarística. No sabemos si la “crisis de la Eucaristía” ha llegado a la fase más aguda; pero no puede negarse que el haber concedido la Comunión en la mano, de hecho responde a una mira preestablecida por los enemigos declarados de la Fe. En 1970 el periódico francés Vers Demain, revelaba el plan masónico, informando que al final era preciso dar el “Pan” en la mano a los comulgantes para llegar a extinguir la Fe, o sea, inducir a los creyentes a pensar que la Eucaristía no es sino un símbolo de la cena y, en definitiva, un símbolo de la común fraternidad mundial.

Pero hay algo igualmente grave a consecuencia de la concesión de Pablo VI. “Se espera toda suerte de abusos”, escribía en ese entonces el Arzobispo A. Bugnini. Desde muchas partes del mundo objetaron los Obispos: “Habría grave peligro de profanaciones”: Los del Continente africano podían informar que “ciertos hechiceros tienen empeño en poseer cosas sagradas”; por lo cual la Comunión en la mano habría favorecido sus manejos supersticiosos. Y precisamente desde el otoño de 1969 los sacrilegios comenzaron:

“En un restaurante, un joven desmenuzó una Hostia con una tijera, para comprobar si sangraba, y desilusionado la arrojó al retrete. El hecho es relatado por el mismo dueño del comercio, de religión protestante y sucedió en Noviembre de 1969, Toggenburg, S. Gallo.”.

“En un Hospital de Alemania del sur, se encontraron, en un baño, tres Hostias, casi en descomposición, robo de un muchacho asignado a la cocina, que las había tomado con la mano. Se hallaron el 22 de diciembre de 1969”.

“En un lavadero público, se encontró una Hostia consagrada en los pantalones de un chico. El mismo niño declaró que la tomó al comulgar en la mano, sucedió el 10 de enero de 1970”. Testimonio dicho por el dueño de la lavandería.

“Cierto grupo de jóvenes estudiantes, tenían un floreciente comercio de venta de Hostias consagradas, que se procuraban fácilmente, desde la introducción de la Comunión en la mano. Las Hostias fueron reunidas y clavadas en la pared, como mariposas de colección, estado en el que se hallaron alrededor de (doscientas)!”. Testimonio: el Deán de la Iglesia.

“Una señora que asistía diariamente a dos Misas, observó a un hombre que asistía también en las dos iglesias a la Santa Misa que ella frecuentaba y comulgaba en la mano, por lo tanto ¡dos veces al día! La señora informó de esto al Vicario General, a quien conocía muy bien. El hombre fue observado por varios días por la policía. Se descubrió su dirección. Un día fue detenido a la salida de su casa. Se le quitó el paquete que llevaba. Contenía un estuche con hostias! Cuando se le preguntó la razón, dio el nombre del destinatario que le garantizaba (cincuenta) francos por cada Hostia!”. Testimonio del un Padre Dominico.

“Como sacerdote, fui obligado a distribuir la Comunión en la mano y ahí observé que de las hostias, hechas de pan común, cayeron a tierra fragmentos del tamaño de una uña del meñique y, que naturalmente, fueron llevados a la calle por los zapatos sucios de los comulgantes… Durante la distribución de la Sagrada Comunión a los muchachos, un alumno arrojó de las manos de otro el Cuerpo del Señor y el sacerdote que distribuía la comunión la pisó encima, hasta que logré rescatar la Hostia Santa de debajo de los zapatos de este señor”. “Durante otra suplencia, cayó a tierra un fragmento considerable de la Hostia Consagrada y se la buscó inútilmente entre las baldosas del piso. Ciertamente se lo habrá llevado el agua, al limpiar el piso”. Testimonio: el Párroco consejero espiritual.

“Me encontraba al lado derecho del altar de S. José. Delante de mí había un señor, cuyo aspecto era notorio. Por eso le observé bien. Cuando el sacerdote había puesto la Hostia en su mano, se marchó. Yo me di vuelta y vi que levantó la Hostia en alto, mirándola por todas partes; luego mordiscó un pedacito y, de improviso, metió la mano en el bolsillo, sacó algo pienso que sería un portamonedas y puso en él la Hostia. También mi hijo, estudiante de medicina en Tubingen, observó el hecho”.

“El 11 de Enero de 1971, pasó frente a mí una señora, después de comulgar en la mano, se sacudió las mismas una con la otra como se hace para dejar caer migas al comer, las personas que venían detrás pisaron esas “migas”. No puedo resignarme al pensamiento de que Dios tenga que estar en el piso de su casa, pisoteado por tanta gente descuidada; pues como lo enseña la Iglesia, en cada fragmento, aún en los más pequeños, se halla Cristo presente, como hombre y como Dios”.

“Un párroco, abrumado por los horrores de la comunión en la mano, cuenta como máxima prueba de el peligro de esta práctica, que un niño habiendo recibido la Hostia Santa la llevó a su casa y… ¡se la dio de comer a su perro!”.


QUERIDOS HERMANOS… ESTO QUE HAN LEIDO RESUME DE ALGUN MODO EL POR QUÈ MARIA SANTISIMA Y EL SEÑOR JESUS PIDEN QUE SE COMULGUE EN LA BOCA…